XIII.3.

3. El parto por cesárea

Los bebés nacidos por cesárea parten de un arranque microbiano distinto; aun así, el contacto piel con piel, la lactancia materna y un uso prudente de los medicamentos pueden sostener el desarrollo de la comunidad intestinal.

Un comienzo microbiano diferente

El nacimiento por cesárea se asocia a un perfil microbiano precoz alterado en el intestino del lactante en comparación con el parto vaginal [39].

Anécdota

En 2010, una microbióloga nacida en Venezuela llamada María Gloria Domínguez-Bello, entonces en la Universidad de Puerto Rico, publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences un artículo que dio nombre y mecanismo a algo que las matronas llevaban siglos observando sin poder explicarlo: los bebés nacidos por cesárea se comportaban de forma distinta a los nacidos por vía vaginal. Domínguez-Bello y sus colaboradores documentaron que los lactantes nacidos por vía vaginal quedaban colonizados en los primeros minutos de vida por comunidades microbianas muy parecidas a la microbiota vaginal de su madre: comunidades dominadas por Lactobacillus, históricamente asociadas a un desarrollo inmunitario sano en las primeras etapas de la vida. Los lactantes nacidos por cesárea, en cambio, quedaban colonizados por comunidades microbianas parecidas a las de las superficies hospitalarias y la piel: Staphylococcus, Corynebacterium y Propionibacterium. El artículo describía además una intervención preliminar: frotar a los recién nacidos por cesárea con una gasa que se había colocado en la vagina de la madre antes de la cirugía, lo que restauraba parcialmente el perfil microbiano. Domínguez-Bello no había descubierto que la cesárea influyera en los desenlaces. Los estudios epidemiológicos llevaban décadas documentando tasas elevadas de asma, alergia y obesidad en niños nacidos por cesárea. Lo que ella había descubierto era el mecanismo. El canal del parto no es solo una vía de salida. Es, para los organismos que han evolucionado para utilizarlo, un acontecimiento de inoculación.

Las consecuencias del parto por cesárea sobre la microbiota intestinal se caracterizaron de forma sistemática a partir del artículo de Domínguez-Bello de 2010 en PNAS y se ampliaron con múltiples cohortes de nacimiento prospectivas de gran tamaño durante la década siguiente. Los lactantes nacidos por cesárea muestran de manera consistente una menor abundancia de Bacteroidetes durante el primer año de vida, menos Bifidobacterium longum (la especie que domina la microbiota intestinal de los lactantes nacidos por vía vaginal) y más Clostridiales y organismos asociados al hospital, incluidos taxones resistentes a antibióticos. [238] Las consecuencias inmunológicas de los patrones de microbiota asociados a la cesárea se demostraron en múltiples estudios de cohortes que mostraron un aumento de las tasas de asma, dermatitis atópica, enfermedad inflamatoria intestinal y diabetes tipo 1 en los niños nacidos por cesárea frente a los controles nacidos por vía vaginal de las mismas cohortes. Un metanálisis de Blustein y Liu (2015, BMJ) sobre 26 estudios halló un aumento del 20 % en el riesgo de obesidad en los niños nacidos por cesárea. Estas asociaciones persistieron tras ajustar por la indicación de la cesárea (que a su vez se correlaciona con el estado metabólico materno). [2700] La intervención diseñada para abordar la alteración de la microbiota por cesárea —la siembra vaginal— se puso a prueba en el estudio de 2016 del grupo de Domínguez-Bello publicado en Nature Medicine. Los lactantes nacidos por cesárea a los que se frotó la piel, la boca y la nariz con fluido vaginal materno inmediatamente al nacer mostraron una normalización parcial de su microbiota a los 30 días en comparación con los controles nacidos por cesárea sin sembrar: más Lactobacillus y menos Staphylococcus, aunque sin equivaler del todo a los perfiles de los nacidos por vía vaginal. El procedimiento sigue siendo experimental a la espera de datos de seguridad y de desenlaces a más largo plazo. [262] El mensaje clínico para los futuros padres no es que la cesárea sea catastrófica para la microbiota —no lo es—, sino que las estrategias complementarias de inoculación microbiana (lactancia materna prolongada, contacto piel con piel, introducción temprana de alimentos con diversidad microbiana, evitación de antibióticos innecesarios en las primeras etapas de la vida) pueden compensar de forma relevante la siembra a través del canal del parto que la cesárea no proporciona.

