IV.7.

7. Bebidas fermentadas tradicionales

El kéfir, la kombucha y el kvas son formas ancestrales de aportar microbios beneficiosos en forma líquida, y favorecen el equilibrio del intestino y del sistema inmunitario.

“Probióticos” líquidos con disfraz cultural

Las bebidas fermentadas como el kéfir, la kombucha, el kvas y los vinagres tradicionales son métodos ancestrales para aportar microbios beneficiosos que favorecen la salud intestinal y la función inmunitaria.

Anécdota

Antes de 1857, la fermentación se consideraba un proceso químico. Justus von Liebig, uno de los químicos más influyentes del siglo XIX, sostenía que la fermentación se debía a la descomposición espontánea de la materia orgánica: un fenómeno puramente fisicoquímico que no requería ningún agente vivo. No estaba solo; la mayoría de sus contemporáneos coincidían. Fue un químico francés de treinta y cuatro años llamado Louis Pasteur quien zanjó el debate. A Pasteur le habían encargado investigar por qué las fermentaciones de remolacha azucarera de una destilería de Lille producían una y otra vez ácido láctico en lugar de alcohol. Bajo su microscopio no encontró un residuo químico, sino organismos: pequeños cuerpos con forma de bastón que estaban vivos y se multiplicaban activamente. En su artículo de 1857, Mémoire sur la fermentation appelée lactique, propuso algo radical: que la fermentación láctica la causaba un microorganismo vivo y no una reacción química espontánea. [110] Liebig desestimó públicamente los hallazgos de Pasteur y ambos entraron en una disputa que duró décadas y que se convirtió en una de las grandes controversias científicas del siglo. Pasteur acabó ganando. En 1863 había extendido su trabajo a la fermentación alcohólica, a la producción de vinagre y a la alteración del vino, y demostró en cada caso que microorganismos concretos eran responsables de productos de fermentación concretos. La idea de que cada alimento fermentado —ya sea vino, vinagre, kvas, kombucha o kéfir— resulta de la actividad metabólica de comunidades microbianas distintas no era evidente, ni intuitiva, ni fácil de aceptar. Se ganó mediante experimentación sistemática y argumentación a lo largo de casi una década. [111] Toda bebida fermentada tradicional de este capítulo —y de la cultura humana— es una aplicación práctica de lo que Pasteur demostró en Lille en 1857. Los cultivos que las casas de los pueblos se pasaban de tarro en tarro durante generaciones, sin saber por qué funcionaban, eran comunidades exactamente de aquellos microorganismos que Pasteur pasó años intentando convencer a sus colegas de que existían.

Cuando los pacientes buscan bebidas que puedan ayudar a la digestión, las bebidas fermentadas suelen entrar en la conversación. Muchas culturas desarrollaron estos alimentos mucho antes de que existiera la microbiología, y sin embargo se apoyaban en la misma idea: una fermentación controlada favorece a los microbios tolerantes al ácido y suprime a los organismos de la alteración. El kéfir, la kombucha, el kvas y los vinagres tradicionales son ejemplos de este enfoque práctico.

Estas bebidas suelen contener mezclas de bacterias lácticas, bacterias acéticas y levaduras. Las especies exactas varían mucho de un lote a otro. La mayoría de estos microbios atraviesan el intestino sin colonizarlo de forma permanente, pero durante ese tránsito pueden interactuar con los microbios residentes y producir ácidos orgánicos y otros metabolitos [105] [112].

Algunos estudios muestran que las dietas ricas en alimentos fermentados pueden aumentar la diversidad microbiana o reducir los marcadores inflamatorios, pero los efectos difieren entre personas y entre productos. No todas las bebidas fermentadas actúan como probióticos clínicos, y sus beneficios son en general modestos en comparación con la fibra alimentaria, la calidad global de la dieta y la exposición a antibióticos [106] [107].

La fermentación también modifica la química de los alimentos. Los ácidos orgánicos bajan el pH, algunas vitaminas se vuelven más disponibles y pueden formarse péptidos bioactivos. Estos cambios pueden influir en la digestión o en la tolerancia de algunas personas, sobre todo cuando las bebidas fermentadas sustituyen a bebidas azucaradas o ultraprocesadas [108].

