XII. Afecciones físicas y metabólicas

XII. 1. Enfermedades crónicas (diabetes, obesidad, etc.)

La diabetes tipo 2, la obesidad y el síndrome metabólico remodelan el ecosistema intestinal, mientras que la microbiota repercute a su vez sobre la sensibilidad a la insulina y la inflamación.

Cómo las afecciones metabólicas remodelan su microbiota intestinal

Las afecciones metabólicas crónicas, como la diabetes tipo 2, la obesidad y el síndrome metabólico, cambian el entorno interno en el que viven los microbios intestinales [111] [531].

Anécdota

En el verano de 1921, un cirujano canadiense de treinta años llamado Frederick Banting llegó a la Universidad de Toronto con una idea no demostrada y convenció al fisiólogo John Macleod para que le dejara utilizar un laboratorio durante ocho semanas. Trabajando con el estudiante de medicina Charles Best, Banting aisló un extracto pancreático al que llamó isletina —más tarde rebautizado como insulina— y demostró que podía revertir la hiperglucemia mortal de los perros diabéticos. En enero de 1922 ya se había tratado al primer paciente humano. Banting y Macleod recibieron el Premio Nobel en 1923. El descubrimiento transformó la diabetes tipo 1 de una sentencia de muerte en una enfermedad manejable. Lo que la insulina de Banting no podía abordar era una crisis distinta que se desplegaría en las décadas siguientes: el ascenso epidémico de la diabetes tipo 2 y de la obesidad, impulsado no por la ausencia de insulina, sino por las consecuencias metabólicas de un entorno alimentario sin precedentes en la historia evolutiva humana. A comienzos del siglo XXI, más de 500 millones de personas tenían diabetes tipo 2 en todo el mundo. El microbioma intestinal se sitúa en la intersección de esta epidemia: modula la sensibilidad a la insulina, regula la extracción de energía de los alimentos, produce ácidos grasos de cadena corta que gobiernan la producción hepática de glucosa e impulsa una inflamación sistémica de bajo grado mediante un mecanismo —la endotoxemia metabólica— que el laboratorio de Banting no habría podido imaginar. Él resolvió el problema agudo. El crónico llegó en otro siglo, modelado en parte por una biología que él no podía ver.

La relación bidireccional entre la microbiota intestinal[G] y la enfermedad metabólica quedó establecida de la forma más espectacular por una serie de experimentos de trasplante de microbiota fecal realizados entre 2006 y 2013. Ridaura y colaboradores (Washington University, 2013, Science) trasplantaron microbiota intestinal de gemelos humanos obesos y delgados a ratones libres de gérmenes[G]. Los ratones que recibieron microbiota de donante obeso ganaron significativamente más masa grasa que los que recibieron microbiota de donante delgado, pese a consumir la misma dieta en condiciones idénticas. El fenotipo era transferible, lo que demostraba que la microbiota asociada a la obesidad podía impulsar la disfunción metabólica con independencia de la genética del huésped o de la ingesta dietética. [552] El trabajo previo de Cani y colaboradores (2007, Diabetes) estableció la hipótesis de la endotoxemia: la alimentación con dieta rica en grasa en ratones aumentaba la permeabilidad intestinal[G] y elevaba el LPS bacteriano circulante de 2 a 3 veces. Esta "endotoxemia metabólica" bastaba para producir obesidad, resistencia a la insulina e inflamación del tejido adiposo incluso en ausencia de un exceso de ingesta calórica, mediada por la activación inmunitaria innata dependiente de TLR4. [531] El cuadro mecanicista que emergió de estos y de los estudios posteriores identificó varias vías dependientes de la microbiota que contribuyen a la enfermedad metabólica: la menor producción de butirato (un ácido graso de cadena corta que es la principal fuente de energía de los colonocitos) (un ácido graso de cadena corta[G] que nutre a las células del colon y reduce la inflamación), que deteriora la integridad de la barrera intestinal; la alteración del metabolismo de los ácidos biliares, que afecta a la homeostasis de la glucosa; la modificación del metabolismo de los aminoácidos de cadena ramificada, que aumenta la resistencia a la insulina; y la inflamación crónica de bajo grado mediada por LPS, que impulsa la disfunción del tejido adiposo. [111] Para el manejo clínico, estas vías indican que la optimización de la microbiota intestinal —mediante fibra alimentaria, alimentos fermentados, suplementación prebiótica e intervenciones sobre el estilo de vida— no es un complemento del tratamiento de la enfermedad metabólica, sino una diana primaria mecanicísticamente relevante. Los estudios de FMT en la diabetes tipo 2 y en el síndrome metabólico han producido resultados mixtos, pero cada vez más prometedores, con respondedores que muestran desplazamientos duraderos de la microbiota y una mejor sensibilidad a la insulina.

