XI. 3. Exposición solar y a los rayos UV. La luz solar como regulador microbiano y metabólico
La luz solar es más que calor: a través de la exposición a los rayos UV y de la vitamina D, ajusta su ritmo circadiano y su sistema inmunitario y, con ellos, su ecosistema intestinal.
El redescubrimiento de estos mecanismos, replanteado ahora desde la perspectiva del microbioma[G] intestinal, del eje VDR-inmunidad y de la biología circadiana, sugiere que la intuición empírica de Finsen apuntaba hacia un sistema biológico de una complejidad mucho mayor de la que él imaginó. La exposición solar no es meramente una fuente de calor o de luz visible. Es un regulador metabólico sistémico y, como demuestra la evidencia revisada en esta sección, su influencia se extiende al ecosistema intestinal de maneras que solo ahora empezamos a comprender.
La historia de la helioterapia no terminó con Finsen. A principios del siglo XX, antes de la era de los antibióticos, los sanatorios de Suiza, Escandinavia y Estados Unidos exponían de forma rutinaria a los pacientes con tuberculosis a la luz solar como parte de su protocolo de tratamiento. Los pacientes que pasaban más tiempo al sol evolucionaban mejor, una observación clínica empíricamente sólida pero mecanísticamente opaca para quienes la practicaban.
Lo que Finsen no podía saber —pero que la ciencia moderna ha establecido desde entonces— es que los mecanismos que había detrás de su éxito eran casi con certeza mucho más complejos que la destrucción directa de Mycobacterium tuberculosis por los rayos UV en la superficie de la piel. La radiación ultravioleta B desencadena la síntesis cutánea de vitamina D3, que se convierte en el hígado y el riñón en su forma hormonal activa, la 1,25-dihidroxivitamina D3. Este metabolito se une al receptor de la vitamina D (VDR) expresado en las células inmunitarias, incluidos los macrófagos, y regula al alza directamente la transcripción de la catelicidina, un péptido antimicrobiano endógeno que se cuenta entre las principales defensas del organismo frente a la infección micobacteriana.
En 1893, un médico danés llamado Niels Ryberg Finsen hizo una observación que acabaría valiéndole el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1903, el primero concedido a una terapia física y no a un fármaco o a una técnica quirúrgica. Mientras trabajaba en Copenhague, Finsen advirtió que el lupus vulgar, una forma desfigurante de tuberculosis cutánea, respondía notablemente a la luz ultravioleta concentrada. Desarrolló un dispositivo de lámpara de arco de carbón, trató a más de 800 pacientes y documentó tasas de curación sin precedentes para la época. Lo que Finsen no sabía —ni podía saber— era el mecanismo. El efecto bactericida que observó era real, pero haría falta otra década para que Casimir Funk y, más tarde, Elmer McCollum identificaran el compuesto liposoluble que la luz solar sintetiza en el tejido cutáneo: la vitamina D. Y otro siglo más para que los investigadores empezaran a cartografiar la tercera capa de esta historia: que la vitamina D es uno de los moduladores más potentes del entorno inmunitario intestinal y que las poblaciones con baja exposición solar muestran una calibración inmunitaria intestinal, una composición de la microbiota y una línea de base inflamatoria previsiblemente distintas de las de quienes se exponen al sol con regularidad. La lámpara de Finsen no solo estaba matando bacterias en la piel. Estaba activando una vía sistémica que, hoy lo entendemos, configura las condiciones ecológicas en las que opera la microbiota intestinal.
Perspectiva histórica: la luz como medicina. Niels Finsen y el nacimiento de la fototerapia
Exposición solar y a los rayos UV: cómo configura la luz el ecosistema intestinal
La luz solar no es meramente una fuente de calor o de vitamina D. Es una señal circadiana, un calibrador inmunitario y un regulador indirecto pero medible del ecosistema microbiano intestinal. Su ausencia —o su exceso sin adaptación— tiene consecuencias que van mucho más allá de la piel [677], [678].
