I.1.

1. La microbiota humana y su manejo – Marcos clínicos

Su cuerpo es un ecosistema microbiano; cuando su equilibrio se derrumba, el FMT no busca matar a un patógeno, sino reconstruir la comunidad entera.

Construir una nueva vida, un microbio cada vez – Por qué existe este manual

El consenso científico actual considera el cuerpo humano un ecosistema en el que los microbios participan de forma activa en la digestión, en la regulación inmunitaria y en un amplio abanico de procesos metabólicos que se extienden mucho más allá del tracto gastrointestinal. Esta comunidad microbiana es inmensa: solo el intestino humano alberga aproximadamente 3,8×10¹³ células bacterianas (aproximadamente 1:1 respecto a las células del huésped), que representan más de 1000 especies a nivel poblacional (con 200–300 especies coexistiendo en cada individuo); su metagenoma combinado es unas 150 veces mayor que el propio genoma humano [1], [2]. Esta comunidad —la microbiota intestinal[G]— no es un espectador pasivo de la salud humana, sino un participante activo en procesos como la producción de ácidos grasos de cadena corta, el metabolismo de los ácidos biliares, la educación del sistema inmunitario, la síntesis de metabolitos neuroactivos y la resistencia a la colonización frente a patógenos[G].

Hoy reconocemos que el cuerpo humano es un superorganismo: un ecosistema complejo y en interacción dinámica formado por células humanas y billones de organismos microbianos. La alteración de este ecosistema —conocida como disbiosis— se asocia a un amplio abanico de afecciones que van mucho más allá de la enfermedad gastrointestinal: síndrome metabólico, enfermedad inflamatoria intestinal (enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa), enfermedades autoinmunes, trastornos del estado de ánimo y susceptibilidad a infecciones recurrentes [3], [4]. La implicación terapéutica es clara: devolver un sistema alterado a un estado estable y funcional tiene consecuencias clínicas medibles.

El objetivo clínico de esta guía es apoyar la restauración de la microbiota[G] en pacientes con afecciones asociadas a la disbiosis, mediante el trasplante de microbiota fecal y las intervenciones estructuradas sobre el estilo de vida vinculadas a él. Este manual ofrece el fundamento científico, los protocolos clínicos —todavía preliminares— y las herramientas prácticas para cada etapa del proceso.

Es importante subrayar que este manual no es material promocional, sino una obra de referencia clínica y científica de uso práctico. Toda afirmación que contiene está respaldada por literatura revisada por pares; las referencias figuran al final de cada capítulo. Las recomendaciones se gradúan según la fuerza de la evidencia, y las orientaciones bien establecidas se distinguen de forma explícita de aquellas áreas que descansan sobre evidencia emergente o preliminar, las cuales no por ello son menos importantes. Allí donde se requiere un juicio clínico individual, esta guía remite expresamente al lector a consultar con su médico responsable.

Disbiosis – El desequilibrio ecológico asociado a numerosas afecciones

Una microbiota alterada, conocida como disbiosis, no es una entidad patológica, sino un desequilibrio ecológico: un estado funcional. La disbiosis[G] puede manifestarse como:

  • Diversidad microbiana reducida, que compromete la resiliencia y la redundancia metabólica;
  • Sobrecrecimiento de especies oportunistas (p. ej., Clostridioides difficile (antes Clostridium difficile));
  • Desregulación funcional, en la que la producción metabólica microbiana es anómala aunque la composición de la comunidad parezca superficialmente intacta.

La dirección causal entre la disbiosis y estas afecciones no siempre está establecida; en muchos casos ambas se refuerzan mutuamente: la matriz bacteriana alterada amplifica la inflamación y la disfunción metabólica, lo que a su vez desestabiliza aún más la microbiota [5]. Interrumpir este ciclo —mediante la restauración ecológica y no solo mediante la supresión de los síntomas— es la razón terapéutica del FMT y de las intervenciones sobre el estilo de vida descritas en esta guía.