Los patrones de glucemia, el flujo de ácidos biliares, la motilidad intestinal y el tono inmunitario se desplazan con el tiempo, y la microbiota se adapta a esa nueva fisiología. Para los pacientes, esto ayuda a explicar por qué la enfermedad metabólica puede acompañarse de síntomas digestivos y por qué el “metabolismo” y la “salud intestinal” se mueven a menudo juntos [459].

En muchos estudios, las personas con obesidad o diabetes tipo 2 muestran a menudo patrones de microbiota coherentes con un entorno intestinal más inflamatorio. Esto puede incluir una disminución relativa de taxones vinculados al soporte del moco y a la producción de metabolitos antiinflamatorios, como Akkermansia muciniphila y Faecalibacterium prausnitzii[G], aunque la dirección y la intensidad de estos cambios varían de una persona a otra.

Otra observación recurrente es una expansión relativa de los grupos que toleran la presión inflamatoria, incluidos miembros de Enterobacteriaceae. En términos clínicos, esto suele reflejar un estrés ecológico más que una infección clásica. Cuando el entorno intestinal se vuelve más oxidativo e inflamado, los microbios capaces de prosperar en esas condiciones ganan ventaja competitiva.

La inflamación de bajo grado puede afectar también a la función microbiana. Los cambios en la disponibilidad de sustratos y en la señalización de los ácidos biliares pueden reducir la contribución relativa de los productores de ácidos grasos de cadena corta, al tiempo que favorecen vías que mantienen la inflamación y la tensión sobre la barrera. Una barrera debilitada puede permitir que los componentes microbianos entren con más facilidad en la circulación, lo que contribuye a la resistencia a la insulina y a una señalización inflamatoria persistente.

Los medicamentos de uso habitual en la enfermedad metabólica modelan además el ecosistema. La metformina es un ejemplo bien conocido: puede alterar la composición y la función microbianas, y algunos de sus beneficios metabólicos pueden implicar en parte vías intestinales. Otros fármacos también pueden influir en la microbiota, pero la dirección es menos predecible y depende a menudo de la estructura basal de la comunidad y de la dieta.

La dieta sigue siendo una de las palancas más potentes, porque cambia lo que los microbios pueden usar como combustible. Las dietas ricas en hidratos de carbono refinados y en grasas saturadas tienden a favorecer comunidades asociadas a la señalización inflamatoria, mientras que las comidas ricas en fibra sostienen un metabolismo microbiano que produce acetato, propionato y butirato. Estos metabolitos se vinculan con la regulación de la barrera intestinal y con la señalización metabólica, aunque por sí solos no “curan” la enfermedad.

La actividad física añade otro mecanismo práctico. El movimiento regular mejora la sensibilidad a la insulina y puede cambiar el tiempo de tránsito y la regulación del apetito, lo que modela indirectamente las condiciones de crecimiento microbiano. En muchos pacientes, un ejercicio constante coincide con un mejor control metabólico y con menos molestias intestinales, aunque la pérdida de peso sea modesta.

La relación entre la enfermedad metabólica y la microbiota es, por tanto, de doble sentido: la alteración del metabolismo y la inflamación remodelan el ecosistema microbiano, y el ecosistema puede reforzar esos mismos patrones metabólicos. El objetivo clínico no es perseguir una única bacteria “perfecta”, sino reducir la presión inflamatoria, sostener la función de barrera y mejorar la flexibilidad metabólica mediante intervenciones realistas.

Cuando los pacientes entienden este bucle, el tratamiento resulta más coherente. Manejar la enfermedad metabólica sigue siendo cuestión de glucosa, lípidos y riesgo cardiovascular, pero también incluye sostener el ecosistema intestinal con nutrición, elecciones farmacológicas adecuadas, sueño y actividad, porque estos factores influyen sobre el mismo sistema biológico desde ángulos distintos.