La vía mejor establecida que conecta la luz solar con la salud intestinal discurre a través de la vitamina D. Cuando la radiación ultravioleta B (UVB) —longitudes de onda de 290–315 nm— alcanza la piel, convierte fotoquímicamente el 7-dehidrocolesterol en previtamina D3, que después se isomeriza térmicamente a vitamina D3 (colecalciferol). Tras la hidroxilación hepática a 25-hidroxivitamina D y la activación renal a 1,25-dihidroxivitamina D (calcitriol), la forma activa llega al intestino por el torrente sanguíneo y actúa sobre las células epiteliales e inmunitarias a través del receptor de la vitamina D (VDR) [677]. Es fundamental que el VDR se expresa no solo en las células epiteliales intestinales, sino también en las células de Paneth, las células dendríticas, los macrófagos y los linfocitos T de toda la lámina propia (capa de tejido conjuntivo situada bajo el epitelio intestinal) (la capa de tejido conjuntivo situada bajo el epitelio intestinal), todos ellos reguladores clave del tono inmunitario mucoso y de la selección microbiana.
La señalización de la vitamina D a través del VDR intestinal configura el entorno microbiano de múltiples formas. La activación del VDR regula al alza la expresión de péptidos antimicrobianos, en particular las defensinas (α-defensinas HD-5 y HD-6), que secretan las células de Paneth en la base de las criptas intestinales. Estas defensinas ejercen una presión antimicrobiana selectiva: suprimen los patógenos gramnegativos oportunistas con más potencia de la que afectan a los anaerobios comensales grampositivos. Esta selectividad implica que un aporte suficiente de vitamina D mantiene de hecho un sesgo composicional a favor de las especies comensales [678], [679]. A la inversa, el microbioma intestinal de los ratones deficientes en receptor de la vitamina D (Vdr-/-) está sustancialmente reestructurado: en las heces, Lactobacillus está empobrecido mientras que Clostridium y Bacteroides están enriquecidos, y en el ciego Alistipes y Odoribacter están empobrecidos mientras que Eggerthella está enriquecido; además, decenas de módulos funcionales del microbioma (metabolismo de aminoácidos, de hidratos de carbono y de ácidos grasos, detoxificación) se ven desplazados [680]. Se trata de un hallazgo obtenido en un modelo genético murino. Estos hallazgos en modelos animales se ven corroborados por datos epidemiológicos que muestran que las poblaciones con concentraciones circulantes más altas de 25(OH)D presentan de forma consistente una mayor riqueza microbiana intestinal y perfiles más bajos de marcadores inflamatorios [681].
Una segunda vía importante conecta la luz solar con el intestino mediante el arrastre del ritmo circadiano. El reloj circadiano maestro, situado en el núcleo supraquiasmático (NSQ) del hipotálamo, se sincroniza principalmente por la luz que reciben las células ganglionares de la retina. Este reloj central sincroniza los relojes periféricos de todo el organismo, incluidos los de las células epiteliales intestinales y los del propio microbioma intestinal. El microbioma experimenta oscilaciones diurnas robustas tanto en su composición como en su actividad metabólica, y sigue ciclos previsibles a lo largo de 24 horas en sincronía con los ritmos de alimentación, ayuno y hormonales del huésped [021]. Estas oscilaciones se alteran por una exposición lumínica insuficiente o mal sincronizada. Los estudios en trabajadores por turnos y en viajeros con desfase horario —grupos con desalineación circadiana crónica— muestran de forma consistente una composición alterada del microbioma intestinal, una menor producción de SCFA y una mayor permeabilidad intestinal[G] en comparación con controles alineados circadianamente [021], [682]. A la inversa, la exposición matutina a luz brillante, al reforzar el arrastre circadiano, favorece el patrón oscilatorio regular de la microbiota intestinal y los ciclos de metabolitos de origen intestinal que regulan el apetito, la sensibilidad a la insulina y la inmunidad mucosa.
