III.5.

5. Fase de consolidación

La consolidación es un proceso de asentamiento que dura meses y en el que la alimentación, el sueño y el estrés importan tanto para un resultado duradero como el propio preparado del donante.

De la siembra al asentamiento: la biología de la consolidación

Anécdota

En enero de 1995, los biólogos de fauna silvestre liberaron catorce lobos grises en el Parque Nacional de Yellowstone, en Wyoming: los primeros lobos que vivían allí desde que la última manada fue exterminada en 1926. La reintroducción se había debatido durante décadas y los ganaderos la combatieron con fiereza. Lo que vino después se convirtió en uno de los ejemplos más estudiados de cascada trófica en ecología. Los lobos no se limitaron a añadir un depredador al parque. Cambiaron el lugar donde pastaban los uapitíes, que empezaron a evitar los valles y las riberas donde podían ser cazados. La vegetación de esas zonas se recuperó. Los ríos se estabilizaron al volver los árboles de ribera. Las poblaciones de castores aumentaron. La diversidad de aves canoras mejoró. La reintroducción de una sola especie clave había reorganizado un ecosistema entero. El trabajo inicial para que eso ocurriera correspondió a los biólogos. Una vez establecidos los lobos, la ecología hizo el resto. La fase de consolidación del FMT sigue un arco comparable. La comunidad del donante ya se ha introducido. La cuestión ya no es si la colonización es posible, sino si se mantendrán las condiciones para que la comunidad se organice de forma autosostenible. La fibra alimentaria, el sueño, la reducción del estrés y un ritmo diario constante no son complementos del tratamiento en esta etapa. Son las riberas.

La fase de consolidación empieza donde termina la de inducción: la comunidad microbiana del donante se ha introducido en el intestino del receptor con densidad suficiente para desplazar o suprimir a las poblaciones disbióticas dominantes, y la primera turbulencia ecológica de los días iniciales está remitiendo. Lo que sigue no es una recuperación pasiva, sino un proceso activo de integración ecológica que dura meses y que determina si el trasplante producirá un cambio duradero o se irá apagando poco a poco. Entender este proceso —y el papel activo del paciente dentro de él— es el propósito central de este capítulo.

La sucesión ecológica microbiana en el intestino tras el FMT sigue un patrón que los ecólogos reconocen en todos los ecosistemas perturbados: las especies pioneras se establecen primero y modifican el entorno de un modo que favorece o excluye a los colonizadores posteriores; se forman y compiten comunidades intermedias; y a lo largo de semanas o meses emerge una comunidad clímax más estable y metabólicamente integrada que el conjunto pionero inicial [55], [34]. En el contexto del FMT, la fase de inducción siembra la comunidad pionera. La fase de consolidación es donde tiene lugar la sucesión de intermedia a clímax. El resultado de esa sucesión —la composición final y la capacidad funcional de la comunidad estabilizada— está influido no solo por el preparado del donante, sino por el entorno que aporta el receptor: alimentación, sueño, actividad física, estrés, perfil de medicación y los patrones de conducta descritos en el resto de esta guía.

La duración mínima de transferencia en consolidación de 60 días en las afecciones no CDI y de 30 días en la CDI (establecida en el capítulo II.1) no es el final del proceso ecológico: es la ventana mínima de transferencia respaldada que mejora sustancialmente la probabilidad de un injerto duradero. Más allá de ese mínimo, la fase de consolidación continúa mientras el seguimiento clínico indique un beneficio en curso y una estabilización incompleta. La transición de fase hacia la reducción escalonada es una decisión clínica, no un acontecimiento automático del calendario.

Semana a semana: el calendario de la consolidación

Semanas 2–3: desarrollo de la tolerancia inmunitaria y llenado de nichos. El proceso biológico dominante de la segunda y la tercera semanas es el desarrollo progresivo de la tolerancia inmunitaria mucosa a la comunidad microbiana del donante. El sistema inmunitario mucoso del intestino —principalmente las células dendríticas de la lámina propia y las poblaciones de linfocitos T reguladores (Treg)— debe distinguir los taxones entrantes del donante de los patógenos potenciales y establecer una respuesta tolerogénica en lugar de inflamatoria. Este proceso está mediado por metabolitos microbianos, en particular los ácidos grasos de cadena corta, que promueven la diferenciación de Treg y suprimen las respuestas de linfocitos T efectores [56], [57]. Al mismo tiempo, los taxones del donante van ocupando nichos ecológicos antes en manos de las especies disbióticas: compiten por los sitios de adhesión mucosa, por los sustratos nutricionales y por la posición espacial a lo largo del eje cripta-vellosidad. El resultado de esa competencia en las semanas 2–3 determina en gran medida la composición comunitaria a largo plazo [34], [8].