La MASLD y el eje intestino-hígado: marco clínico de 2024

La nomenclatura MASLD[G] (enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica) introducida por el consenso Delphi AASLD/EASL/ALEH de 2023 marca la epidemia metabólica más prevalente del siglo XXI, que afecta a un estimado del 25–30 % de los adultos en muchas poblaciones. El eje intestino-hígado desempeña un papel central en la patogénesis de la MASLD: el aumento de la permeabilidad intestinal[G] permite la translocación de LPS, lo que alimenta una inflamación crónica de bajo grado y la resistencia hepática a la insulina [710], [711]. Los ácidos biliares secundarios derivados de la microbiota (DCA, LCA) modulan el metabolismo del hepatocito a través de los receptores FXR[G] y TGR5[G]; en los pacientes con MASLD se documentan una reducción de los taxones productores de butirato y un enriquecimiento en cepas de Klebsiella productoras de etanol. Tilg et al. (Cell Metabolism, 2022) aporta el marco clínico para las terapias de la MASLD dirigidas al microbioma: fibra prebiótica, ingesta de polifenoles y ensayos piloto de FMT en casos seleccionados [711].

Narrativa modernizada del microbioma en la DM2: la metformina como factor de confusión

Los estudios transversales de la década de 2010 ("reducción de Akkermansia en pacientes con DM2") parecían sugerir inicialmente una asociación causal con el microbioma. En su artículo de 2015 en Nature, Forslund y sus colaboradores reanalizaron 784 metagenomas intestinales humanos de cohortes danesas, suecas y chinas y separaron las firmas de microbiota impulsadas por la metformina de las intrínsecas a la DM2: buena parte de las diferencias que antes se creían específicas de la DM2 resultó ser un efecto de la metformina, entre ellas el enriquecimiento relativo de especies de Escherichia (que también guarda relación con los conocidos efectos adversos gastrointestinales del fármaco) y un aumento de la capacidad de producción de ácidos grasos de cadena corta, a través de la cual la microbiota media el efecto terapéutico de la metformina [174]. Esto replantea la literatura previa: muchos rasgos bien conocidos del "microbioma de la DM2" son efectos farmacológicos, no específicos de la enfermedad. Una limitación importante es que el estudio se basa en datos metagenómicos transversales y no en un seguimiento longitudinal. Implicación clínica: la valoración del microbioma en pacientes con DM2 debe tener en cuenta la historia farmacológica (especialmente metformina, PPI y estatinas) para distinguir los patrones verdaderos de la enfermedad.

Los agonistas del GLP-1 y el microbioma: una interacción bidireccional

El éxito clínico de la semaglutida (Ozempic, Wegovy) y de la tirzepatida (Mounjaro) plantea una pregunta biológica: ¿el efecto es puramente un agonismo directo del receptor, o contribuye el microbioma? La evidencia disponible es todavía en gran medida preclínica: en un modelo de ratón alimentado con una dieta rica en grasas, la semaglutida mejoró el peso corporal y los parámetros de glucosa y, al mismo tiempo, modificó la composición de la microbiota intestinal y las vías metabólicas microbianas [246]. Las revisiones sobre el eje intestino-hígado presentan explícitamente los fármacos basados en incretinas como agentes que interactúan con la señalización de la microbiota, los ácidos biliares y los SCFA, pero la dirección de la causalidad (¿el fármaco remodela la microbiota, o la microbiota basal condiciona la respuesta al fármaco?) no está resuelta en humanos [711]. En la actualidad no existe ningún ensayo aleatorizado en humanos que zanje esta interacción bidireccional. Relevancia clínica: la variabilidad interindividual de la eficacia de los agonistas del GLP-1 refleja de forma plausible, en parte, el estado basal del microbioma, pero esto sigue siendo una hipótesis y no una relación establecida; la ingesta de fibra y el apoyo al microbioma son medidas de estilo de vida bien fundamentadas por sí mismas, que complementan la farmacoterapia.

FMT para la resistencia a la insulina y la obesidad

La durabilidad del FMT metabólico es limitada: en el ensayo aleatorizado de Kootte y sus colaboradores (Cell Metabolism, 2017), el FMT alogénico procedente de donantes delgados mejoró significativamente la sensibilidad a la insulina en pacientes con síndrome metabólico a las 6 semanas, pero ese efecto ya no era detectable a las 18 semanas, y la magnitud de la respuesta quedaba predicha por la composición basal de la microbiota intestinal (baja diversidad basal) [712]. Mensaje clínico: el FMT metabólico no es una intervención autónoma, sino un ancla del estilo de vida; sus indicaciones siguen siendo limitadas y debe realizarse dentro de marcos de ensayo clínico.