Durante el parto vaginal, el recién nacido se expone a microbios maternos del canal del parto y de la región perianal adyacente, lo que contribuye a la colonización inicial del intestino. La cesárea interrumpe buena parte de este contacto, y los estudios observan de forma consistente diferencias en la comunidad microbiana en desarrollo durante las primeras semanas de vida [257].

Los lactantes nacidos por cesárea tienden a presentar abundancias relativas menores de bacterias clave como Bifidobacterium y Bacteroides, y una mayor representación de organismos más característicos de la piel o de fuentes ambientales. Estas diferencias pueden confirmarse mediante técnicas de secuenciación en varios momentos temporales.

Las comunidades microbianas no son meras listas taxonómicas: interaccionan con el huésped a través de vías funcionales. En las primeras etapas de la vida, las bacterias que producen ácidos grasos de cadena corta y otros metabolitos contribuyen a la maduración de la barrera intestinal y a la señalización con el sistema inmunitario. Las diferencias en la composición de la comunidad pueden por ello coincidir con alteraciones de las salidas metabólicas y de los marcadores inmunitarios, aunque las relaciones directas de causa-efecto son complejas y siguen en estudio.

La investigación epidemiológica ha identificado asociaciones entre el parto por cesárea y unas tasas más altas de cuadros alérgicos y de otros desenlaces inmunitarios en algunas poblaciones, pero estos hallazgos no son universales, y factores de confusión como el uso de antibióticos intraparto complican la interpretación.

Es importante señalar que muchos lactantes nacidos por cesárea muestran cambios progresivos en su microbiota a lo largo de los primeros meses y años de vida, influidos por la alimentación, las exposiciones a antibióticos y el entorno en sentido amplio. La lactancia materna exclusiva, por ejemplo, se asocia a niveles más altos de taxones beneficiosos y a las funciones metabólicas relacionadas.

Se han propuesto varias estrategias para apoyar el desarrollo de la microbiota tras el parto por cesárea, incluida la suplementación con probióticos o simbióticos, pero la evidencia sigue siendo preliminar y las recomendaciones concretas dependen de la investigación en curso.

En lugar de ver el nacimiento por cesárea como un determinante único de la salud a largo plazo, es más exacto considerarlo un factor que modela la trayectoria microbiana temprana. Esa trayectoria es dinámica y responde a múltiples influencias a lo largo de la lactancia y la infancia.

Estrategias de recuperación de la microbiota tras la cesárea

Un contacto piel con piel precoz y mantenido puede ofrecer vías no vaginales de transferencia microbiana materna y favorecer la adaptación fisiológica del recién nacido.

La lactancia materna aporta tanto microorganismos vivos como nutrientes selectivos que favorecen el crecimiento bifidobacteriano y la maduración funcional del ecosistema intestinal.

Procedimientos como la transferencia microbiana vaginal siguen siendo experimentales; su uso exige una evaluación médica cuidadosa y no forma parte de la atención habitual.

Un uso prudente de los antibióticos en el periodo neonatal ayuda a preservar las comunidades microbianas emergentes y equilibra el control de la infección con las consideraciones ecológicas.

El contacto con entornos exteriores corrientes —jardines, parques, aire libre— puede contribuir a la diversidad microbiana sin necesidad de intervención médica.

La dieta materna, incluidos los alimentos fermentados y las comidas ricas en fibra, puede influir en los metabolitos de la leche materna que modelan indirectamente la microbiota del lactante.

Evitar los antimicrobianos asociados al hospital innecesarios tras el parto favorece la sucesión microbiana natural siempre que sea clínicamente viable.

El papel de los probióticos en el lactante es prometedor, pero depende de la cepa; las decisiones se guían mejor por el contexto clínico individual.

Las interacciones domésticas cotidianas con los familiares y con los animales de compañía aportan las señales microbianas típicas que se han encontrado a lo largo de la historia humana.

Cuando estén disponibles, las prácticas de "cesárea respetuosa" que priorizan la proximidad precoz entre la madre y el recién nacido pueden ayudar a recrear algunos aspectos de la exposición del parto fisiológico.

