XI.3.

3. Exposición solar y a los rayos UV. La luz solar como regulador microbiano y metabólico

La luz solar es más que calor: a través de la exposición a los rayos UV y de la vitamina D, ajusta su ritmo circadiano y su sistema inmunitario y, con ellos, su ecosistema intestinal.

El redescubrimiento de estos mecanismos, replanteado ahora desde la perspectiva del microbioma[G] intestinal, del eje VDR-inmunidad y de la biología circadiana, sugiere que la intuición empírica de Finsen apuntaba hacia un sistema biológico de una complejidad mucho mayor de la que él imaginó. La exposición solar no es meramente una fuente de calor o de luz visible. Es un regulador metabólico sistémico y, como demuestra la evidencia revisada en esta sección, su influencia se extiende al ecosistema intestinal de maneras que solo ahora empezamos a comprender.

La historia de la helioterapia no terminó con Finsen. A principios del siglo XX, antes de la era de los antibióticos, los sanatorios de Suiza, Escandinavia y Estados Unidos exponían de forma rutinaria a los pacientes con tuberculosis a la luz solar como parte de su protocolo de tratamiento. Los pacientes que pasaban más tiempo al sol evolucionaban mejor, una observación clínica empíricamente sólida pero mecanísticamente opaca para quienes la practicaban.

Lo que Finsen no podía saber —pero que la ciencia moderna ha establecido desde entonces— es que los mecanismos que había detrás de su éxito eran casi con certeza mucho más complejos que la destrucción directa de Mycobacterium tuberculosis por los rayos UV en la superficie de la piel. La radiación ultravioleta B desencadena la síntesis cutánea de vitamina D3, que se convierte en el hígado y el riñón en su forma hormonal activa, la 1,25-dihidroxivitamina D3. Este metabolito se une al receptor de la vitamina D (VDR) expresado en las células inmunitarias, incluidos los macrófagos, y regula al alza directamente la transcripción de la catelicidina, un péptido antimicrobiano endógeno que se cuenta entre las principales defensas del organismo frente a la infección micobacteriana.

Anécdota

En 1893, un médico danés llamado Niels Ryberg Finsen hizo una observación que acabaría valiéndole el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1903, el primero concedido a una terapia física y no a un fármaco o a una técnica quirúrgica. Mientras trabajaba en Copenhague, Finsen advirtió que el lupus vulgar, una forma desfigurante de tuberculosis cutánea, respondía notablemente a la luz ultravioleta concentrada. Desarrolló un dispositivo de lámpara de arco de carbón, trató a más de 800 pacientes y documentó tasas de curación sin precedentes para la época. Lo que Finsen no sabía —ni podía saber— era el mecanismo. El efecto bactericida que observó era real, pero haría falta otra década para que Casimir Funk y, más tarde, Elmer McCollum identificaran el compuesto liposoluble que la luz solar sintetiza en el tejido cutáneo: la vitamina D. Y otro siglo más para que los investigadores empezaran a cartografiar la tercera capa de esta historia: que la vitamina D es uno de los moduladores más potentes del entorno inmunitario intestinal y que las poblaciones con baja exposición solar muestran una calibración inmunitaria intestinal, una composición de la microbiota y una línea de base inflamatoria previsiblemente distintas de las de quienes se exponen al sol con regularidad. La lámpara de Finsen no solo estaba matando bacterias en la piel. Estaba activando una vía sistémica que, hoy lo entendemos, configura las condiciones ecológicas en las que opera la microbiota intestinal.

Perspectiva histórica: la luz como medicina. Niels Finsen y el nacimiento de la fototerapia

Exposición solar y a los rayos UV: cómo configura la luz el ecosistema intestinal

La luz solar no es meramente una fuente de calor o de vitamina D. Es una señal circadiana, un calibrador inmunitario y un regulador indirecto pero medible del ecosistema microbiano intestinal. Su ausencia —o su exceso sin adaptación— tiene consecuencias que van mucho más allá de la piel [278], [279].