Tanto los productos tradicionales como los industriales tienen ventajas. La fermentación casera puede aportar diversidad microbiana, pero varía en composición y en seguridad. Las bebidas comerciales ofrecen constancia, pero pueden llevar azúcar añadido o contener solo unas pocas cepas. Ninguno de los dos enfoques es automáticamente superior.

La seguridad merece atención. Las bebidas fermentadas pueden contener alcohol, histamina o exceso de azúcar, y una fermentación casera inadecuada puede dar lugar a contaminación. Las personas con inmunodepresión grave, intolerancia a la histamina o determinadas enfermedades metabólicas deben consultar con su médico antes de consumirlas con regularidad.

En la práctica clínica, las bebidas fermentadas se ven mejor como alimentos que pueden complementar una dieta equilibrada. Su principal beneficio procede a menudo de sustituir a bebidas menos saludables y de aportar pequeñas cantidades de metabolitos microbianos, más que de una colonización duradera del intestino.

En resumen, las bebidas fermentadas tradicionales reflejan una alianza útil entre cultura y microbiología. Aportan microbios transitorios y productos de fermentación que pueden favorecer la digestión en algunas personas, pero su papel es de apoyo y debe valorarse junto con la dieta y el estilo de vida en su conjunto.

Las bebidas fermentadas tradicionales y la microbiota

En el asesoramiento de nutrición clínica, las bebidas fermentadas se consideran añadidos opcionales a una dieta equilibrada, no tratamientos primarios de los problemas relacionados con la microbiota.

Su uso suele plantearse en el contexto de sustituir refrescos azucarados o alcohol por opciones fermentadas con menos azúcar, lo que puede mejorar la calidad global de la dieta.

Las bebidas fermentadas resultan más relevantes cuando se combinan con una ingesta adecuada de fibra alimentaria, ya que el consumo de fibra tiene un efecto más intenso y consistente sobre el metabolismo microbiano intestinal.

Los productos comerciales se evalúan uno a uno: algunos aportan cepas definidas y seguridad, mientras que otros contienen niveles altos de azúcar o apenas microbios vivos tras el procesamiento.

La fermentación casera puede ser adecuada cuando se siguen unas normas básicas de higiene y métodos de elaboración seguros, pero hay que reconocer la variabilidad del contenido de alcohol, el riesgo de contaminación y la variabilidad de la composición microbiana.

En pacientes con inmunodepresión grave, hepatopatía avanzada o determinadas enfermedades metabólicas, el consumo regular se valora individualmente con un médico.

En conjunto, las bebidas fermentadas se ven mejor como alimentos tradicionales que pueden complementar los patrones alimentarios, y no como terapia probiótica.

Efectos sobre la microbiota

  • Las bebidas fermentadas tradicionales contienen comunidades variables de bacterias lácticas y levaduras, que suelen incluir Lactobacillus, Lactococcus, Leuconostoc, bacterias acéticas y levaduras como Saccharomyces; Bifidobacterium es menos habitual en la mayoría de estas bebidas.
  • Estos microorganismos suelen atravesar el intestino sin colonizarlo de forma permanente, pero durante el tránsito pueden interactuar con la microbiota residente y producir metabolitos como ácido láctico, ácido acético, etanol y pequeños péptidos bioactivos.
  • Las bebidas fermentadas pueden aportar compuestos posbióticos (ácidos orgánicos, bacteriocinas, exopolisacáridos) capaces de influir en el entorno intestinal y en la señalización inmunitaria, aunque los efectos clínicos varían entre personas y productos.
  • Algunos estudios dietéticos muestran que los alimentos fermentados pueden aumentar modestamente la diversidad microbiana o modificar los marcadores inflamatorios, pero los resultados son inconsistentes y dependen de la dieta global y de la ingesta de fibra [105] [112].
  • La acidificación derivada de la fermentación puede reducir la supervivencia de algunos patógenos en el alimento o en el tramo digestivo alto, pero los efectos sobre la resistencia intestinal a patógenos en adultos sanos son limitados.
  • Las bebidas fermentadas por sí solas rara vez aumentan de forma previsible taxones intestinales concretos; los cambios en las bacterias productoras de butirato se vinculan con más fuerza a la fibra alimentaria que a las bebidas fermentadas por sí mismas [107].
  • La diversidad microbiana de la fermentación tradicional varía mucho según el método de elaboración, la conservación y la higiene; las bebidas probióticas comerciales ofrecen una composición de cepas más constante, pero no necesariamente un mayor efecto clínico [106].
  • Las bebidas fermentadas pueden contener bacterias, levaduras, bacteriófagos y metabolitos microbianos; su impacto principal es ambiental y dietético, más que una remodelación a largo plazo de la microbiota intestinal.
  • Combinar los alimentos fermentados con una ingesta adecuada de fibra alimentaria favorece la producción de ácidos grasos de cadena corta de forma más fiable que las bebidas fermentadas por sí solas.
  • En conjunto, las bebidas fermentadas se ven mejor como alimentos de apoyo que aportan microbios y metabolitos transitorios, mientras que los efectos más potentes sobre la microbiota proceden de la dieta a largo plazo, los antibióticos, la enfermedad y el estilo de vida.