Semanas 3–4: integración metabólica y normalización de la economía de los SCFA. Hacia las semanas 3–4, en los pacientes con un injerto favorable, los perfiles de SCFA en heces empiezan a estabilizarse en concentraciones de butirato más altas que las previas al FMT. Esta normalización metabólica tiene consecuencias directas para la salud mucosa: el metabolismo energético del colonocito impulsado por el butirato mejora la integridad de la barrera epitelial, reduce la permeabilidad de las uniones estrechas[G] y contribuye al mantenimiento de la capa de moco [39]. Los perfiles de ácidos biliares secundarios continúan desplazándose hacia una composición antiinflamatoria. La calprotectina fecal, si estaba elevada en la semana 1, suele mostrar una reducción relevante hacia las semanas 3–4 en los respondedores, lo que refleja una menor actividad inflamatoria mucosa [54]. Esta es la ventana en la que los pacientes suelen empezar a referir una mejoría subjetiva de la energía, el confort digestivo y la regularidad de las heces, aunque la velocidad y la magnitud de la mejoría varían mucho entre individuos y entre afecciones.

Semanas 4–6: maduración de la comunidad y refuerzo conductual. Las últimas semanas de la ventana estándar de consolidación representan la maduración ecológica: la comunidad que se estabiliza gana redundancia metabólica (varias especies desempeñan funciones solapadas, lo que aumenta la resiliencia), las relaciones mutualistas entre especies se profundizan y la comunidad se vuelve progresivamente más resistente a las perturbaciones. Este es además el periodo en el que los factores de estilo de vida ejercen su mayor efecto amplificador sobre los resultados del FMT. El sustrato de fibra alimentaria, la regularidad del sueño, el nivel de actividad física y la carga de estrés que el paciente mantiene durante las semanas 4–6 configuran directamente las condiciones ecológicas en las que se integra la comunidad en maduración. Un paciente que mantiene una ingesta constante de fibra alimentaria durante ese periodo sostiene un entorno nutricional que favorece a los taxones dominantes del donante; un paciente que vuelve a una dieta muy procesada y pobre en fibra retira la ventaja de sustrato de esos taxones y crea condiciones que favorecen su desplazamiento gradual por especies menos exigentes y asociadas a la disbiosis [42], [58].

El calendario de cápsulas durante la consolidación: fundamento y adherencia

Durante la fase de consolidación, el FMT en cápsulas se administra a densidad moderada (protocolo de la fase 2: 2–5 veces por semana a la dosis prescrita) y no a la densidad alta de la inducción. Este ritmo de dosificación no es arbitrario: está diseñado para aportar un refuerzo microbiano continuo de bajo nivel que impida el rebote competitivo de las especies disbióticas residuales, a la vez que permite que la comunidad de donante en maduración se integre de forma progresiva en el ecosistema del huésped sin el estrés ecológico de una exposición repetida a dosis altas.

Por qué importa la regularidad del horario. El microbioma intestinal sigue ritmos circadianos sincronizados con los patrones de alimentación y de sueño del huésped [59]. Tomar las cápsulas a horas constantes del día —preferiblemente después de la comida principal, cuando la motilidad intestinal y la disponibilidad de sustrato son máximas— alinea el inóculo microbiano entrante con los periodos de mayor actividad fermentativa y de recambio mucoso. Un horario de dosificación errático, aunque no sea catastrófico, reduce la sincronía ecológica de la comunidad entrante con la fisiología del huésped y puede disminuir la eficiencia de la colonización de nichos. Se anima a los pacientes a tomar sus cápsulas de consolidación a la misma hora cada día, integradas en una rutina regular posterior a la comida.

Manejo de las dosis olvidadas. Es poco probable que una dosis olvidada aislada en la fase de consolidación comprometa sustancialmente el injerto, ya que a estas alturas la comunidad del donante está estableciendo poblaciones multigeneracionales en el intestino del receptor. Sin embargo, las dosis olvidadas consecutivas (3 o más) abren ventanas en las que las especies disbióticas residuales pueden expandirse, sobre todo si la ingesta de fibra alimentaria es baja al mismo tiempo. Si se olvidan dosis por cualquier motivo, el paciente debe contactar con el equipo clínico en lugar de resolverlo por su cuenta doblando la dosis siguiente. Doblar la dosis sin orientación clínica no está recomendado y puede agravar los efectos secundarios fermentativos.