La vía mejor establecida que conecta la luz solar con la salud intestinal discurre a través de la vitamina D. Cuando la radiación ultravioleta B (UVB) —longitudes de onda de 290–315 nm— alcanza la piel, convierte fotoquímicamente el 7-dehidrocolesterol en previtamina D3, que después se isomeriza térmicamente a vitamina D3 (colecalciferol). Tras la hidroxilación hepática a 25-hidroxivitamina D y la activación renal a 1,25-dihidroxivitamina D (calcitriol), la forma activa llega al intestino por el torrente sanguíneo y actúa sobre las células epiteliales e inmunitarias a través del receptor de la vitamina D (VDR) [278]. Es fundamental que el VDR se expresa no solo en las células epiteliales intestinales, sino también en las células de Paneth, las células dendríticas, los macrófagos y los linfocitos T de toda la lámina propia (capa de tejido conjuntivo situada bajo el epitelio intestinal) (la capa de tejido conjuntivo situada bajo el epitelio intestinal), todos ellos reguladores clave del tono inmunitario mucoso y de la selección microbiana.

La señalización de la vitamina D a través del VDR intestinal configura el entorno microbiano de múltiples formas. La activación del VDR regula al alza la expresión de péptidos antimicrobianos, en particular las defensinas (α-defensinas HD-5 y HD-6), que secretan las células de Paneth en la base de las criptas intestinales. Estas defensinas ejercen una presión antimicrobiana selectiva: suprimen los patógenos gramnegativos oportunistas con más potencia de la que afectan a los anaerobios comensales grampositivos. Esta selectividad implica que un aporte suficiente de vitamina D mantiene de hecho un sesgo composicional a favor de las especies comensales [279], [280]. A la inversa, la deficiencia de VDR en ratones conduce a un microbioma intestinal drásticamente alterado: menor representación de las especies de Lactobacillus, menor abundancia de Bifidobacterium, mayores proporciones de Clostridiales oportunistas y menor diversidad alfa[G] global [280]. Estos hallazgos en modelos animales se ven corroborados por datos epidemiológicos que muestran que las poblaciones con concentraciones circulantes más altas de 25(OH)D presentan de forma consistente una mayor riqueza microbiana intestinal y perfiles más bajos de marcadores inflamatorios [281].

Una segunda vía importante conecta la luz solar con el intestino mediante el arrastre del ritmo circadiano. El reloj circadiano maestro, situado en el núcleo supraquiasmático (NSQ) del hipotálamo, se sincroniza principalmente por la luz que reciben las células ganglionares de la retina. Este reloj central sincroniza los relojes periféricos de todo el organismo, incluidos los de las células epiteliales intestinales y los del propio microbioma intestinal. El microbioma experimenta oscilaciones diurnas robustas tanto en su composición como en su actividad metabólica, y sigue ciclos previsibles a lo largo de 24 horas en sincronía con los ritmos de alimentación, ayuno y hormonales del huésped [59]. Estas oscilaciones se alteran por una exposición lumínica insuficiente o mal sincronizada. Los estudios en trabajadores por turnos y en viajeros con desfase horario —grupos con desalineación circadiana crónica— muestran de forma consistente una composición alterada del microbioma intestinal, una menor producción de SCFA y una mayor permeabilidad intestinal[G] en comparación con controles alineados circadianamente [59], [282]. A la inversa, la exposición matutina a luz brillante, al reforzar el arrastre circadiano, favorece el patrón oscilatorio regular de la microbiota intestinal y los ciclos de metabolitos de origen intestinal que regulan el apetito, la sensibilidad a la insulina y la inmunidad mucosa.

Más allá de la vitamina D y de la regulación circadiana, la exposición a UVB desencadena la liberación cutánea de óxido nítrico (NO) desde los depósitos de la piel, con independencia de la síntesis de vitamina D. El óxido nítrico actúa como vasodilatador y como molécula de señalización, e influye en el flujo sanguíneo hacia el intestino, modula la motilidad intestinal y ejerce efectos antimicrobianos directos sobre ciertos patógenos de la luz intestinal. Aunque los efectos directos del NO de origen cutáneo sobre el microbioma intestinal están peor caracterizados que los de la vitamina D, los patrones epidemiológicos —incluidos los gradientes dependientes de la latitud en la prevalencia de la enfermedad inflamatoria intestinal (enfermedad inflamatoria intestinal: enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa) y la fuerte correlación estacional de los brotes de IBD (enfermedad inflamatoria intestinal: enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa) con los meses de índice UV bajo— sugieren que la vía UVB-NO podría contribuir de forma independiente a la estabilidad de la mucosa intestinal [283].