Más allá de la vitamina D y de la regulación circadiana, la exposición a UVB desencadena la liberación cutánea de óxido nítrico (NO) desde los depósitos de la piel, con independencia de la síntesis de vitamina D. El óxido nítrico actúa como vasodilatador y como molécula de señalización, e influye en el flujo sanguíneo hacia el intestino, modula la motilidad intestinal y ejerce efectos antimicrobianos directos sobre ciertos patógenos de la luz intestinal. Aunque los efectos directos del NO de origen cutáneo sobre el microbioma intestinal están peor caracterizados que los de la vitamina D, los patrones epidemiológicos —incluidos los gradientes dependientes de la latitud en la prevalencia de la enfermedad inflamatoria intestinal (enfermedad inflamatoria intestinal: enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa) y la fuerte correlación estacional de los brotes de IBD (enfermedad inflamatoria intestinal: enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa) con los meses de índice UV bajo— sugieren que la vía UVB-NO podría contribuir de forma independiente a la estabilidad de la mucosa intestinal.
El microbioma cutáneo también se ve afectado directamente por la exposición solar a los rayos UV. La radiación UV altera la composición de la comunidad microbiana de la piel al suprimir las especies sensibles a los UV y enriquecer las resistentes. Staphylococcus epidermidis, un comensal dominante, produce un pigmento carotenoide que absorbe los UV y confiere una protección parcial frente a los UV a la superficie cutánea. Una exposición repetida e intensa a los UV puede reducir la densidad de Staphylococcus epidermidis y desplazar la piel hacia comunidades menos diversas, dominadas por taxones tolerantes a los UV [683]. Aunque el microbioma cutáneo no es el microbioma intestinal, se comunica con la inmunidad sistémica y representa un componente de la exposición microbiana total, particularmente relevante en el contexto del uso excesivo de fotoprotectores que, si bien protege frente a la carcinogénesis, también puede reducir la diversidad microbiana cutánea y limitar la síntesis de vitamina D cuando se emplea con SPF 30+ en toda la piel expuesta sin una exposición moderada y sin protección en momentos determinados.
La variación estacional del microbioma intestinal está documentada en varios estudios: en los cazadores-recolectores hadza, la composición de la comunidad cambia de forma cíclica con las estaciones [676], y en voluntarios con déficit de vitamina D residentes en latitudes altas la irradiación con UVB de banda estrecha elevó la diversidad alfa de la microbiota fecal y la abundancia de Lachnospiraceae, una familia que incluye taxones productores de SCFA[G] [679]. Las revisiones sobre la relación entre la vitamina D y el microbioma intestinal consideran plausible este mecanismo [681], [684]; no obstante, no se dispone actualmente de datos longitudinales a nivel de taxón sobre una disbiosis[G] invernal recurrente en poblaciones de latitudes altas o circumpolares. Este ritmo estacional del microbioma no es una mera curiosidad: se correlaciona con patrones estacionales del estado de ánimo, la inmunidad y parámetros metabólicos, entre ellos la resistencia a la insulina.
La implicación práctica no es la helioterapia ni la evitación del sol, sino una exposición a los UV calibrada, regular y moderada, combinada con la monitorización de la vitamina D y, cuando esté indicada, con la suplementación. La dosis concreta de exposición solar necesaria para la síntesis de vitamina D varía sustancialmente según la latitud, la estación, el fototipo cutáneo y la hora del día, por lo que no puede darse una pauta numérica única de exposición. El principio práctico general es una exposición solar al aire libre regular y breve durante los meses de verano, que nunca llegue a producir quemadura, junto con el control analítico del estado de vitamina D. En latitudes por encima de los 50° N —donde las mediciones se realizaron en Edmonton (52° N) entre octubre y marzo— el contenido de UVB de la luz solar invernal prácticamente no pone en marcha la síntesis cutánea de vitamina D, con independencia de la duración de la exposición [767]; las fuentes dietéticas y la suplementación son, por tanto, la principal estrategia de vitamina D durante esos meses [677], [678].
