IV.20.

20. Aditivos alimentarios

No todos los aditivos son inocuos: algunos emulgentes pueden adelgazar la capa de moco protector del intestino y empujar a su comunidad bacteriana hacia la inflamación.

Más que meros conservantes: los aditivos pueden alterar su intestino

No todos los «extras» de los alimentos son inocuos: algunos modifican su microbiota.

Anécdota

En 2015, Benoit Chassaing y sus colaboradores de la Universidad Estatal de Georgia publicaron en Nature un estudio que aportó la primera evidencia mecanicista in vivo que vinculaba emulgentes alimentarios habituales con la alteración de la microbiota intestinal y la inflamación intestinal. El estudio se centró en dos emulgentes presentes en cientos de productos alimentarios cotidianos: la carboximetilcelulosa (CMC) y el polisorbato 80 (P80). Ambos son aditivos alimentarios autorizados que se usan para mejorar la textura, evitar la separación y prolongar la vida útil. [159] De forma decisiva, los investigadores diseñaron las dosis para imitar una exposición dietética humana realista, no una sobredosis farmacológica. Los ratones que consumían agua con CMC o P80 desarrollaron cambios mensurables en su microbiota intestinal: las comunidades bacterianas se desplazaron en su composición y las bacterias se acercaron físicamente al epitelio intestinal a medida que la capa de moco protector se adelgazaba. En ratones de tipo silvestre, esto se asoció a inflamación de bajo grado y a rasgos de síndrome metabólico, incluidos aumento de peso, elevación de la glucemia y alteración de la distribución de la grasa. En ratones con predisposición genética a la inflamación intestinal, las mismas dosis de emulgente desencadenaron una colitis franca. [160] El mecanismo era la microbiota. Cuando se expuso a los mismos emulgentes a ratones libres de gérmenes[G] —animales sin ninguna bacteria intestinal—, los cambios metabólicos e inflamatorios no se produjeron. La microbiota era el paso mediador esencial: los emulgentes alteraban la comunidad microbiana, que a su vez alteraba la capa de moco y aumentaba el contacto entre bacterias y epitelio, y ese contacto impulsaba la inflamación. Un estudio piloto humano posterior del mismo grupo sugirió que podían detectarse cambios similares de la microbiota en algunas personas que consumían CMC en su dieta. [2614] El estudio de Chassaing no demostró que los emulgentes alimentarios causen colitis o síndrome metabólico en humanos a los niveles de ingesta actualmente permitidos. Lo que mostró es que la microbiota intestinal es una interfaz sensible entre los aditivos alimentarios habituales y la salud intestinal, y que esa interfaz no se había considerado de forma sistemática cuando muchos aditivos recibieron la aprobación regulatoria. Para la práctica clínica, la implicación no es el pánico, sino la precisión: la preocupación es la exposición acumulada diaria a través de los alimentos ultraprocesados, no el consumo ocasional.

Cuando los pacientes preguntan si los aditivos alimentarios son perjudiciales, la respuesta honesta es prudente y equilibrada. La mayoría de los aditivos autorizados se consideran seguros en las cantidades habituales. La pregunta que preocupa a los gastroenterólogos es otra: qué ocurre cuando la microbiota intestinal se expone a diario a compuestos que eran raros en las dietas tradicionales. Una exposición prolongada puede influir en la interacción entre los microbios, la barrera intestinal y el sistema inmunitario.

Un grupo estudiado en detalle es el de los emulgentes, como la carboximetilcelulosa y el polisorbato 80. En experimentos con animales, estas sustancias alteraron la microbiota, redujeron el grosor de la capa de moco protector y desencadenaron una inflamación de bajo grado. Estos hallazgos ayudan a comprender un posible mecanismo, pero no demuestran que los emulgentes causen enfermedad en humanos. Pequeños estudios en humanos sugieren que la composición de la microbiota puede cambiar tras una ingesta alta de emulgentes, aunque la importancia clínica de ese cambio sigue siendo incierta [159] [160].

Los edulcorantes artificiales plantean preguntas similares. Algunas investigaciones muestran que la sacarina o la sucralosa pueden afectar al metabolismo de la glucosa mediante mecanismos relacionados con la microbiota, pero solo en un subgrupo de personas. Otras muestran poco o ningún efecto. Esto nos recuerda que las respuestas de la microbiota son muy individuales y están moldeadas por la genética, la dieta y la composición microbiana de partida. Un uso ocasional es poco probable que resulte perjudicial, pero apoyarse mucho en bebidas edulcoradas en lugar de agua probablemente no sea ideal para la salud intestinal [154].

Los conservantes y los colorantes están menos estudiados. Algunos tienen actividad antimicrobiana, y una exposición frecuente podría influir teóricamente en la diversidad microbiana. Sin embargo, la evidencia en humanos es limitada y los datos actuales no muestran un daño clínico claro con los niveles normales de consumo. Es más exacto decir que los aditivos pueden contribuir a cambios de la microbiota como parte de un patrón dietético más amplio.