El microbioma cutáneo también se ve afectado directamente por la exposición solar a los rayos UV. La radiación UV altera la composición de la comunidad microbiana de la piel al suprimir las especies sensibles a los UV y enriquecer las resistentes. Staphylococcus epidermidis, un comensal dominante, produce un pigmento carotenoide que absorbe los UV y confiere una protección parcial frente a los UV a la superficie cutánea. Una exposición repetida e intensa a los UV puede reducir la densidad de Staphylococcus epidermidis y desplazar la piel hacia comunidades menos diversas, dominadas por taxones tolerantes a los UV [284]. Aunque el microbioma cutáneo no es el microbioma intestinal, se comunica con la inmunidad sistémica y representa un componente de la exposición microbiana total, particularmente relevante en el contexto del uso excesivo de fotoprotectores que, si bien protege frente a la carcinogénesis, también puede reducir la diversidad microbiana cutánea y limitar la síntesis de vitamina D cuando se emplea con SPF 30+ en toda la piel expuesta sin una exposición moderada y sin protección en momentos determinados.

La variación estacional de la composición del microbioma intestinal se correlaciona estrechamente con los cambios del índice UV a lo largo del año, de forma coherente con la vitamina D como variable mediadora. Los estudios en poblaciones de latitudes altas —incluidas comunidades circumpolares con una variación estacional extrema en la disponibilidad de UV— documentan patrones recurrentes de disbiosis[G] invernal, caracterizados por una reducción de Bifidobacterium, una reducción de la productora de SCFA Faecalibacterium prausnitzii[G] y un aumento de la abundancia de taxones inflamatorios, que se recuperan parcialmente durante los meses de verano, con el aumento de la exposición a los UV y el ascenso de las concentraciones séricas de 25(OH)D [281], [285]. Este ritmo estacional del microbioma no es una mera curiosidad: se correlaciona con patrones estacionales del estado de ánimo, la inmunidad y parámetros metabólicos, entre ellos la resistencia a la insulina.

La implicación práctica no es la helioterapia ni la evitación del sol, sino una exposición a los UV calibrada, regular y moderada, combinada con la monitorización de la vitamina D y, cuando esté indicada, con la suplementación. La dosis concreta de exposición solar necesaria para una síntesis adecuada de vitamina D varía sustancialmente según la latitud, la estación, el fototipo cutáneo y la hora del día, pero una pauta general basada en la evidencia para la mayoría de los adultos en latitudes templadas en verano es de 15–25 minutos de exposición solar directa en cara, brazos y piernas (sin fotoprotector en esas zonas) en torno al mediodía solar, tres o cuatro veces por semana. En invierno, en latitudes por encima de los 50°N, la irradiancia UVB es insuficiente para la síntesis cutánea de vitamina D la mayoría de los días, con independencia de la duración de la exposición solar, lo que convierte las fuentes dietéticas y la suplementación en la principal estrategia de vitamina D durante esos meses [278], [279].

Cómo optimizar la exposición a la luz solar para la salud microbiana y metabólica

Busque la luz solar matutina en los 30–60 minutos siguientes a despertarse siempre que sea posible, incluso en días nublados: el componente de luz azul del cielo matinal atraviesa la cobertura nubosa lo suficiente como para favorecer el arrastre circadiano, aun cuando la irradiancia UVB sea insuficiente para la síntesis de vitamina D. El beneficio circadiano de la luz exterior de la mañana es independiente de los UV y actúa a través de los fotorreceptores retinianos, no de la piel.

Reserve un periodo regular de exposición solar moderada del mediodía en brazos, piernas y cara los días de buen tiempo, durante los meses en que su latitud y la estación permitan la síntesis por UVB. Aproveche esa ventana sin fotoprotector en las zonas de piel elegidas durante el tiempo mínimo apropiado para su fototipo cutáneo (habitualmente 10–25 minutos) y aplique después protección solar si va a permanecer más tiempo al aire libre. Este enfoque favorece a la vez la síntesis de vitamina D y limita la acumulación de UV carcinogénicos.

Monitorice las concentraciones séricas de 25-hidroxivitamina D con una periodicidad anual o semestral, en particular si vive por encima de la latitud 45°N, trabaja predominantemente en interiores, tiene fototipos cutáneos más oscuros que requieren exposiciones a los UV más largas para una síntesis equivalente, viste ropa que cubre el cuerpo por motivos culturales o religiosos, o padece enfermedades gastrointestinales crónicas que dificultan la absorción de vitaminas liposolubles. Comente su resultado y la necesidad de suplementación con su médico; el umbral de suficiencia basado en la evidencia se sitúa por lo general en 50–75 nmol/l (20–30 ng/ml), aunque las concentraciones óptimas para la función inmunitaria intestinal podrían ser más altas.