Cómo optimizar la exposición a la luz solar para la salud microbiana y metabólica
Busque la luz solar matutina en los 30–60 minutos siguientes a despertarse siempre que sea posible, incluso en días nublados: el componente de luz azul del cielo matinal atraviesa la cobertura nubosa lo suficiente como para favorecer el arrastre circadiano, aun cuando la irradiancia UVB sea insuficiente para la síntesis de vitamina D. El beneficio circadiano de la luz exterior de la mañana es independiente de los UV y actúa a través de los fotorreceptores retinianos, no de la piel.
Reserve un periodo regular de exposición solar moderada del mediodía en brazos, piernas y cara los días de buen tiempo, durante los meses en que su latitud y la estación permitan la síntesis por UVB. Aproveche esa ventana sin fotoprotector en las zonas de piel elegidas durante el tiempo mínimo apropiado para su fototipo cutáneo (habitualmente 10–25 minutos) y aplique después protección solar si va a permanecer más tiempo al aire libre. Este enfoque favorece a la vez la síntesis de vitamina D y limita la acumulación de UV carcinogénicos.
Monitorice las concentraciones séricas de 25-hidroxivitamina D con una periodicidad anual o semestral, en particular si vive por encima de la latitud 45°N, trabaja predominantemente en interiores, tiene fototipos cutáneos más oscuros que requieren exposiciones a los UV más largas para una síntesis equivalente, viste ropa que cubre el cuerpo por motivos culturales o religiosos, o padece enfermedades gastrointestinales crónicas que dificultan la absorción de vitaminas liposolubles. Comente su resultado y la necesidad de suplementación con su médico; el umbral de suficiencia basado en la evidencia se sitúa por lo general en 50–75 nmol/l (20–30 ng/ml), aunque las concentraciones óptimas para la función inmunitaria intestinal podrían ser más altas.
Proteja la integridad circadiana evitando la luz artificial intensa —en particular la luz de espectro azul de las pantallas y de la iluminación LED cenital— en las dos o tres horas anteriores al sueño. El reloj circadiano que regula las oscilaciones del microbioma intestinal se altera con la exposición lumínica vespertina tanto como se favorece con la exposición lumínica matutina. La simetría importa: la exposición a la luz por la mañana y la reducción de luz por la tarde-noche son igual de importantes para mantener la ritmicidad circadiana microbiana.
En los inviernos de latitudes altas (por encima de aproximadamente 50°N, de octubre a marzo), asuma que es improbable que la exposición a los UV en el exterior proporcione una síntesis significativa de vitamina D, sea cual sea su duración. Durante esos meses, las fuentes dietéticas —incluidos el pescado azul, las yemas de huevo, los lácteos enriquecidos y las setas secadas al sol— aportan cantidades modestas, y la suplementación (habitualmente 1.000–2.000 UI diarias de vitamina D3 en la mayoría de los adultos) está ampliamente recomendada y respaldada por la evidencia. Comente la dosis con su médico, en especial si padece enfermedades que afecten al metabolismo de la vitamina D.
Evite los dos extremos que dominan el discurso popular sobre el sol y la salud de la piel: la evitación solar total (que elimina la síntesis de vitamina D, los beneficios del arrastre circadiano por la luz y la liberación de NO) y la exposición solar prolongada sin protección (que acumula carga de UV carcinogénicos y provoca daño cutáneo inflamatorio). La base de evidencia respalda una vía intermedia: una exposición regular, moderada y bien programada.