Cómo modular la microbiota en el contexto de las enfermedades crónicas

Una dieta centrada en alimentos naturales que contengan fibra se considera la herramienta principal para sostener las funciones microbianas en las afecciones metabólicas.

Los ingredientes ricos en polifenoles, como los frutos rojos, las hierbas aromáticas y el té verde, se consideran útiles para modelar las vías metabólicas microbianas y el equilibrio oxidativo.

Se cree que la ingesta regular de fibras solubles y de almidón resistente favorece la producción de ácidos grasos de cadena corta que se comunican con la barrera intestinal y con el sistema inmunitario.

Una actividad física moderada y constante contribuye a un mejor tránsito intestinal y a una mejor señalización metabólica, con influencia indirecta sobre las redes microbianas.

Reducir los alimentos muy procesados puede limitar las exposiciones que perturban la integridad de la barrera y la estabilidad microbiana.

Los alimentos fermentados pueden aportar microorganismos vivos y metabolitos que enriquecen el entorno microbiano diario.

Prestar atención a la composición y al horario de las comidas ayuda a evitar los picos glucémicos repetidos que tensionan tanto al metabolismo como a la microbiota.

Las prácticas de gestión del estrés se reconocen cada vez más como moduladoras del diálogo intestino-cerebro que afecta al equilibrio microbiano.

El uso cuidadoso y justificado de los antibióticos es importante, ya que los ciclos innecesarios pueden desestabilizar un ecosistema ya vulnerable.

Evaluar los cambios en la composición corporal y en los marcadores metabólicos ofrece una imagen más significativa que el peso por sí solo a la hora de juzgar el progreso.

Efectos sobre la microbiota

  • Los trastornos metabólicos se vinculan con desplazamientos funcionales del ecosistema intestinal, más que con un único patrón universal [552] [531].
  • La reducción relativa de los taxones productores de SCFA, incluido Faecalibacterium prausnitzii, se observa con frecuencia y se relaciona con la tensión sobre la barrera [531] [111].
  • La expansión de Enterobacteriaceae refleja a menudo un medio intestinal inflamatorio y oxidativo.
  • Las especies beneficiosas asociadas a la mucina, como Akkermansia muciniphila, pueden disminuir en muchos pacientes.
  • Los cambios de permeabilidad intestinal pueden permitir que componentes microbianos (p. ej., el LPS) potencien la activación inmunitaria sistémica.
  • La microbiota influye en la transformación de los ácidos biliares y modela la señalización metabólica y hormonal.
  • El ecosistema incluye bacteriófagos[G], especies de Candida y arqueas ocasionales, que modulan las redes bacterianas.
  • El tratamiento con metformina induce habitualmente desplazamientos microbianos y de metabolitos vinculados al control glucémico.
  • La actividad física altera el tiempo de tránsito y las vías utilizadoras de lactato (p. ej., Veillonella → propionato).
  • La menor producción de butirato y de propionato se asocia con vulnerabilidad mucosa.
  • Una dieta rica en fibras fermentables promueve la comunicación intestino-inmunidad mediada por SCFA.
  • Los enfoques centrados en la microbiota se están estudiando como complementos en la atención de la obesidad y de la diabetes tipo 2.

Orientación para el paciente

  • Elija una dieta rica en fibra y mayoritariamente vegetal para sostener las funciones microbianas intestinales y la producción de SCFA.
  • Realice actividad aeróbica moderada casi todos los días (como caminar a paso ligero o ir en bicicleta) para favorecer el equilibrio metabólico e intestinal.
  • Reduzca los alimentos ultraprocesados y los ingredientes que puedan irritar la barrera intestinal.
  • Incluya alimentos fermentados como yogur, kéfir o chucrut varias veces por semana si los tolera bien.
  • Planifique los hidratos de carbono junto con proteínas y grasas saludables para evitar grandes picos de glucosa.
  • Utilice rutinas de gestión del estrés para sostener la conexión intestino-cerebro.
  • Tome antibióticos solo cuando su médico los indique claramente.
  • Consulte con un profesional sanitario antes de empezar cualquier suplemento prebiótico o probiótico.
  • Siga la composición corporal y los marcadores metabólicos, no solo el peso.
  • Recuerde: el cuidado de la microbiota es un hábito a largo plazo, no un reinicio rápido.
Perla clínica