Proteja la integridad circadiana evitando la luz artificial intensa —en particular la luz de espectro azul de las pantallas y de la iluminación LED cenital— en las dos o tres horas anteriores al sueño. El reloj circadiano que regula las oscilaciones del microbioma intestinal se altera con la exposición lumínica vespertina tanto como se favorece con la exposición lumínica matutina. La simetría importa: la exposición a la luz por la mañana y la reducción de luz por la tarde-noche son igual de importantes para mantener la ritmicidad circadiana microbiana.

En los inviernos de latitudes altas (por encima de aproximadamente 50°N, de octubre a marzo), asuma que es improbable que la exposición a los UV en el exterior proporcione una síntesis significativa de vitamina D, sea cual sea su duración. Durante esos meses, las fuentes dietéticas —incluidos el pescado azul, las yemas de huevo, los lácteos enriquecidos y las setas secadas al sol— aportan cantidades modestas, y la suplementación (habitualmente 1.000–2.000 UI diarias de vitamina D3 en la mayoría de los adultos) está ampliamente recomendada y respaldada por la evidencia. Comente la dosis con su médico, en especial si padece enfermedades que afecten al metabolismo de la vitamina D.

Evite los dos extremos que dominan el discurso popular sobre el sol y la salud de la piel: la evitación solar total (que elimina la síntesis de vitamina D, los beneficios del arrastre circadiano por la luz y la liberación de NO) y la exposición solar prolongada sin protección (que acumula carga de UV carcinogénicos y provoca daño cutáneo inflamatorio). La base de evidencia respalda una vía intermedia: una exposición regular, moderada y bien programada.

Efectos sobre la microbiota

  • La señalización del receptor de la vitamina D (VDR) en las células de Paneth intestinales regula al alza la expresión de α-defensinas (HD-5 y HD-6), que ejercen una presión antimicrobiana selectiva favorable a los anaerobios comensales grampositivos frente a los oportunistas gramnegativos; los modelos de ratón con VDR inactivado muestran una diversidad alfa marcadamente reducida, una abundancia disminuida de Lactobacillus y Bifidobacterium y proporciones elevadas de Clostridiales disbióticos en comparación con los controles de tipo salvaje [279], [280].
  • Las concentraciones circulantes de 25-hidroxivitamina D en cohortes humanas observacionales se correlacionan positivamente con la diversidad alfa microbiana intestinal (riqueza y equidad) y negativamente con la abundancia de taxones inflamatorios, con las asociaciones más intensas documentadas para Faecalibacterium prausnitzii —un comensal butirogénico antiinflamatorio clave— y Akkermansia muciniphila, una degradadora de mucina que sostiene la barrera intestinal [281].
  • El microbioma intestinal experimenta oscilaciones de 24 horas robustas y predecibles en su composición y en su producción metabólica, arrastradas por los ritmos circadianos del huésped; la desalineación circadiana causada por una exposición lumínica irregular suprime estas oscilaciones, reduce el ciclo diurno de SCFA y aumenta la permeabilidad intestinal, efectos que se revierten parcialmente al restablecer una exposición constante al ciclo luz-oscuridad [59], [282].
  • Los estudios estacionales del microbioma intestinal en poblaciones de latitudes altas documentan reducciones invernales recurrentes de Bifidobacterium spp., Faecalibacterium prausnitzii y Akkermansia muciniphila, y aumentos de la proporción de Proteobacteria inflamatorias, correlacionados temporalmente con el descenso del índice UV y de las concentraciones séricas de 25(OH)D; la recuperación parcial durante los meses de verano acompaña al aumento del índice UV [281], [285].
  • La señalización del VDR modula la expresión de las proteínas de las uniones estrechas[G] intestinales (ocludina, claudina-1, ZO-1) y sostiene la integridad de la barrera epitelial; la insuficiencia de vitamina D en cohortes humanas se asocia a un aumento de los marcadores séricos de permeabilidad intestinal (zonulina[G], proteína de unión al lipopolisacárido), con independencia del diagnóstico de enfermedad inflamatoria intestinal [279], [280].
  • La composición del microbioma cutáneo se modifica según los patrones de exposición a los UV; los comensales sensibles a los UV disminuyen con una exposición intensa o crónica, mientras que los taxones resistentes a los UV (incluidas las variantes de Staphylococcus epidermidis productoras de carotenoides) se enriquecen; las consecuencias inmunitarias sistémicas de estos cambios son hoy un área de investigación, más que una recomendación clínica establecida [284].
  • La liberación cutánea de óxido nítrico inducida por UVB modula la motilidad intestinal y ejerce efectos bacteriostáticos sobre ciertos patógenos entéricos; el gradiente dependiente de la latitud en la prevalencia de IBD (mayor incidencia en las latitudes más altas) es coherente con un papel protector del NO derivado de los UV en la estabilidad de la mucosa intestinal, aunque la evidencia causal en humanos sigue siendo incompleta [283].
  • La suplementación con vitamina D en ensayos controlados aleatorizados en personas con déficit de vitamina D produce desplazamientos medibles hacia comunidades intestinales más ricas en Lactobacillus y una reducción de los cocientes de desequilibrio Bacteroides-Firmicutes, si bien los tamaños del efecto son modestos en comparación con las intervenciones con fibra alimentaria y son más pronunciados en las personas con déficit basal que en aquellas con concentraciones suficientes [280].