Enfermedad intercurrente y ciclos antibióticos durante la consolidación. Los ciclos antibióticos necesarios por infecciones intercurrentes durante la fase de consolidación representan la amenaza más importante para la continuidad del injerto. Si se prescribe un antibiótico durante la fase 2, debe avisarse de inmediato al equipo clínico para que pueda ajustarse el protocolo de FMT: por lo general, la dosificación en cápsulas se pausa durante el ciclo antibiótico y durante las 48–72 horas siguientes, y después se reanuda. En algunos casos puede estar indicada una dosis parcial de reinducción tras la exposición al antibiótico, según el agente empleado y la duración del tratamiento. Esta decisión la toma siempre el equipo clínico, no se maneja por cuenta propia.

Injerto a nivel de cepa (2024). Aggarwala et al. 2024 (Cell Host & Microbe) establecieron un marco preciso de medición a nivel de cepa para el seguimiento posterior al FMT: una mediana de 41 cepas del donante injertan de forma estable por receptor a los 6 meses. El injerto a nivel de cepa de las Lachnospiraceae productoras de butirato y de Faecalibacterium prausnitzii predice la respuesta clínica (AUC 0,81), lo que significa que el seguimiento metagenómico shotgun en las semanas 4–8 aporta información pronóstica relevante [412].

Seguimiento del progreso en la fase de consolidación

PeriodoExperiencias esperablesSignos preocupantesAcciones clave
Semana 2Consistencia de las heces en estabilización (Bristol 3–4); hinchazón que empieza a disminuir; niveles de energía en recuperación; apetito que se normalizaDiarrea acuosa recurrente; episodio febril; síntomas de la semana 1 persistentes sin mejoríaAumentar de forma gradual la ingesta de fibra; mantener el calendario de cápsulas; anotar el diario a diario
Semanas 3–4Mejoría sintomática relevante; calidad de las heces próxima a la óptima; hinchazón en descenso; posible mejoría de la energía y del ánimoSíntomas recurrentes que caen por debajo del nivel de la semana anterior; aparición de síntomas nuevos; necesidad de antibióticos por cualquier motivoIntroducir legumbres y alimentos prebióticos de forma gradual; mantener un patrón de sueño constante; contactar de inmediato con el equipo clínico si se prescriben antibióticos
Semanas 5–6Perfil de síntomas estable con variación de un día a otro; tolerancia a una dieta más diversa; menor sensibilidad a los desencadenantes dietéticosSíntomas estancados o en deterioro en las semanas 5–6; dificultad para tolerar una mayor ingesta de fibra; deterioro persistente de la calidad del sueñoIniciar la dieta plenamente optimizada en fibra (objetivo 25–35 g/día); revisar el exposoma de sueño y estrés; el equipo clínico valora el resultado de la fase 2
Semana 6+ (consolidación prolongada)Estabilidad sintomática continuada; posiblemente menor sensibilidad a los desencadenantes previos al FMT; resiliencia ecológica crecienteCualquier recaída desde la estabilidad sintomática; patrones recurrentes identificados en el diario diarioContinuar con el calendario actual de cápsulas a la espera de la valoración del equipo clínico; comentar los criterios de transición a la fase de reducción escalonada

Tabla 7 – Guía de progresión semanal de la fase de consolidación # Las experiencias esperables son aproximadas y representan trayectorias típicas; la variación individual es sustancial. Los pacientes que no sigan la progresión esperada deberían contactar con su equipo clínico para que los valore, en lugar de ajustar el protocolo por su cuenta.

El papel activo del paciente en la consolidación: por qué el estilo de vida no es opcional

Un malentendido crítico sobre el FMT es creer que el tratamiento es algo que se le hace al paciente y que después este espera pasivamente los resultados. La fase de consolidación hace explícito aquello sobre lo que se articula todo el protocolo: el paciente es un participante ecológico activo, no un receptor pasivo. La comunidad microbiana del donante se introduce como población semilla, pero que prospere, se estabilice y produzca un beneficio clínico duradero depende del entorno que crean las decisiones cotidianas del paciente.