El síndrome metabólico, la obesidad (IMC >30) y la diabetes tipo 2 se caracterizan todos por una menor abundancia de bacterias productoras de butirato —en concreto Faecalibacterium prausnitzii y Akkermansia muciniphila—, inversamente correlacionada con la resistencia sistémica a la insulina (Qin et al., 2012, Nature). Esta firma de la microbiota es parcialmente reversible mediante intervención dietética y FMT de donantes delgados. En los pacientes con afecciones metabólicas concurrentes, el éxito del injerto tras el FMT es menor, lo que exige protocolos de consolidación prolongados.

Referencias

[111] Koh A, De Vadder F, Kovatcheva-Datchary P, Bäckhed F. From Dietary Fiber to Host Physiology: Short-Chain Fatty Acids as Key Bacterial Metabolites. Cell. 2016. Link

Revisión mecanicista sobre los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), producidos por la fermentación bacteriana de la fibra alimentaria. La fibra fermentable es la fuente de energía primaria de la microbiota colónica; los principales productos de la fermentación son **acetato, propionato y butirato**. El **butirato es el principal sustrato energético de los colonocitos**; los AGCC influyen además en la integridad de la barrera, la función inmunitaria y, al pasar a la circulación, en el metabolismo del huésped, en parte a través de receptores acoplados a proteína G (GPR41/43) y de la inhibición de histona-desacetilasas. Esta entrada es la fuente de las afirmaciones de manual de III.2 (S-0302-01, -02). Importante: es una **revisión**, no datos experimentales propios.

[174] Forslund K, Hildebrand F, Nielsen T et al. Disentangling type 2 diabetes and metformin treatment signatures in the human gut microbiota. Nature. 2015. Link

A partir de 784 metagenomas intestinales humanos, este estudio separó las firmas microbianas de la diabetes tipo 2 (T2D) de los efectos de los fármacos antidiabéticos y mostró que la medicación antidiabética, en particular la metformina, confunde las asociaciones previas de disbiosis en la T2D. Los autores aportan evidencia de la mediación microbiana de los efectos terapéuticos de la metformina a través de la producción de ácidos grasos de cadena corta, y de mecanismos mediados por la microbiota tras los efectos adversos gastrointestinales conocidos, incluido un aumento relativo de especies de Escherichia. Los hallazgos subrayan que debe controlarse el estado de tratamiento al caracterizar microbiomas asociados a enfermedad.

[246] Sun L, Shang B, Lv S, Liu G, Wu Q, Geng Y. Effects of semaglutide on metabolism and gut microbiota in high-fat diet-induced obese mice. Front Pharmacol. 2025. Link

Estudio animal (ratón obeso inducido por dieta rica en grasa) que indica que la semaglutida modifica favorablemente el metabolismo sérico y la composición de la microbiota intestinal, siendo parte de la mejoría metabólica transferible mediante trasplante fecal. IMPORTANTE: se trata de evidencia preclínica, en modelo animal; su relevancia humana aún no está establecida, por lo que la afirmación debe tratarse como hipótesis (🟠).

[459] Sonnenburg JL, Bäckhed F. Diet–microbiota interactions as moderators of human metabolism. Nature. 2016. Link

Revisión de los mecanismos que vinculan la microbiota intestinal con la obesidad y la diabetes tipo 2, basada en modelos animales traslacionales y en estudios humanos. La microbiota emerge como mediadora del impacto de la dieta sobre el estado metabólico del huésped, con esfuerzos crecientes por establecer relaciones causales en personas y desarrollar intervenciones terapéuticas, incluida la nutrición personalizada.

[531] Cani PD, Amar J, Iglesias MA et al. Metabolic endotoxemia initiates obesity and insulin resistance. Diabetes. 2007. Link

El lipopolisacárido bacteriano (LPS) se identifica como factor desencadenante de la resistencia a la insulina, la obesidad y la diabetes. El LPS plasmático fluctúa con la alimentación y el ayuno, y una dieta rica en grasa de 4 semanas lo aumentó crónicamente de 2 a 3 veces ('endotoxemia metabólica'), al tiempo que incrementó la proporción de microbiota intestinal portadora de LPS. La inducción de una endotoxemia metabólica comparable en ratones mediante infusión subcutánea continua de LPS durante 4 semanas reprodujo el fenotipo de la dieta rica en grasa: aumento de la glucemia y la insulinemia en ayunas, ganancia de peso, inflamación adiposa F4/80+ y acumulación hepática de triglicéridos.