Efectos sobre la microbiota
- La señalización del receptor de la vitamina D (VDR) en las células de Paneth intestinales regula al alza la expresión de α-defensinas (HD-5 y HD-6), que ejercen una presión antimicrobiana selectiva favorable a los anaerobios comensales grampositivos frente a los oportunistas gramnegativos; los modelos de ratón con VDR inactivado muestran una diversidad alfa marcadamente reducida, una abundancia disminuida de Lactobacillus y Bifidobacterium y proporciones elevadas de Clostridiales disbióticos en comparación con los controles de tipo salvaje [678], [679].
- Las concentraciones circulantes de 25-hidroxivitamina D en cohortes humanas observacionales se correlacionan positivamente con la diversidad alfa microbiana intestinal (riqueza y equidad) y negativamente con la abundancia de taxones inflamatorios, con las asociaciones más intensas documentadas para Faecalibacterium prausnitzii —un comensal butirogénico antiinflamatorio clave— y Akkermansia muciniphila, una degradadora de mucina que sostiene la barrera intestinal [681].
- El microbioma intestinal experimenta oscilaciones de 24 horas robustas y predecibles en su composición y en su producción metabólica, arrastradas por los ritmos circadianos del huésped; la desalineación circadiana causada por una exposición lumínica irregular suprime estas oscilaciones, reduce el ciclo diurno de SCFA y aumenta la permeabilidad intestinal, efectos que se revierten parcialmente al restablecer una exposición constante al ciclo luz-oscuridad [021], [682].
- Las revisiones que resumen los cambios de taxones según el estado y la suplementación de vitamina D vinculan de forma constante las proporciones de Bifidobacterium, Faecalibacterium prausnitzii y Akkermansia muciniphila con las concentraciones de 25(OH)D, y de forma inversa la proporción de Proteobacteria [681], [684]. De ahí se deriva la hipótesis —aún no confirmada por ningún estudio estacional directo en una población de latitud alta— de que el mínimo invernal de UV y de vitamina D podría acompañarse de un desplazamiento recurrente de taxones en el mismo sentido.
- La señalización del VDR modula la expresión de las proteínas de las uniones estrechas[G] intestinales (ocludina, claudina-1, ZO-1) y sostiene la integridad de la barrera epitelial; la insuficiencia de vitamina D en cohortes humanas se asocia a un aumento de los marcadores séricos de permeabilidad intestinal (zonulina[G], proteína de unión al lipopolisacárido), con independencia del diagnóstico de enfermedad inflamatoria intestinal [678], [679].
- La composición del microbioma cutáneo se modifica según los patrones de exposición a los UV; los comensales sensibles a los UV disminuyen con una exposición intensa o crónica, mientras que los taxones resistentes a los UV (incluidas las variantes de Staphylococcus epidermidis productoras de carotenoides) se enriquecen; las consecuencias inmunitarias sistémicas de estos cambios son hoy un área de investigación, más que una recomendación clínica establecida [683].
- La liberación cutánea de óxido nítrico inducida por UVB modula la motilidad intestinal y ejerce efectos bacteriostáticos sobre ciertos patógenos entéricos; el gradiente dependiente de la latitud en la prevalencia de IBD (mayor incidencia en las latitudes más altas) es coherente con un papel protector del NO derivado de los UV en la estabilidad de la mucosa intestinal, aunque la evidencia causal en humanos sigue siendo incompleta.
- La suplementación con vitamina D en ensayos controlados aleatorizados en personas con déficit de vitamina D produce desplazamientos medibles hacia comunidades intestinales más ricas en Lactobacillus y una reducción de los cocientes de desequilibrio Bacteroides-Firmicutes, si bien los tamaños del efecto son modestos en comparación con las intervenciones con fibra alimentaria y son más pronunciados en las personas con déficit basal que en aquellas con concentraciones suficientes [679].
Orientación para el paciente
- Salga al exterior en la primera hora tras despertarse, aunque sea brevemente y aunque el cielo esté cubierto. La luz de la mañana, incluso sin sol directo, es el zeitgeber más potente para su reloj circadiano y, con él, para el ciclo rítmico de su microbiota intestinal.