Conviene introducir el concepto contrario: la eubiosis. En este estado equilibrado, la comunidad intestinal mantiene una elevada diversidad de especies, una actividad metabólica funcional y resistencia a la colonización, es decir, la capacidad de impedir el establecimiento de patógenos mediante la exclusión competitiva y la supresión mediada por metabolitos. La eubiosis (un estado equilibrado de la microbiota intestinal caracterizado por una diversidad alta y una estabilidad funcional) no es un punto final fijo ni una composición definida; es un estado funcional dinámico que la microbiota de cada individuo puede alcanzar por vías distintas, según su fondo genético, sus patrones alimentarios y su historia ambiental [6]. Las intervenciones descritas en esta guía buscan crear las condiciones bajo las cuales la eubiosis pueda reaparecer y mantenerse de forma sostenible.

En este contexto, el uso del tratamiento antibiótico como método para tratar una infección se convierte en una paradoja: elimina los patógenos y al mismo tiempo daña aún más la infraestructura ecológica de la resistencia a la colonización. Esta paradoja resulta más aguda en la infección recurrente por C. difficile, en la que cada ciclo antibiótico suprime al patógeno mientras elimina las poblaciones microbianas competidoras que impedirían su retorno, creando así un ciclo de recurrencia que los antibióticos por sí solos no pueden romper [7]. El FMT aborda esta paradoja de forma directa: reintroduciendo la comunidad ecológica en lugar de limitarse a atacar al patógeno.

FMT – Restauración ecológica, no solo un procedimiento

Los preparados de FMT —incluidos los específicos de fase para la inducción hospitalaria, el tratamiento de la CDI, la evaluación de compatibilidad y la consolidación— están diseñados para introducir comunidades microbianas de donante diversas y cribadas en el tracto intestinal del receptor. El efecto terapéutico del FMT, sin embargo, va más allá de la recolonización bacteriana. El trasplante transporta metabolitos, bacteriófagos, compuestos inmunomoduladores y las relaciones ecológicas funcionales entre especies que confieren a la comunidad sus propiedades de resiliencia. A este sistema lo llamamos matriz de la microbiota. Esta complejidad explica por qué el FMT supera a la suplementación con probióticos en la disbiosis grave: no aporta cepas aisladas, sino una comunidad integrada con una dinámica competitiva y metabólica ya establecida [7], [8].

Un trasplante logrado, no obstante, no consiste únicamente en administrar microbios. Consiste también en crear y mantener las condiciones ecológicas favorables en las que la comunidad entrante pueda establecerse, seguir siendo competitiva e integrarse. Esta es la lógica fundacional de los protocolos de tratamiento: la intervención de FMT se inserta en un marco estructurado de evaluación de compatibilidad, inducción, consolidación y reducción escalonada, y cada fase optimiza aspectos distintos de la restauración ecológica. Este protocolo se describe en detalle en el capítulo II de esta guía.

La base de evidencia del FMT es más sólida en la infección recurrente por C. difficile, donde se han documentado tasas de curación del 81–94 % (81 % con dosis única, 94 % tras dosis repetida) en múltiples ensayos controlados aleatorizados [7], [9]. En las afecciones crónicas distintas de la CDI —incluidas la enfermedad inflamatoria intestinal, el síndrome metabólico y los trastornos gastrointestinales funcionales— la evidencia es más variable y el protocolo de tratamiento, en consecuencia, más complejo, y exige una consolidación más prolongada y una evaluación de compatibilidad cuidadosa. El capítulo II detalla también la base científica de estas diferencias de protocolo.