La fibra alimentaria como infraestructura ecológica. La variable de estilo de vida más importante durante la consolidación es, con diferencia, la fibra alimentaria. La fibra fermentable es la principal fuente de energía de la comunidad del donante; sin un aporte constante de sustrato, los taxones productores de butirato pierden su ventaja metabólica competitiva y son desplazados de forma progresiva por especies mejor adaptadas al entorno nutricional del huésped [42], [58]. Durante las semanas 2–6, el paso de la dieta conservadora de la versión B de la primera semana (véase el capítulo III.1) a la dieta plenamente optimizada en fibra de la versión A debe hacerse de forma gradual: introduciendo una nueva categoría de alimento con fibra cada 3–5 días, vigilando la tolerancia en el diario y ampliando la diversidad hasta donde permita la tolerancia individual. Hacia la semana 4, la mayoría de los pacientes deberían tolerar legumbres, verduras crudas y alimentos ricos en prebióticos (cebolla, ajo, achicoria) con síntomas fermentativos manejables.

Sueño y alineación circadiana. La alteración circadiana afecta directamente a los patrones de oscilación diaria del microbioma intestinal [59]. Durante la consolidación, la comunidad del donante en maduración sincroniza sus ritmos metabólicos con los ciclos de alimentación, de sueño y de luz-oscuridad del huésped. Unos horarios de sueño irregulares, el trabajo en turno de noche o una privación grave de sueño durante este periodo alteran esa sincronización y se asocian a una menor diversidad microbiana y a una producción de SCFA deteriorada en estudios controlados en humanos [60]. A los pacientes en fase de consolidación se les recomienda encarecidamente mantener horarios constantes de sueño y de despertar (dentro de un margen de 30 minutos de un día a otro), evitar un desfase social importante (cambios del patrón de sueño el fin de semana) y tratar con su médico los trastornos del sueño si los hubiera.

Actividad física. El ejercicio aeróbico moderado —en particular el entrenamiento en zona 2 (intensidad moderada sostenida, a ritmo conversacional, 30–45 minutos, 3–5 veces por semana)— se asocia a una mayor diversidad microbiana, una mayor producción de butirato y una mejor resistencia a la colonización en múltiples ensayos en humanos [61], [62]. La fase de consolidación es la ventana adecuada para reintroducir de forma gradual la actividad física regular si se redujo durante la primera semana. A partir de la semana 2, los paseos diarios de 20–30 minutos son apropiados para todos los pacientes. Hacia las semanas 3–4 puede introducirse el ejercicio aeróbico en zona 2 en pacientes sin contraindicaciones cardiovasculares ni musculoesqueléticas. El entrenamiento de fuerza con cargas elevadas o el entrenamiento interválico de alta intensidad deben abordarse con cautela, ya que el ejercicio intenso aumenta de forma transitoria la permeabilidad intestinal; no está contraindicado, pero debe introducirse de forma gradual.

Manejo del estrés. El estrés psicológico crónico desregula el eje intestino-cerebro por varias vías: el cortisol elevado altera la motilidad intestinal y aumenta la permeabilidad epitelial; la señalización por catecolaminas afecta directamente a la expresión génica bacteriana; y los cambios de conducta impulsados por el estrés (alteración del sueño, deterioro de la dieta, consumo de alcohol) generan efectos ecológicos negativos que se acumulan [53]. Los pacientes en fase de consolidación que estén atravesando estresores vitales importantes deberían comentarlo con su equipo clínico, ya que el apoyo para el manejo del estrés —incluidos los enfoques cognitivo-conductuales o las prácticas de atención plena— puede integrarse en el plan de tratamiento. Los efectos del eje intestino-cerebro descritos en el capítulo VI de esta guía son directamente pertinentes para los resultados de la consolidación del FMT.

Reconocer el progreso, y cuándo pedir una revisión

El progreso de la consolidación no siempre es lineal. Los pacientes pueden vivir semanas buenas seguidas de retrocesos sintomáticos, sobre todo cuando se producen cambios dietéticos, acontecimientos estresantes, enfermedades intercurrentes o alteraciones del sueño. Estas fluctuaciones son esperables y no indican fracaso terapéutico: los sistemas ecológicos son intrínsecamente dinámicos, y las perturbaciones temporales seguidas de un retorno a la línea de base en mejoría forman parte de una consolidación normal. Lo que el equipo clínico busca en la revisión de fin de fase es la tendencia global a lo largo del periodo de 4–6 semanas, no la variación puntual de un día a otro.