- En las estaciones y latitudes en que hay UV disponibles, permita 15–25 minutos de exposición de la piel sin protección en cara, brazos y piernas al mediodía, antes de aplicar el fotoprotector para estancias más largas al aire libre. Esto no es una recomendación para tomar el sol; es un umbral mínimo para la síntesis de vitamina D y la liberación de NO.
- Hágase determinar la 25-hidroxivitamina D: no dé por supuesta la suficiencia solo por llevar una vida al aire libre. El déficit es frecuente incluso en regiones con muchas horas de sol, en particular en personas con trabajos de interior, tonos de piel más oscuros o malabsorción de grasas.
- Si vive por encima de la latitud 50°N, planifique la suplementación con vitamina D de octubre a abril por defecto, no como una ocurrencia tardía. Comente la dosis (habitualmente 1.000–2.000 UI diarias) con su médico.
- Atenúe la iluminación de su casa y evite las pantallas en las dos horas previas a acostarse: este es el complemento vespertino de la exposición a la luz matutina. Ambas cosas juntas mantienen el arrastre circadiano que hace que su microbioma intestinal oscile a su hora.
- No confunda la protección solar con la evitación del sol. El fotoprotector es importante para las exposiciones prolongadas; no es necesario ni beneficioso durante los 15–25 minutos de exposición intencionada y moderada al sol del mediodía que favorece la síntesis de vitamina D.
- Si padece IBD u otra enfermedad intestinal, comente específicamente con su gastroenterólogo su estado sérico de vitamina D. La evidencia a favor de una optimización dirigida de la vitamina D es más sólida en esta población que en la población general, dado el papel del VDR en el mantenimiento de la barrera intestinal y en la regulación inmunitaria mucosa.
La exposición a la luz solar modula el microbioma a través de la síntesis de vitamina D (UV-B → 25-hidroxivitamina D3): la vitamina D3 regula directamente la producción de péptidos antimicrobianos en el epitelio intestinal (defensinas, catelicidinas). Una vitamina D sérica baja (
Referencias
[021] Thaiss CA, Zeevi D, Levy M, Zilberman-Schapira G, Elinav E et al. Transkingdom control of microbiota diurnal oscillations promotes metabolic homeostasis. Cell. 2014. Link
La composición y la función de la microbiota intestinal siguen un ritmo diario: la abundancia bacteriana y la actividad metabólica oscilan a lo largo del ciclo luz-oscuridad, y esa oscilación la impulsa sobre todo el ritmo alimentario del huésped. Cuando el ritmo se altera — modelado aquí en ratón y en muestras humanas tras un vuelo intercontinental —, la oscilación de la microbiota desaparece y se instaura una disbiosis; al trasplantar esa flora arrítmica a ratones libres de gérmenes se induce alteración metabólica. Conclusión: un ritmo diario regular es una condición de la estabilidad de la microbiota, de ahí el valor de una hora fija de despertar y de la luz matinal desde los primeros días del tratamiento.
[676] Smits SA, Leach J, Sonnenburg ED et al. Seasonal cycling in the gut microbiome of the Hadza hunter-gatherers of Tanzania. Science. 2017. Link
Este estudio analizó 350 muestras longitudinales de heces de cazadores-recolectores hadza de Tanzania a lo largo de más de un año. Los datos revelaron una reconfiguración cíclica anual del microbioma intestinal, con taxones que se volvían indetectables estacionalmente y luego reaparecían. La comparación con 18 poblaciones de 16 países mostró que la composición de la comunidad intestinal sigue el gradiente de modernización, y que los taxones hadza más volátiles estacionalmente son los mismos que diferencian a las poblaciones industrializadas de las tradicionales. Los hallazgos documentan la pérdida de linajes microbianos dinámicos en las poblaciones modernizadas como probable consecuencia del estilo de vida occidentalizado.