Ese patrón más amplio es importante. Los alimentos ultraprocesados difieren de los tradicionales en muchos aspectos: poca fibra, calidad de la grasa alterada, alto contenido en azúcar y menor diversidad de compuestos vegetales. Estos factores tienen efectos bien establecidos sobre la microbiota. Los aditivos pueden desempeñar un papel, pero son solo un componente de un entorno dietético complejo [150].

Las agencias reguladoras evalúan los aditivos con cuidado en cuanto a toxicidad y riesgo de cáncer, y estas evaluaciones son esenciales. Los efectos sobre la microbiota son más difíciles de medir y siguen siendo un área de investigación activa. A medida que aparezcan mejores estudios en humanos, las recomendaciones pueden evolucionar, pero la evidencia actual respalda la moderación más que el miedo.

En la práctica, aconsejo a los pacientes centrarse en hábitos sencillos. Las comidas construidas a partir de verduras, frutas, cereales integrales, legumbres y proteína mínimamente procesada aportan la fibra y la diversidad que sostienen la estabilidad de la microbiota. En ese marco, es poco probable que los alimentos procesados ocasionales causen daño. Los problemas surgen cuando los alimentos ultraprocesados sustituyen a los alimentos naturales día tras día.

El objetivo no es la perfección, sino el equilibrio. Elegir sobre todo comida real, beber suficiente agua, dormir con regularidad y mantenerse físicamente activo favorece la diversidad de la microbiota y la función de barrera intestinal. Son pasos prácticos y basados en la evidencia que protegen la salud intestinal sin ansiedad innecesaria.

Hábitos diarios para reducir la exposición a aditivos

  • En la práctica clínica, las dietas construidas principalmente con alimentos reconocibles y mínimamente procesados suelen ofrecer el entorno más estable para la microbiota. Las comidas basadas en verduras, frutas, cereales integrales, legumbres y fuentes de proteína sencillas contienen de forma natural menos aditivos y más fibras fermentables.
  • Los pacientes que cocinan más a menudo en casa tienen habitualmente una exposición a ingredientes más predecible. Incluso unas sopas, salsas, panes o tentempiés caseros básicos reducen la ingesta acumulada de emulgentes, conservantes y colorantes frecuentes en los productos envasados.
  • Leer las listas de ingredientes puede revelar patrones más que riesgos aislados. La aparición repetida de emulgentes (como los polisorbatos o la carboximetilcelulosa), de determinados conservantes o de colorantes artificiales suele indicar productos muy procesados que se consumen con frecuencia.
  • Cuando los alimentos envasados forman parte de la vida diaria, los productos con formulaciones más sencillas se toleran en general mejor. Los lácteos fermentados, las bebidas vegetales de frutos secos sin añadidos, los panes tradicionales o los congelados con listas de ingredientes cortas tienden a afectar menos a la diversidad de la microbiota que las alternativas muy reformuladas.
  • La diversidad dietética parece protectora. Ir rotando las fuentes alimentarias, incluyendo una amplia gama de fibras vegetales y alimentos fermentados, favorece la resiliencia microbiana y reduce la exposición continua a las mismas combinaciones de aditivos.
  • El contexto general del estilo de vida importa tanto como la elección de ingredientes. Unas comidas regulares, una hidratación adecuada, un ritmo de sueño estable y la actividad física ayudan a mantener la función de barrera intestinal y el equilibrio inmunitario, y moderan los efectos de las exposiciones inevitables de las dietas modernas.