El exposoma – El entorno que determina si el FMT funciona

Más allá de las cápsulas, el mayor determinante del éxito de la colonización por la microbiota es el propio paciente o, más exactamente, su exposoma. El exposoma[G] es la totalidad de las exposiciones ambientales que un individuo experimenta a lo largo de su vida: alimentación, actividad física, sueño, estrés, medicamentos, exposiciones químicas y entorno social [10], [11]. Todos estos factores pueden nutrir o alterar el ecosistema microbiano. Por ejemplo:

  • Los antibióticos eliminan patógenos, pero al mismo tiempo alteran la integridad estructural y funcional de la comunidad microbiana comensal, y suprimen la resistencia a la colonización junto con el patógeno diana.
  • Los alimentos procesados y los aditivos alimentarios favorecen la disbiosis, mientras que la fibra alimentaria aporta el sustrato fermentable que sostiene a los taxones productores de SCFA[G], esenciales para la salud mucosa y la regulación inmunitaria.
  • El estrés crónico y el sueño de mala calidad afectan directamente al eje intestino-cerebro y modifican la composición microbiana mediante cambios de la motilidad mediados por el cortisol, un aumento de la permeabilidad epitelial y cambios de conducta en la alimentación y la actividad física.

En el contexto del FMT, el exposoma tiene un papel clínico específico y medible: define las condiciones ecológicas en las que se introduce la comunidad del donante y dentro de las cuales esta debe competir y establecerse. Los factores ambientales que apoyan a la comunidad entrante —fibra alimentaria suficiente, sueño regular, actividad física moderada, estrés controlado, exposición mínima a antibióticos innecesarios— aumentan de forma sustancial la probabilidad de un injerto duradero del FMT[G]. El exposoma que actúa en contra de la comunidad entrante crea condiciones que favorecen el resurgimiento de las especies promotoras de disbiosis y la regresión ecológica.

Desde el punto de vista clínico, la corrección gradual de la alimentación, el sueño, el estrés y la carga de medicación apoya la resiliencia microbiana de forma más fiable que las intervenciones bruscas o extremas. El Cuestionario de Evaluación del Exposoma que se completa al final de la evaluación de compatibilidad de la fase 0 (el cuestionario D•E•M•I, presentado en el capítulo III.2) es el instrumento clínico estructurado con el que el médico responsable cartografía el perfil de exposoma individual de cada paciente antes de la inducción, e identifica las barreras y los factores facilitadores cuyo manejo puede optimizar las condiciones para el FMT. Los capítulos que siguen a la sección del protocolo de FMT de esta guía describen en detalle cada gran dominio del exposoma, con recomendaciones concretas ordenadas por la fuerza de la evidencia.

Cómo usar esta guía – La estructura del programa de recuperación con FMT

Esta guía sigue el recorrido clínico del paciente desde el periodo previo al FMT hasta el mantenimiento a largo plazo del ecosistema restaurado. No está pensada para leerse de principio a fin de una sentada; es un documento de referencia, que se utiliza capítulo a capítulo a medida que avanza el tratamiento. La tabla siguiente resume la estructura de la guía y su relación con las fases del protocolo clínico.

CapítuloTítuloFase del protocoloFinalidad
IIntroducciónPretratamientoMarco científico: qué es la microbiota, qué significa la disbiosis, qué hace el FMT y cómo el exposoma condiciona los resultados
III.1¿Qué es el FMT?PretratamientoVías de administración, ciencia de la relación dosis-respuesta, protocolo de evaluación de compatibilidad, arquitectura de tratamiento en cuatro fases
III.2Preparación previa al FMTPreparación de la fase 0Necesidad de lavado de antibióticos / preparación intestinal, preparación dietética, revisión de la medicación, cuestionario del exposoma (D•E•M•I)
III.3El procedimiento de FMTFase 1, inducciónQué ocurre durante el FMT por colonoscopia, por cápsulas y por enema; preparación del donante y registro de seguridad
III.4Primera semana tras el FMTFase 1 / inicio de la fase 2Signos normales frente a signos de alarma; diario diario de síntomas; interpretación de las señales de compatibilidad de la fase 0
III.5Fase de consolidaciónFase 2 (semanas 2–6 y siguientes)Biología semana a semana; adherencia al calendario de cápsulas; papel de la alimentación, el sueño, la actividad y el estrés en el injerto
III.6Signos de alarmaTodas las fasesSignos de alarma de nivel 1 (emergencia) y de nivel 2 (urgentes); tabla de consulta rápida; poblaciones de mayor riesgo
III.7Reducción escalonada y mantenimiento a largo plazoFase 3 / mantenimiento autónomoReducción escalonada y mantenimiento a largo plazo
IV–XIVDominios del exposoma (alimentación, estilo de vida, medicamentos, entorno, etc.)Todas las fases y mantenimiento a largo plazoOrientación basada en la evidencia sobre cada factor principal que da forma al microbioma; con referencias cruzadas a las fases del protocolo cuando procede