Los pacientes deben solicitar una revisión clínica durante la fase de consolidación —entre las citas programadas— si se produce cualquiera de lo siguiente: aparición de sangrado rectal; fiebre superior a 38 °C; empeoramiento significativo de su afección de base por debajo del punto de partida previo al FMT que persista más de 5 días consecutivos; incapacidad para mantener la ingesta oral por náuseas o vómitos; o cualquiera de los signos de alarma agudos enumerados en el capítulo II.4. Las fluctuaciones menores de los síntomas que se resuelven en 1–3 días y que se explican por desencadenantes dietéticos o de estilo de vida identificables no exigen un contacto clínico no programado, pero deben documentarse en el diario.

Efectos sobre la microbiota

  • El injerto progresivo de los taxones del donante continúa durante toda la fase de consolidación: la representación del donante a nivel de especie en las heces del receptor suele aumentar desde aproximadamente el 20–40 % en el día 7 hasta el 40–70 % en la semana 6 en los respondedores favorables, y los taxones de Firmicutes productores de butirato son los que muestran los patrones de injerto más constantes y duraderos [34], [8].
  • La expansión de los linfocitos T reguladores (Treg) en la lámina propia intestinal, impulsada por la modificación epigenética del locus Foxp3 mediada por los SCFA, es el mecanismo principal de la tolerancia inmunitaria progresiva a la comunidad del donante; este proceso requiere de 2 a 4 semanas de exposición microbiana sostenida y es uno de los principales argumentos biológicos a favor de una consolidación prolongada frente al FMT de sesión única [56], [57].
  • La calprotectina fecal, un marcador de inflamación mucosa intestinal, suele seguir un patrón bifásico tras el FMT: una elevación transitoria inicial en la semana 1 (que refleja el muestreo inmunitario agudo de la nueva comunidad), seguida de un descenso progresivo a lo largo de las semanas 2–6 en los respondedores; una elevación persistente de la calprotectina más allá de la semana 4 puede indicar una tolerancia inmunitaria mucosa incompleta y justifica una revisión clínica [54].
  • Las concentraciones de ácidos biliares secundarios —ácido desoxicólico y ácido litocólico— aumentan de forma progresiva a lo largo de la fase de consolidación a medida que se establecen y se expanden los taxones del donante positivos para hidrolasa de sales biliares; estos ácidos biliares secundarios refuerzan la resistencia a la colonización frente a C. difficile y modulan el metabolismo lipídico del huésped y la señalización inflamatoria a través de las vías del receptor farnesoide X (FXR[G]) y del receptor TGR5[G] [39], [63].
  • La redundancia metabólica microbiana —el número de taxones funcionalmente distintos que desempeñan cada función metabólica central (fermentación de la fibra, síntesis de aminoácidos, producción de vitaminas)— aumenta a lo largo de la fase de consolidación y aporta resiliencia ecológica; una redundancia mayor se asocia a una mayor resistencia a las perturbaciones y a resultados más duraderos a largo plazo [55], [34].
  • El eje intestino-cerebro se modula de forma progresiva durante la consolidación: la normalización de la vía triptófano-serotonina, la menor translocación de lipopolisacárido a través de una barrera epitelial que se refuerza y el aumento de la señalización aferente vagal derivada de una producción normalizada de SCFA contribuyen en conjunto a las mejorías del ánimo, la energía y la cognición que refiere un subgrupo de pacientes en las semanas 3–6 [53], [64].
  • La ingesta de fibra alimentaria durante la fase de consolidación amplifica directamente el injerto: los estudios cruzados controlados han demostrado que unas condiciones dietéticas ricas en fibra durante la ventana posterior al FMT producen una representación proporcional de las especies del donante significativamente mayor y concentraciones fecales de SCFA más altas que las condiciones pobres en fibra, lo que confirma que el entorno nutricional es un determinante principal del resultado de la consolidación [42], [58].