[677] Bikle, D. D. Vitamin D metabolism, mechanism of action, and clinical applications. Chem Biol. 2014. Link
Esta revisión describe la síntesis, el metabolismo y la señalización de la vitamina D. La vitamina D3 se sintetiza en la piel a partir de 7-dehidrocolesterol bajo radiación UVB, y la vitamina D2 a partir del ergosterol vegetal; ambas se metabolizan a 25-hidroxivitamina D (25OHD, por CYP2R1) y después a 1,25-dihidroxivitamina D (1,25(OH)2D, por CYP27B1), y son catabolizadas por CYP24A1. La 1,25(OH)2D actúa a través del receptor de vitamina D sobre los elementos de respuesta a vitamina D (VDRE), regulando cientos de genes de forma célula-específica. Los hallazgos aportan el marco para comprender los efectos pleiotrópicos de la vitamina D.
[678] Cantorna MT, Snyder L, Lin YD, Yang L. Vitamin D and 1,25(OH)2D regulation of T cells. Nutrients. 2015. Link
Esta revisión, con nuevos datos primarios, resume la regulación directa e indirecta de los linfocitos T por la vitamina D, incluidos los efectos sobre las células T natural killer invariantes (iNKT) humanas. In vivo, la 1,25(OH)2D inhibe la proliferación de linfocitos T, el IFN-gamma y la IL-17, e induce IL-4, y su eficacia requiere células NKT, IL-10, IL-10R e IL-4. En linfocitos T de ratón y humanos, la 1,25(OH)2D inhibe la IL-17 y el IFN-gamma, induce linfocitos T reguladores e IL-4, e induce IL-4 en las células iNKT. Los hallazgos detallan el papel mecanístico de la vitamina D en la regulación inmunitaria mediada por linfocitos T.
[679] Bosman ES, Albert AY, Lui H, Vallance BA, Jacobson K. Skin Exposure to Narrow Band Ultraviolet (UVB) Light Modulates the Human Intestinal Microbiome. Front Microbiol. 2019. Link
Este estudio clínico piloto en 21 mujeres sanas analizó si la exposición cutánea a ultravioleta B de banda estrecha (NB-UVB) modula el microbioma intestinal humano junto con el estado de vitamina D. Las participantes se estratificaron según la suplementación previa con vitamina D en invierno (VDS+ frente a VDS-). La NB-UVB elevó la 25OHD sérica y alteró la composición de la microbiota intestinal, con efectos modificados por el estado basal de vitamina D. Los hallazgos aportan evidencia humana preliminar de un eje piel-intestino por el que la síntesis de vitamina D inducida por UVB influye en la composición de la microbiota intestinal.
[680] Jin, D.; Wu, S.; Zhang, Y.-G.; Lu, R.; Xia, Y.; Dong, H.; Sun, J. Lack of Vitamin D Receptor Causes Dysbiosis and Changes the Functions of the Murine Intestinal Microbiome. Clinical Therapeutics 37(5):996–1009.e7. 2015. Link
Este estudio comparó, mediante secuenciación metagenómica, los microbiomas cecal y fecal de ratones deficientes en receptor de vitamina D (Vdr-/-) y de tipo silvestre, para aclarar el papel del VDR en la regulación de la composición y la función del microbioma intestinal. En los ratones Vdr-/-, Lactobacillus estaba disminuido en las heces mientras que Clostridium y Bacteroides estaban enriquecidos; en el contenido cecal, Alistipes y Odoribacter estaban disminuidos y Eggerthella enriquecida. En comparación con el tipo silvestre, se alteraron significativamente 40 módulos funcionales (26 enriquecidos, 14 disminuidos) en el microbioma cecal y 72 (41 enriquecidos, 31 disminuidos) en el fecal, afectando a la síntesis y el metabolismo de aminoácidos, hidratos de carbono y ácidos grasos, a la detoxificación y a la señalización por receptores tipo NOD. El VDR configura, por tanto, desde el lado del huésped, tanto la composición como las funciones metabólicas del microbioma intestinal.