Efectos sobre la microbiota

  • El parto por cesárea se asocia a una menor abundancia precoz de Bifidobacterium y Bacteroides, taxones clave para el aprovechamiento de los hidratos de carbono de la leche [238].
  • La colonización por Lactobacillus se produce a menudo más tarde que en los lactantes nacidos por vía vaginal [262].
  • La comunidad microbiana sigue una vía de maduración alternativa, no un patrón de lesión demostrado.
  • Los estudios de secuenciación detectan con frecuencia un predominio transitorio de Pseudomonadota (antes Proteobacteria) y Enterobacteriaceae, marcadores de inmadurez ecológica.
  • La producción de ácidos grasos de cadena corta (butirato (un ácido graso de cadena corta que es la principal fuente de energía de los colonocitos) (un ácido graso de cadena corta que nutre las células del colon y reduce la inflamación), acetato, propionato) puede estar reducida en los primeros meses.
  • Estos metabolitos influyen en la integridad de las uniones estrechas y en la regulación inmunitaria de la mucosa.
  • Un retraso en la señalización microbiana puede modificar la secreción de IgA y el equilibrio de los linfocitos T reguladores.
  • El ecosistema incluye bacteriófagos, hongos como Candida y arqueas como Methanobrevibacter, que modelan las redes bacterianas.
  • Se han descrito asociaciones entre los perfiles relacionados con la cesárea y desenlaces alérgicos o metabólicos, sin causalidad demostrada.
  • La lactancia materna promueve la expansión bifidobacteriana a través de los oligosacáridos de la leche humana.
  • El contacto piel con piel favorece la transferencia microbiana materna por vías no vaginales.
  • La transferencia microbiana vaginal es experimental y no es una práctica estándar.
  • Los probióticos pueden ayudar a la resistencia a la colonización, pero los beneficios dependen de la cepa y de la dosis.
  • Una exposición ambiental moderada (animales de compañía, vida al aire libre) puede aumentar la diversidad y la resiliencia.

Orientación para el paciente

  • Procure el contacto piel con piel con su bebé poco después de la cesárea siempre que la situación médica lo permita.
  • Haga de la lactancia materna la principal fuente de alimentación cuando sea posible, ya que favorece a las bacterias intestinales beneficiosas.
  • No intente la transferencia microbiana vaginal en casa; comente antes cualquier opción de este tipo con su médico.
  • Evite los antibióticos innecesarios en el periodo neonatal salvo que exista una indicación médica clara.
  • Pase tiempo con su bebé en entornos exteriores corrientes, como parques o jardines.
  • Incluya alimentos ricos en fibra y fermentados en la dieta de la madre para favorecer la calidad de la leche materna.
  • Plantéese los probióticos solo tras consejo médico y elija productos adecuados para lactantes.
  • Utilice la higiene habitual en lugar de esprays o toallitas antibacterianas de forma rutinaria alrededor del bebé.
  • Permita el contacto cotidiano y seguro con los familiares y con los animales de compañía para aportar señales microbianas normales.
  • Recuerde que el nacimiento por cesárea no es un callejón sin salida: unos hábitos de cuidado constantes pueden ayudar a que la microbiota se desarrolle bien.
Perla clínica

El parto vaginal expone al neonato a Lactobacillus, Prevotella y Sneathia, organismos que establecen la comunidad intestinal fundadora y programan la tolerancia inmunitaria de la mucosa. Los lactantes nacidos por cesárea muestran un déficit persistente de Bifidobacterium y una colonización elevada por Staphylococcus y Clostridium durante hasta 6 meses. Estas diferencias precoces de la comunidad se asocian a tasas de enfermedad alérgica, asma y cuadros autoinmunitarios entre un 20 y un 30 % más altas en las cohortes de cesárea.

Referencias

[39] Koh A, De Vadder F, Kovatcheva-Datchary P, Bäckhed F. From Dietary Fiber to Host Physiology: Short-Chain Fatty Acids as Key Bacterial Metabolites. Cell. 2016. Link

[238] Dominguez-Bello MG, Costello EK, Contreras M et al. Delivery mode shapes the acquisition and structure of the initial microbiota across multiple body habitats in newborns. Proc Natl Acad Sci USA. 2010. Link

[257] Rook, G. A. Regulation of the immune system by biodiversity from the natural environment. Proc Natl Acad Sci USA. 2013. Link

[262] Dominguez-Bello MG, De Jesus-Laboy KM, Shen N et al. Partial restoration of the microbiota of cesarean-born infants via vaginal microbial transfer. Nat Med. 2016. Link

[2700] Kuhle S, Tong OS, Woolcott CG. Association between caesarean section and childhood obesity: a systematic review and meta-analysis. . 2015. Link

PG
Guía de la Microbiota · Autores: Dr. Patay Gábor — médico, especialista en microbiota · Dr. Bezzegh Attila — director médico, microbiólogo clínico · Dra. Anna Munar — médica, especialista en exposoma
MicroBiome Bank — contenido profesional revisado médicamente. Última actualización: 2026.