Efectos sobre la microbiota

  • Determinados emulgentes alimentarios (p. ej., carboximetilcelulosa, polisorbato 80) han alterado la composición de la microbiota y el grosor de la barrera de moco en modelos animales, con un mayor acercamiento bacteriano al epitelio e inflamación de bajo grado. Los escasos estudios en humanos sugieren desplazamientos de la microbiota, pero las consecuencias clínicas siguen siendo inciertas [159] [160].
  • Una ingesta alta de algunos emulgentes se ha asociado a una menor abundancia de bacterias asociadas al moco, como Akkermansia muciniphila, y a la expansión de taxones asociados a inflamación (a menudo dentro de Pseudomonadota (antes Proteobacteria)) en contextos experimentales; estos cambios reflejan patrones de disbiosis, pero no son hallazgos específicos de enfermedad [161].
  • Los edulcorantes artificiales (p. ej., sacarina, sucralosa) pueden modificar la actividad metabólica de la microbiota en algunas personas y afectar a la producción de ácidos grasos de cadena corta y, en ciertos casos, a la tolerancia a la glucosa. Las respuestas varían mucho según la composición basal de la microbiota [154].
  • Se ha demostrado que algunos aditivos con propiedades antimicrobianas o de nanopartícula (p. ej., el dióxido de titanio en modelos experimentales) influyen en la señalización inmunitaria intestinal, en la actividad de las células dendríticas o en las vías del estrés oxidativo. La evidencia en humanos es limitada y dependiente de la dosis.
  • Las dietas ultraprocesadas ricas en aditivos coinciden a menudo con una ingesta baja de fibra y una menor diversidad vegetal, lo que conlleva una menor diversidad microbiana, menos bacterias productoras de butirato (p. ej., Faecalibacterium prausnitzii, Roseburia spp.) y un metabolismo alterado de los ácidos biliares [24].
  • Los cambios de la microbiota pueden influir en sistemas del huésped, incluidas la regulación inmunitaria de la mucosa, la integridad de la barrera intestinal y la señalización intestino-cerebro a través de metabolitos microbianos como los ácidos grasos de cadena corta, los metabolitos del triptófano y los ácidos biliares secundarios.
  • Los miembros no bacterianos de la microbiota también pueden verse afectados: se han descrito desplazamientos en los bacteriófagos, en las comunidades fúngicas (Candida, Saccharomyces) o en las arqueas metanógenas (Methanobrevibacter smithii) en la disbiosis relacionada con la dieta, aunque los vínculos con los aditivos en concreto siguen sin estar claros.
  • Las alteraciones de la microbiota derivadas de dietas ricas en aditivos suelen ser reversibles con una mejora de la dieta, una mayor ingesta de fibra y cambios de estilo de vida favorables a la microbiota.

Orientación para el paciente

  • Elija comidas basadas principalmente en verduras, frutas, cereales integrales, legumbres, huevos, pescado y carnes sencillas.
  • Revise las listas de ingredientes; evite los productos con emulgentes repetidos, colorantes artificiales o muchos conservantes.
  • Prefiera alimentos con listas de ingredientes cortas que reconozca.
  • Sustituya las bebidas azucaradas o con edulcorantes artificiales por agua, té o bebidas fermentadas sin añadidos.
  • Limite los alimentos ultraprocesados a un uso ocasional, no como base diaria.
  • Vaya rotando los alimentos vegetales cada semana para favorecer la diversidad de la microbiota.
  • Incluya con regularidad alimentos fermentados naturales (p. ej., yogur, kéfir, chucrut).
  • Cocine comidas sencillas en casa siempre que pueda para reducir la exposición acumulada a aditivos.
  • Mantenga horarios de comida regulares, un ritmo de sueño estable y movimiento diario para apoyar la barrera intestinal y el equilibrio inmunitario.
  • Revise su diario de alimentos cada semana y anote qué productos envasados aparecen con más frecuencia.
Perla clínica

El polisorbato 80 y la carboximetilcelulosa —emulgentes presentes en la mayoría de los alimentos procesados— reducen el grosor de la capa de moco y alteran la colonización por Akkermansia muciniphila en modelos murinos, con datos observacionales humanos que se correlacionan con la incidencia de IBD. Durante la consolidación del FMT, una dieta de alimentos integrales que minimice la exposición a emulgentes es mecanísticamente ventajosa para preservar el nicho mucoso que necesitan las especies del donante para establecerse.

Referencias

[24] Sonnenburg JL, Bäckhed F. Diet–microbiota interactions as moderators of human metabolism. Nature. 2016. Link

[150] Zinöcker MK, Lindseth IA. The Western Diet–Microbiome-Host Interaction and Its Role in Metabolic Disease. Nutrients. 2018. Link

[154] Suez J, Korem T, Zeevi D et al. Artificial sweeteners induce glucose intolerance by altering the gut microbiota. Nature. 2014. Link

[159] Chassaing B, Koren O, Goodrich JK et al. Dietary emulsifiers impact the mouse gut microbiota promoting colitis and metabolic syndrome. Nature. 2015. Link

[160] Chassaing B, Van de Wiele T, De Bodt J, Marzorati M, Gewirtz AT. Dietary emulsifiers directly alter human microbiota composition and gene expression ex vivo potentiating intestinal inflammation. Gut. 2017. Link

[161] Desai MS, Seekatz AM, Koropatkin NM et al. A dietary fiber-deprived gut microbiota degrades the colonic mucus barrier and enhances pathogen susceptibility. Cell. 2016. Link

[2614] Chassaing B, Compher C, Bonhomme B et al. Randomized Controlled-Feeding Study of Dietary Emulsifier Carboxymethylcellulose Reveals Detrimental Impacts on the Gut Microbiota and Metabolome. Gastroenterology. 2022. Link

PG
Guía de la Microbiota · Autores: Dr. Patay Gábor — médico, especialista en microbiota · Dr. Bezzegh Attila — director médico, microbiólogo clínico · Dra. Anna Munar — médica, especialista en exposoma
MicroBiome Bank — contenido profesional revisado médicamente. Última actualización: 2026.