Tabla 1 – Estructura de los capítulos de la guía y su correspondencia con el protocolo clínico # Los capítulos III.1–III.7 cubren el protocolo de FMT completo; los capítulos del exposoma (IV–XIV) se aplican en paralelo a lo largo de todo el periodo de tratamiento.

Cuatro principios rigen el uso más eficaz de esta guía:

  • Siga la secuencia del protocolo. Lea los apartados del capítulo II en el orden en que aparecen; no se salte ninguno: cada apartado se apoya en el anterior.
  • La coordinación entre el equipo clínico y el paciente es imprescindible. Esta guía complementa el tratamiento clínico, no lo sustituye. Cuando exista cualquier discrepancia entre esta guía y las instrucciones de un médico, esas instrucciones prevalecen siempre. Esta guía pretende favorecer la comprensión de la razón que hay detrás de las decisiones clínicas, no permitir que un paciente tome decisiones clínicas por su cuenta.
  • Se recomienda usar el Diario de Alimentación y Síntomas desde el primer día. Los capítulos del protocolo de FMT remiten continuamente al Diario de Alimentación y Síntomas, que es la principal herramienta clínica de seguimiento en todas las fases del tratamiento. Empiece a completarlo antes de su primera dosis de FMT y manténgalo de forma constante. La calidad de sus anotaciones influye directamente en la calidad de las decisiones clínicas que se tomen en su nombre.
  • Introduzca los cambios de estilo de vida de forma progresiva. Los capítulos del exposoma (III–XI) describen varios dominios de intervención simultáneos. No intente cambiarlo todo a la vez. Priorice los cambios que le recomiende su equipo clínico, en el orden que le indiquen, según su perfil individual de exposoma. Cada nuevo patrón de conducta debería aplicarse y consolidarse dentro de una ventana de integración de 14–21 días.

Todos los demás capítulos son material de referencia. Están organizados de modo que se pueda ir directamente al tema más pertinente para la situación del momento, ya sea una duda dietética, una preocupación sobre la medicación o un factor ambiental que convenga entender.

Una reflexión final – La salud es un ecosistema, no un campo de batalla

El mensaje clave de este manual es sencillo: la salud no es la ausencia de microbios, sino la presencia de una vida microbiana equilibrada. El modelo terapéutico que encarna esta guía es ecológico, no eliminativo: en lugar de perseguir la eliminación de los patógenos, restaura la comunidad competitiva que hace imposible el establecimiento de patógenos —y el paso de determinados microbios a estados patógenos—; en lugar de suprimir los síntomas solo con agentes farmacológicos, reconstruye la infraestructura ecológica de la que puede surgir de forma duradera una remisión sostenida. Esto no supone un rechazo de la medicina convencional, sino una extensión de la biología humana hacia su dimensión ecológica.

La disbiosis no se asocia a una única enfermedad: está vinculada a numerosas afecciones, aunque la fuerza de la evidencia y las relaciones causales difieren considerablemente según la indicación. La restauración de la microbiota no consiste en eliminar lo perjudicial, sino en reconstruir lo beneficioso. El protocolo de FMT, las intervenciones sobre el exposoma y las pautas de estilo de vida sirven todos a este propósito ecológico.