Orientación para el paciente

  • Salga al exterior en la primera hora tras despertarse, aunque sea brevemente y aunque el cielo esté cubierto. La luz de la mañana, incluso sin sol directo, es el zeitgeber más potente para su reloj circadiano y, con él, para el ciclo rítmico de su microbiota intestinal.
  • En las estaciones y latitudes en que hay UV disponibles, permita 15–25 minutos de exposición de la piel sin protección en cara, brazos y piernas al mediodía, antes de aplicar el fotoprotector para estancias más largas al aire libre. Esto no es una recomendación para tomar el sol; es un umbral mínimo para la síntesis de vitamina D y la liberación de NO.
  • Hágase determinar la 25-hidroxivitamina D: no dé por supuesta la suficiencia solo por llevar una vida al aire libre. El déficit es frecuente incluso en regiones con muchas horas de sol, en particular en personas con trabajos de interior, tonos de piel más oscuros o malabsorción de grasas.
  • Si vive por encima de la latitud 50°N, planifique la suplementación con vitamina D de octubre a abril por defecto, no como una ocurrencia tardía. Comente la dosis (habitualmente 1.000–2.000 UI diarias) con su médico.
  • Atenúe la iluminación de su casa y evite las pantallas en las dos horas previas a acostarse: este es el complemento vespertino de la exposición a la luz matutina. Ambas cosas juntas mantienen el arrastre circadiano que hace que su microbioma intestinal oscile a su hora.
  • No confunda la protección solar con la evitación del sol. El fotoprotector es importante para las exposiciones prolongadas; no es necesario ni beneficioso durante los 15–25 minutos de exposición intencionada y moderada al sol del mediodía que favorece la síntesis de vitamina D.
  • Si padece IBD u otra enfermedad intestinal, comente específicamente con su gastroenterólogo su estado sérico de vitamina D. La evidencia a favor de una optimización dirigida de la vitamina D es más sólida en esta población que en la población general, dado el papel del VDR en el mantenimiento de la barrera intestinal y en la regulación inmunitaria mucosa.
Perla clínica

La exposición a la luz solar modula el microbioma a través de la síntesis de vitamina D (UV-B → 25-hidroxivitamina D3): la vitamina D3 regula directamente la producción de péptidos antimicrobianos en el epitelio intestinal (defensinas, catelicidinas). Una vitamina D sérica baja (

Referencias

[59] Thaiss CA, Zeevi D, Levy M et al. Transkingdom control of microbiota diurnal oscillations promotes metabolic homeostasis. Cell. 2014. Link

[278] Bikle, D. D. Vitamin D metabolism, mechanism of action, and clinical applications. Chem Biol. 2014. Link

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[285] Koller MF, Toufektsian L, Sun F et al. Vitamin D and the gut microbiome: a systematic review of in vivo studies. Eur J Nutr. 2022. Link

PG
Guía de la Microbiota · Autores: Dr. Patay Gábor — médico, especialista en microbiota · Dr. Bezzegh Attila — director médico, microbiólogo clínico · Dra. Anna Munar — médica, especialista en exposoma
MicroBiome Bank — contenido profesional revisado médicamente. Última actualización: 2026.