[681] Akimbekov NS, Digel I, Sherelkhan DK, Lutfor AB, Razzaque MS. Vitamin D and the Host-Gut Microbiome: A Brief Overview. Acta Histochem Cytochem. 2020. Link
Esta revisión resume la evidencia que vincula la vitamina D y el receptor de vitamina D (VDR) con la integridad de la barrera intestinal, la inmunidad mucosa y la composición del microbioma intestinal. La vitamina D modula la función del microbioma intestinal, controla la expresión de péptidos antimicrobianos y protege las barreras epiteliales de la mucosa intestinal. Los hallazgos respaldan la vitamina D como regulador de la homeostasis intestinal, con relevancia para las enfermedades inflamatorias intestinales y para la inflamación intestinal en sentido más amplio. El estado de vitamina D se implica como factor modificable en la prevención y el tratamiento adyuvante de la IBD.
[682] Voigt RM, Forsyth CB, Green SJ et al. Circadian disorganization alters intestinal microbiota. PLoS One. 2014. Link
Este estudio en ratones analizó si la disrupción circadiana crónica altera el microbioma intestinal y cómo lo modifica la dieta. Ratones macho C57BL/6J fueron sometidos a inversiones semanales de fase del ciclo luz/oscuridad con pienso estándar o con una dieta rica en grasa y azúcar (HFHS). Las inversiones de fase por sí solas no alteraron la microbiota en los ratones con pienso estándar, pero combinadas con la dieta HFHS modificaron significativamente la composición de la microbiota. Los hallazgos indican que la dieta y la disrupción circadiana interactúan para producir disbiosis, aportando una base mecanística para las enfermedades asociadas al trabajo por turnos, el jet lag y el jet lag social.
[683] Patra V, Byrne SN, Wolf P. The skin microbiome: is it affected by UV-induced immune suppression?. Frontiers in Microbiology. 2016. Link
Esta revisión examina los efectos de la radiación ultravioleta (UV-R) sobre la función inmunitaria cutánea. La UV-R desencadena la producción de péptidos antimicrobianos, afecta a la inmunidad innata y suprime la inmunidad celular adaptativa. La modulación inmunitaria cutánea por UV puede ser beneficiosa (por ejemplo, reduciendo la inflamación), pero también contribuye a la carcinogénesis cutánea y a la reactivación de agentes infecciosos, incluido el virus del herpes simple. Los hallazgos detallan el doble papel de la UV-R en la modulación de la inmunidad y la homeostasis cutáneas, con implicaciones para la fotoprotección y la fotoinmunoterapia.
[684] Koller MF, Toufektsian L, Sun F et al. Vitamin D and the gut microbiome: a systematic review of in vivo studies. Eur J Nutr. 2022. Link
La revisión sistemática de Koller y colaboradores de 2022 en European Journal of Nutrition examina los estudios in vivo sobre la vitamina D y el microbioma intestinal. Agrupando 16 estudios animales y humanos, los autores encuentran que el estado de vitamina D y su suplementación modulan la composición microbiana intestinal, con aumentos consistentes de Bifidobacterium y Akkermansia muciniphila y descensos de Proteobacteria proinflamatorias. Los estudios mecanísticos implican la señalización del receptor de vitamina D en la barrera epitelial intestinal y en la defensa antimicrobiana de las células de Paneth. La revisión destaca la heterogeneidad de las dosis y de las medidas de resultado, y recomienda diseños de RCT estandarizados para aclarar las relaciones causales y las implicaciones clínicas en IBD y en enfermedades metabólicas e inmunitarias.
[767] Webb AR, Kline L, Holick MF. Influence of season and latitude on the cutaneous synthesis of vitamin D3: exposure to winter sunlight in Boston and Edmonton will not promote vitamin D3 synthesis in human skin. J Clin Endocrinol Metab. 1988. Link
Se está preparando un breve resumen de la publicación citada.