[552] Ridaura VK, Faith JJ, Rey FE et al. Gut microbiota from twins discordant for obesity modulate metabolism in mice. Science. 2013. Link

La microbiota fecal de parejas de gemelas adultas discordantes para la obesidad se trasplantó a ratones germ-free alimentados con pienso murino y con dietas de estilo estadounidense. El aumento de masa corporal y grasa y los fenotipos metabólicos asociados a la obesidad resultaron transmisibles tanto por comunidades fecales no cultivadas como cultivadas. La convivencia de ratones con microbiota de obeso junto a compañeros de jaula con microbiota de delgado impidió el desarrollo de obesidad, con un rescate impulsado por la invasión de Bacteroidetes específicos desde la microbiota de delgado hacia la de obeso. El efecto dependió de la dieta, revelando interacciones dieta-microbiota rápidas, transmisibles y modificables en la composición corporal.

[710] Vallianou, N. G., Kounatidis, D., Psallida, S., et al. NAFLD/MASLD and the Gut-Liver Axis: From Pathogenesis to Treatment Options. Metabolites. 2024. Link

Revisión exhaustiva del eje intestino-hígado en la patogenia y el tratamiento de la NAFLD/MASLD. Los autores describen cómo el aumento de la permeabilidad intestinal y la translocación bacteriana (LPS) impulsan la inflamación crónica de bajo grado y la resistencia hepática a la insulina, y repasan las opciones terapéuticas dirigidas al microbioma (probióticos, FMT, dieta).

[711] Tilg H, Adolph TE, Trauner M. Gut-liver axis: Pathophysiological concepts and clinical implications. Cell Metabolism. 2022. Link

La revisión de Tilg, Adolph y Trauner de 2024 en Cell Metabolism sintetiza la comprensión actual del eje intestino-hígado y sus implicaciones clínicas para la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD) y la MASH (antes NAFLD/NASH). Los autores detallan los mecanismos por los que la microbiota intestinal, la permeabilidad de la barrera intestinal, los ácidos biliares, los metabolitos microbianos (SCFA, etanol, TMAO, ácidos biliares) y el flujo portal de lipopolisacárido impulsan la esteatosis hepática, la inflamación, la fibrosis y la progresión a HCC. Se catalogan los patrones disbióticos clave y los taxones beneficiosos (Akkermansia, Faecalibacterium). Entre las estrategias terapéuticas se analizan la intervención dietética, el FMT, los fármacos dirigidos a la microbiota, los agonistas de FXR (resmetirom para la MASH) y los agonistas de GLP-1. La revisión constituye una actualización exhaustiva de 2024 sobre la traslación entre hepatología y microbioma.

[712] Kootte R, Levin E, Salojärvi J, Smits L, Hartstra A, Udayappan S, Hermes G, Bouter K, Koopen A, Holst J, Knop F, Blaak E, Zhao J, Smidt H, Harms A, Hankemeijer T, Bergman J, Romijn H, Schaap F, Olde Damink S, Ackermans M, Dallinga-Thie G, Zoetendal E, de Vos W, Serlie M, Stroes E, Groen A, Nieuwdorp M. Improvement of Insulin Sensitivity after Lean Donor Feces in Metabolic Syndrome Is Driven by Baseline Intestinal Microbiota Composition. Cell metabolism. 2017. Link

La composición basal de la microbiota determina quién responde favorablemente al FMT en el síndrome metabólico — El FMT alogénico mejoró la sensibilidad a la insulina a las 6 semanas; el efecto no se mantuvo a las 18 semanas. La respuesta se correlaciona con una baja diversidad basal de la microbiota. Los metabolitos plasmáticos (GABA) se modificaron. Seguimiento revelador del mecanismo del ensayo de Vrieze de 2012.

Autores:
PG
Dr. Patay Gábor
médico, especialista en microbiota
BA
Dr. Bezzegh Attila
director médico, microbiólogo clínico
AM
Dra. Anna Munar
médica, especialista en exposoma
MicroBiome Bank — contenido profesional revisado médicamente. Última actualización: 2026.