XIII.5.

5. La transmisión intergeneracional

La microbiota se hereda por vía materna, en el parto y a través de la lactancia, de modo que cuidar la propia comunidad intestinal es también un legado vivo que se transmite a la siguiente generación.

La herencia invisible: cómo pasan los microbios de una generación a otra

La microbiota no solo se modela con nuestro estilo de vida, sino que también se hereda por el linaje materno mediante transmisión vertical [39].

Anécdota

En 2006, el laboratorio de Jeffrey Gordon en la Universidad Washington de San Luis publicó en Nature un experimento que condensaba un argumento complejo en un único resultado transferible. El equipo llevaba tiempo estudiando parejas de gemelos humanos discordantes para la obesidad —uno obeso, otro delgado— y había documentado diferencias consistentes en la composición de su microbiota intestinal. La pregunta era si la diferencia de microbiota era causa de la diferencia metabólica o consecuencia de ella. Para responderla, el equipo transfirió microbiota de donantes humanos obesos y delgados a ratones libres de gérmenes[G], criados sin microbiota propia. Los ratones que recibieron microbiota de donantes obesos ganaron significativamente más masa grasa que los que recibieron microbiota de donantes delgados, con la misma dieta. El fenotipo metabólico se había transferido junto con la microbiota. El experimento de Gordon no trataba de la herencia en el sentido genético convencional. Pero demostró algo con implicaciones directas para la dimensión intergeneracional de la ciencia del microbioma: que las comunidades microbianas transmitidas de la madre al lactante en el parto, a través de la lactancia y mediante el entorno doméstico compartido llevan consigo información metabólica funcional. Aquello que ha modelado el microbioma de una madre —su dieta, sus exposiciones a antibióticos, su propia historia de nacimiento— es, en parte, lo que ella transmite. La herencia es real. Sencillamente, no está toda en el genoma.

La transmisión intergeneracional de la microbiota intestinal —el paso de las comunidades microbianas y de su capacidad funcional de padres a hijos a lo largo de las generaciones— se caracterizó en un estudio de Yassour y colaboradores que examinó el seguimiento metagenómico de cepas en díadas madre-lactante. El estudio mostró que cepas bacterianas concretas que colonizaban el intestino de la madre eran detectables en el intestino del lactante durante los primeros meses de vida, con una eficiencia de transmisión que variaba según la cepa y la vía del parto: los lactantes nacidos por vía vaginal mostraban una adquisición de cepas maternas mayor y más diversa que los nacidos por cesárea. [302] Las consecuencias multigeneracionales de la alteración de la microbiota se investigaron en un estudio de referencia en ratones de Sonnenburg y colaboradores publicado en Nature en 2016. Los ratones alimentados con una dieta baja en fibra mostraron cambios en la microbiota intestinal —menor diversidad y pérdida de taxones degradadores de fibra concretos— en el plazo de una generación. Cuando se cruzaron estos ratones y su descendencia recibió una dieta con fibra normal, la microbiota no se recuperó por completo: los taxones concretos perdidos en la generación parental no se restablecieron ni siquiera con la corrección dietética. Tras cuatro generaciones de alimentación baja en fibra, la microbiota mostró extinciones acumulativas que la restitución de fibra alimentaria no pudo revertir. [303] La implicación clínica es que la deuda de extinción de la microbiota acumulada a lo largo de generaciones de patrones dietéticos occidentales y de exposiciones antimicrobianas no puede corregirse por completo solo con una intervención dietética individual. Puede que los organismos necesarios para una restauración completa ya no estén presentes en el ecosistema intestinal occidental con una frecuencia suficiente para recolonizar, ni siquiera en condiciones dietéticas favorables. Esta es una de las razones que justifican el FMT a partir de donantes con una microbiota modelada por patrones dietéticos tradicionales, así como los ensayos clínicos en curso que investigan la restauración de la microbiota mediante la administración dirigida de organismos que hoy no son prevalentes en el intestino occidental. [24] Para cada persona, la mirada intergeneracional sugiere que optimizar la microbiota no es solo una intervención de salud personal, sino una inversión en la herencia microbiana que se transmitirá a las generaciones siguientes a través de la colonización materna en el parto, la lactancia y el contacto ambiental en las primeras etapas de la vida.