Con esta guía, con el tratamiento con FMT y con intervenciones deliberadas sobre el estilo de vida, no estamos tratando meramente una enfermedad. Estamos creando las condiciones para que surja una comunidad microbiana intestinal más resiliente y más diversa. Los capítulos que siguen describen cada paso de este trabajo.

Vía rápida: Guía rápida

⚡ Vía rápida: si solo lee tres cosas de esta guía

Este manual es deliberadamente exhaustivo: está pensado para consultarse en distintas etapas del tratamiento y no para leerse entero de una sentada. Si necesita información ahora y dispone de poco tiempo, estos tres capítulos contienen el contenido más imprescindible de forma inmediata:

Capítulo III.6 – Signos de alarma: información que debe leerse antes de administrar la primera dosis. Qué síntomas exigen contacto inmediato entre médico y paciente.

Capítulo XVIII-3 – Diario de Alimentación y Síntomas: debe completarse a partir del día 1 de la fase 0; es una herramienta de seguimiento del paciente. Los datos influyen directamente en la selección del material de donante adecuado y en la toma de decisiones clínicas.

Capítulo XVIII-5 – Guía de prioridades: información que debe revisarse al comienzo de cada fase del tratamiento. Enumera los tres elementos más importantes de esa fase.

Perla clínica

Un intestino adulto contiene del orden de decenas de billones de células microbianas, que codifican varios millones de genes únicos, una cifra que supera con mucho el genoma humano. El FMT no se limita a complementar este ecosistema; puede restablecer funciones ecológicas clave. La implicación clínica es que los factores de estilo de vida posteriores al FMT son determinantes principales de que la comunidad trasplantada persista, junto con los factores relacionados con el donante y con el huésped.

Referencias

[1] Sender R, Fuchs S, Milo R. Are We Really Vastly Outnumbered? Revisiting the Ratio of Bacterial to Host Cells in Humans. Cell. 2016. Link

[2] Qin J, Li R, Raes J et al. A human gut microbial gene catalogue established by metagenomic sequencing. Nature. 2010. Link

[3] Turnbaugh PJ, Ley RE, Hamady M, Fraser-Liggett CM, Knight R, Gordon JI. The Human Microbiome Project. Nature. 2007. Link

[4] Lynch SV, Pedersen O. The Human Intestinal Microbiome in Health and Disease. N Engl J Med. 2016. Link

[5] Thaiss CA, Zmora N, Levy M, Elinav E. The microbiome and innate immunity. Nature. 2016. Link

[6] Lozupone CA, Stombaugh JI, Gordon JI, Jansson JK, Knight R. Diversity, stability and resilience of the human gut microbiota. Nature. 2012. Link

[7] van Nood E, Vrieze A, Nieuwdorp M et al. Duodenal infusion of donor feces for recurrent Clostridium difficile. N Engl J Med. 2013. Link

[8] Ianiro G, Punčochář M, Karcher N et al. Variability of strain engraftment and predictability of microbiome composition after fecal microbiota transplantation across different diseases. Nat Med. 2022. Link

[9] Peery AF, Kelly CR, Kao D et al. AGA Clinical Practice Guideline on Fecal Microbiota-Based Therapies for Select Gastrointestinal Diseases. Gastroenterology. 2024. Link

[10] Wild, C. P. Complementing the Genome with an 'Exposome': The Outstanding Challenge of Environmental Exposure Measurement in Molecular Epidemiology. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2005. Link

[11] Rappaport SM, Smith MT. Epidemiology. Environment and Disease Risks. Science. 2010. Link

PG
Guía de la Microbiota · Autores: Dr. Patay Gábor — médico, especialista en microbiota · Dr. Bezzegh Attila — director médico, microbiólogo clínico · Dra. Anna Munar — médica, especialista en exposoma
MicroBiome Bank — contenido profesional revisado médicamente. Última actualización: 2026.