Orientación para el paciente

  • Tome sus cápsulas de consolidación a la misma hora cada día, después de la comida principal. Programe una alarma en el móvil si lo necesita. La regularidad del horario amplifica la sincronía ecológica de la comunidad microbiana entrante con su fisiología circadiana y mejora la eficiencia de la colonización de nichos.
  • A partir de la semana 2, empiece a pasar de la dieta de la versión B (primera semana tras el FMT) a la dieta optimizada en fibra de la versión A del capítulo III.1. Introduzca una nueva categoría de fibra cada 3–5 días: empiece por las legumbres cocidas (lentejas, garbanzos), añada después verduras crudas de ensalada y luego alimentos ricos en prebióticos (cebolla, ajo, puerro, achicoria). Registre su tolerancia en el diario tras cada nueva introducción.
  • Hacia la semana 3, procure retomar una actividad física aeróbica de ligera a moderada: paseos diarios de 20–30 minutos, o ciclismo o natación suaves si lo prefiere. Hacia las semanas 4–5, introduzca el entrenamiento aeróbico en zona 2 (30–45 minutos a ritmo conversacional, 3–5 veces por semana) si tiene el visto bueno médico para ese nivel de actividad.
  • Priorice la regularidad del sueño por encima de cualquier otro factor de estilo de vida durante la fase de consolidación. Acuéstese y levántese a la misma hora todos los días, también los fines de semana. Procure dormir de 7 a 9 horas por noche. Si la calidad del sueño es mala, coméntelo con su equipo clínico: la alteración del sueño en esta fase deteriora directamente los ritmos circadianos microbianos y reduce la producción de SCFA.
  • Continúe con su Diario de Alimentación y Síntomas todos los días durante la fase de consolidación. Hacia las semanas 2–3, el diario deja de ser una herramienta de vigilancia de seguridad posterior al procedimiento y pasa a ser un registro longitudinal del progreso: úselo para anotar no solo los síntomas, sino también los cambios positivos —mejorías de la consistencia de las heces, reducciones de la hinchazón, aumentos de energía y cualquier mejoría de los síntomas de su afección de base—.
  • Si sufre un retroceso sintomático —síntomas que empeoran durante 1–3 días tras un cambio dietético, un acontecimiento estresante o una enfermedad intercurrente—, no se alarme y no modifique por su cuenta el protocolo de cápsulas. Documente el desencadenante y el cambio de los síntomas en su diario, mantenga su calendario habitual de dosis y observe si los síntomas vuelven a la línea de base en mejoría en 2–3 días. Si no lo hacen, contacte con su equipo clínico.
  • Evite el alcohol durante la fase de consolidación si es posible, en particular en las semanas 2–4. El alcohol es un disruptor microbiano directo que reduce las poblaciones de Lactobacillus y de Firmicutes productores de butirato y aumenta la permeabilidad intestinal; su consumo durante la consolidación ecológica activa contrarresta el proceso del FMT. Si la abstinencia completa no es viable, limite la ingesta a un máximo de 1–2 unidades estándar por ocasión, no más de dos veces por semana.
  • No inicie nuevos suplementos de venta libre, preparados herbales ni probióticos comerciales durante la fase de consolidación sin comentarlo antes con su equipo clínico. Algunos suplementos contienen compuestos antimicrobianos (p. ej., aceite de orégano a dosis altas, plata coloidal) que pueden suprimir la comunidad del donante. Los probióticos comerciales contienen cepas distintas de las del preparado del donante y pueden competir con la comunidad que está injertando en lugar de apoyarla.
  • Si debe tomar antibióticos por cualquier motivo durante la fase de consolidación, contacte con su equipo clínico de FMT ese mismo día. No espere. El equipo clínico le indicará si debe pausar la dosificación de cápsulas durante el ciclo antibiótico y si después será necesaria una dosis parcial de reinducción. Una comunicación precoz permite ajustar el protocolo para proteger el injerto; una comunicación tardía puede traducirse en una regresión ecológica importante que exija una recuperación prolongada.
  • Al final de la fase de consolidación, prepare un resumen de los datos de su diario para la revisión clínica: anote la tendencia global de sus síntomas clave (patrón de las heces, energía, afección de base), los retrocesos significativos y sus desencadenantes aparentes, y su nivel actual de dieta y de actividad. Ese resumen es la principal aportación para la decisión del equipo clínico sobre si pasar a la reducción escalonada o prolongar la fase de consolidación.
Perla clínica

La fase de consolidación (semanas 2–6) reproduce la sucesión ecológica observada en los ecosistemas perturbados: las especies pioneras del donante estabilizan el entorno y hacen posible el ensamblaje de una comunidad cada vez más compleja. La duración mínima de transferencia en consolidación de 60 días en las indicaciones no CDI (30 días en la CDI) refleja el tiempo necesario para que los taxones clave —en particular los productores de butirato— establezcan una resiliencia funcional, y no meramente una presencia detectable.

Referencias

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PG
Guía de la Microbiota · Autores: Dr. Patay Gábor — médico, especialista en microbiota · Dr. Bezzegh Attila — director médico, microbiólogo clínico · Dra. Anna Munar — médica, especialista en exposoma
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