La microbiota se modela con el estilo de vida, pero también empieza con lo que el niño recibe de la madre. Esta "herencia" no es un código genético. Es un conjunto de organismos vivos y de señales que ayudan a establecer la primera comunidad intestinal y a guiar el desarrollo inmunitario precoz [24].

La mayor parte de la transferencia microbiana ocurre durante el parto y después de él. Durante el nacimiento, el contacto estrecho con distintas localizaciones del cuerpo materno introduce en el lactante microbios capaces de sembrar el intestino. En las semanas siguientes, la lactancia materna y el contacto físico cotidiano siguen aportando exposición y favorecen la selección de organismos adaptados al lactante.

Contribuyen varias fuentes maternas, pero no todas por igual. Los microbios procedentes del intestino de la madre tienen a menudo más probabilidades de persistir en el intestino del lactante, mientras que las cepas de la piel o del nicho vaginal pueden ser más transitorias. Lo que permanece viene determinado por una selección intensa en los primeros días y semanas, cuando el entorno intestinal del lactante cambia con rapidez.

La vía del parto puede desplazar este patrón precoz. Los estudios muestran repetidamente que el nacimiento por cesárea se asocia a una menor transferencia precoz de cepas maternas de Bacteroides y a una mayor presencia relativa de organismos asociados al hospital y a la piel. Estas diferencias suelen ser más visibles al principio y pueden verse influidas además por los antibióticos periparto y por si se establece o no la lactancia materna.

La lactancia materna añade una segunda capa de herencia. Aporta factores inmunitarios como la IgA secretora y sustratos selectivos que favorecen a las bacterias adaptadas al lactante, en especial a determinadas bifidobacterias. Esto no "garantiza" una microbiota concreta, pero sostiene un patrón común de las primeras etapas de la vida que difiere del de la alimentación exclusiva con fórmula.

El exposoma[G] materno sigue importando, pero sobre todo porque modifica el reservorio microbiano y el contexto biológico de la transferencia. La dieta, el uso de medicamentos, el sueño y el estrés pueden influir en la composición microbiana y en el tono inmunitario. Estos factores son modificables, y por eso la herencia microbiana se describe mejor como una trayectoria de partida que como un desenlace fijo.

También es importante mantener equilibrada la interpretación clínica. Existen asociaciones entre los patrones microbianos de las primeras etapas de la vida y los desenlaces inmunitarios o metabólicos posteriores, pero estas relaciones vienen determinadas por muchas variables que interaccionan entre sí. La microbiota es un contribuyente más, junto a la genética, el entorno, las infecciones y la atención médica.

Desde un punto de vista práctico, el mensaje clave es sencillo: apoyar la salud materna antes y después del parto favorece las condiciones para una transferencia microbiana saludable. La microbiota del lactante sigue desarrollándose durante todo el primer año y más allá, y los factores cotidianos pueden remodelarla con el tiempo.

Cómo favorecer una herencia microbiana positiva

La salud intestinal materna durante el embarazo se considera un trasfondo importante para la transferencia microbiana, y las dietas variadas y ricas en fibra aportan sustratos para las comunidades beneficiosas;

El uso de antibióticos en el embarazo y en torno al parto se sopesa con cuidado, reconociendo que puede modificar de forma temporal los patrones microbianos maternos e infantiles;

El parto vaginal, cuando es médicamente viable, ofrece una vía de exposición precoz a los microbios intestinales y vaginales maternos, mientras que las vías alternativas cobran mayor relevancia tras una cesárea;

El contacto piel con piel inmediato tras el nacimiento sirve de puente no invasivo para el intercambio microbiano entre la madre y el lactante;

La lactancia materna continúa este proceso después del parto al aportar HMO, factores inmunitarios y señales microbianas que guían la sucesión específica del lactante;

La ingesta materna de alimentos fermentados y de fibras prebióticas puede influir en los metabolitos de la leche y modelar indirectamente el ecosistema del lactante;

El manejo del estrés durante el embarazo se considera relevante porque los cambios neuroendocrinos pueden interaccionar con el equilibrio microbiano materno;

El contacto habitual con entornos exteriores y domésticos aporta entradas microbianas cotidianas tanto a la madre como al niño;

Evitar una desinfección excesiva favorece un trasfondo microbiológico normal de la piel y del hogar, compatible con el desarrollo precoz;

Los abordajes con probióticos en el embarazo siguen dependiendo del caso y de la evidencia concreta, y exigen un juicio clínico individualizado.