Orientación para el paciente

  • Pruebe pequeñas raciones de bebidas fermentadas (p. ej., kéfir, kombucha, kvas) unas cuantas veces por semana.
  • Empiece con 100–150 ml y auméntelo solo si lo tolera bien.
  • Elija productos con poco azúcar añadido y un etiquetado claro de los cultivos vivos.
  • Tome las bebidas fermentadas con las comidas, sobre todo junto a alimentos ricos en fibra.
  • Suspéndalas o reduzca la cantidad si nota hinchazón, sofocos o síntomas de intolerancia.
  • Evite la fermentación casera salvo que se garanticen una higiene adecuada y una elaboración segura.
  • Compruebe el contenido de alcohol y de azúcar si tiene diabetes, hepatopatía o preocupaciones relacionadas con el peso.
  • Consulte a su médico antes de un uso regular si está inmunodeprimido o padece una enfermedad digestiva grave.
  • Recuerde que la ingesta de fibra, la dieta global, el sueño y los antibióticos influyen mucho más en la microbiota intestinal.
  • Use las bebidas fermentadas como parte de una dieta equilibrada, no como sustituto del tratamiento médico.
Perla clínica

Las bebidas fermentadas tradicionales (kéfir, kombucha, kvas) contienen concentraciones variables pero clínicamente relevantes de bacterias vivas, levaduras, bacteriocinas y ácidos orgánicos de cadena corta. El kéfir —el más estudiado— se asocia con una menor densidad de Helicobacter pylori y con una mejoría de los marcadores de tolerancia a la lactosa en datos observacionales. El ácido acético y el ácido glucurónico derivados del SCOBY de la kombucha proporcionan actividad antimicrobiana y hepatoprotectora, aunque la evidencia a dosis clínicas sigue siendo observacional.

Referencias

[105] Bourrie BCT, Willing BP, Cotter PD. The Microbiota and Health Promoting Characteristics of the Fermented Beverage Kefir. Front Microbiol. 2016. Link

[106] Wastyk HC, Fragiadakis GK, Perelman D et al. Gut-microbiota-targeted diets modulate human immune status. Cell. 2021. Link

[107] Marco ML, Heeney D, Binda S et al. Health benefits of fermented foods: microbiota and beyond. Curr Opin Biotechnol. 2017. Link

[108] Dimidi E, Cox SR, Rossi M, Whelan K. Fermented Foods: Definitions and Characteristics, Impact on the Gut Microbiota and Effects on Gastrointestinal Health and Disease. Nutrients. 2019. Link

[110] Pasteur, L. Mémoire sur la fermentation appelée lactique. Mémoires de la Société des Sciences de l'Agriculture et des Arts de Lille. 1857. Link

[111] Geison, G. L. The Private Science of Louis Pasteur. Princeton: Princeton University Press. 1995. Link

[112] Marsh AJ, O'Sullivan O, Hill C, Ross RP, Cotter PD. Sequence-based analysis of the bacterial and fungal compositions of multiple kombucha (tea fungus) samples. Food Microbiol. 2014. Link

PG
Guía de la Microbiota · Autores: Dr. Patay Gábor — médico, especialista en microbiota · Dr. Bezzegh Attila — director médico, microbiólogo clínico · Dra. Anna Munar — médica, especialista en exposoma
MicroBiome Bank — contenido profesional revisado médicamente. Última actualización: 2026.