Efectos sobre la microbiota

  • La exposición materna modela la colonización inicial por Bifidobacterium y Bacteroides en el intestino del lactante [302].
  • Las señales verticales contribuyen a la maduración del GALT y a la tolerancia inmunitaria [303].
  • La IgA secretora procedente de la leche selecciona y estabiliza las comunidades mucosas.
  • Los antibióticos o el nacimiento por cesárea se vinculan a una sucesión precoz alterada, no a un daño permanente.
  • Un predominio precoz de Pseudomonadota (antes Proteobacteria) puede reflejar inmadurez ecológica.
  • Los ácidos grasos de cadena corta favorecen la regulación de la barrera epitelial.
  • El ecosistema incluye fagos, hongos (Candida) y arqueas ocasionales.
  • La comunicación intestino-cerebro se produce a través de mediadores inmunitarios y metabólicos.
  • Las cepas intestinales maternas muestran mayor persistencia que los microbios procedentes de la piel.
  • La lactancia materna mantiene el crecimiento bifidobacteriano impulsado por los HMO.
  • La convivencia aporta entradas microbianas ambientales.
  • La dinámica puede seguirse con 16S rRNA y metagenómica.

Orientación para el paciente

  • Procure una dieta materna rica en fibra y mínimamente procesada ya antes del embarazo y durante él.
  • Utilice antibióticos en el embarazo y tras el parto solo cuando un médico los indique con claridad.
  • Elija el parto vaginal cuando sea médicamente seguro, sabiendo que hay otras vías que pueden ayudar tras una cesárea.
  • Practique el contacto piel con piel poco después del parto y de forma regular en las primeras semanas.
  • Planifique una lactancia materna exclusiva en los primeros meses siempre que sea posible.
  • Incluya alimentos fermentados y fibras naturales en la dieta materna para favorecer la calidad de la leche.
  • Limite el uso rutinario de productos domésticos antimicrobianos para proteger la microbiota cotidiana.
  • Permita al lactante exposiciones seguras al aire libre y en el hogar, en lugar de entornos estériles.
  • Evite la esterilización excesiva e innecesaria de juguetes y utensilios; la higiene normal es suficiente.
  • Recuerde que las pequeñas decisiones diarias van favoreciendo poco a poco el desarrollo microbiano e inmunitario de su hijo.
Perla clínica

Las personas que conviven comparten cepas de microbiota intestinal a una tasa 5 veces mayor que las personas emparejadas al azar, lo que demuestra que el microentorno social modela directamente la composición de la comunidad microbiana a través del contacto diario y de las exposiciones compartidas. Los hogares multigeneracionales muestran un solapamiento de diversidad de la microbiota entre sus miembros mensurablemente mayor que los hogares de una sola generación. Esta transmisión microbiana intergeneracional significa que las intervenciones sobre el estilo de vida que afectan a un miembro de la familia tienen efectos ecológicos potenciales sobre todos los convivientes.

Referencias

[24] Sonnenburg JL, Bäckhed F. Diet–microbiota interactions as moderators of human metabolism. Nature. 2016. Link

[39] Koh A, De Vadder F, Kovatcheva-Datchary P, Bäckhed F. From Dietary Fiber to Host Physiology: Short-Chain Fatty Acids as Key Bacterial Metabolites. Cell. 2016. Link

[302] Yassour M, Vatanen T, Siljander H et al. Natural history of the infant gut microbiome and impact of antibiotic treatment on bacterial strain diversity and stability. Sci Transl Med. 2016. Link

[303] Sonnenburg ED, Smits SA, Tikhonov M, Higginbottom SK, Wingreen NS, Sonnenburg JL. Diet-induced extinctions in the gut microbiota compound over generations. . 2016. Link

PG
Guía de la Microbiota · Autores: Dr. Patay Gábor — médico, especialista en microbiota · Dr. Bezzegh Attila — director médico, microbiólogo clínico · Dra. Anna Munar — médica, especialista en exposoma
MicroBiome Bank — contenido profesional revisado médicamente. Última actualización: 2026.