XIV.1.

1. Las dietas culturales y ancestrales

Las dietas tradicionales, mínimamente procesadas y ricas en fibra sostienen una microbiota diversa modelada durante milenios, que la dieta occidental puede estrechar en una sola generación.

El plato de sus antepasados sigue alimentando hoy a su microbiota

La dieta tradicional de su cultura desempeña un papel crucial a la hora de modelar y preservar la diversidad microbiana intestinal [257].

Anécdota

A principios de la década de 1930, un dentista de Cleveland llamado Weston A. Price emprendió un viaje de diez años para estudiar la salud de poblaciones que aún seguían dietas tradicionales: aldeanos suizos de valles alpinos aislados, comunidades gaélicas de las Hébridas Exteriores, cazadores inuit de Alaska, pastores masái de África Oriental, aborígenes australianos y otros. Price era dentista, y los dientes fueron su principal instrumento de observación: documentó la morfología del arco dental, las tasas de caries y la oclusión de miles de personas. Lo que encontró fue consistente en todas las poblaciones que estudió. Las personas que comían los alimentos que sus antepasados habían comido durante generaciones tenían un desarrollo dental casi perfecto, una caries mínima y prácticamente ninguna enfermedad crónica. En esas mismas poblaciones, quienes habían adoptado alimentos occidentales importados —harina blanca, azúcar refinado, conservas enlatadas— mostraban apiñamiento dental, caries desenfrenada y el inicio de los patrones de enfermedad crónica que dominaban la medicina occidental. A menudo el cambio era visible en una sola generación. Price publicó sus hallazgos en 1939 con el título "Nutrition and Physical Degeneration". El libro fue polémico y siguió siendo discutido. Lo que documentaba, sin disponer del vocabulario para nombrarlo, era la dimensión microbiana de la transición alimentaria: la dieta ancestral mantenía un microbioma intestinal y oral modelado durante milenios; la transición occidental lo alteraba en una generación. Price estaba midiendo dientes. Estaba leyendo las consecuencias de un desplazamiento microbiano que nadie en 1939 tenía herramientas para ver directamente.

Las consecuencias de los patrones dietéticos ancestrales sobre la microbiota[G] se caracterizaron mediante análisis genómico y metagenómico comparativo de poblaciones tradicionales e industrializadas. Los hadza de Tanzania, que consumen una dieta ancestral de tubérculos, miel, bayas y caza silvestre, sin alimentos ultraprocesados, antibióticos ni productos químicos agrícolas, fueron estudiados por Schnorr y colaboradores en un artículo publicado en Nature Communications en 2014. La microbiota intestinal de los hadza mostró taxones bacterianos que no se encuentran en las poblaciones occidentales industrializadas, incluidas espiroquetas abundantes y organismos sin clasificar que se han asociado funcionalmente a la fermentación de fibra vegetal. [334] La comparación más llamativa procedió del análisis del Human Food Project sobre los datos del American Gut Project junto con los datos de los hadza: la microbiota intestinal del adulto estadounidense medio albergaba aproximadamente 1.200 taxones microbianos únicos, mientras que el adulto hadza medio albergaba más de 1.700 taxones únicos. La diferencia no era solo cuantitativa: era cualitativa, con géneros bacterianos enteros presentes en la microbiota hadza que están funcionalmente ausentes de las poblaciones occidentales. Entre ellos figuran varias especies de Treponema (parientes intestinales no patógenos de la espiroqueta de la sífilis) y especies de Spirochaeta que poseen una amplia capacidad de fermentación de polisacáridos. [24] Los mecanismos por los que las dietas ancestrales mantienen esta diversidad incluyen: el consumo diario de más de 100 gramos de fibra alimentaria procedente de fuentes vegetales diversas, que alimenta simultáneamente decenas de sustratos fermentables; el consumo habitual de alimentos fermentados preparados con métodos tradicionales y con comunidades iniciadoras diversas; la ausencia de alimentos ultraprocesados, que suprimen la diversidad microbiana al aportar sustratos de fácil absorción que eluden la fermentación colónica; y el contacto habitual con el suelo, las plantas y los animales, que siembra el intestino con organismos ambientales. [257] La implicación clínica no es romántica: no propone volver a la subsistencia cazadora-recolectora. Identifica componentes dietéticos concretos (tipos diversos de fibra, alimentos fermentados, procesamiento mínimo) y aportes ambientales (contacto con el suelo, exposición a la biodiversidad) que mantuvieron la diversidad de la microbiota ancestral y que pueden convertirse en objetivos de la orientación dietética contemporánea.

Cuando los pacientes preguntan por qué importa la "comida tradicional", suelo empezar por un punto práctico: la microbiota intestinal responde a patrones. La modela menos una comida concreta que lo que una persona come de forma repetida durante meses y años. Los hábitos alimentarios culturales son uno de los patrones estables a largo plazo que muchas personas comparten con su familia y su comunidad [39].

En distintas regiones, muchos patrones dietéticos tradicionales compartían algunos rasgos: se apoyaban en alimentos básicos mínimamente procesados, incluían una amplia variedad de alimentos vegetales y recurrían a menudo a la fermentación. Estos alimentos aportan hidratos de carbono complejos y fibras vegetales que el ser humano no digiere por completo por sí solo. Los microbios los fermentan y producen metabolitos como los ácidos grasos de cadena corta[G], que favorecen la función epitelial e interaccionan con la regulación inmunitaria de la mucosa.

Los estudios comparativos de distintas poblaciones muestran de forma consistente que los perfiles microbianos intestinales difieren entre los entornos muy industrializados y los estilos de vida más tradicionales. Las dietas ricas en fibra suelen asociarse a una estructura de comunidad más orientada a la fermentación, con una mayor representación de grupos que aprovechan la fibra, como Prevotella en algunas cohortes. En cambio, las dietas bajas en fibra y ricas en alimentos ultraprocesados tienden a correlacionarse con una menor capacidad fermentativa y con taxones dominantes distintos.

Es importante evitar la simplificación excesiva. Estas diferencias poblacionales no se explican solo por la dieta. La urbanización, el saneamiento, la exposición a antibióticos, la carga de infecciones y el estilo de vida en su conjunto modelan la ecología microbiana. "Tradicional" no significa automáticamente "saludable", y la "diversidad" por sí sola no es un diagnóstico clínico. Aun así, la estructura de la dieta sigue siendo uno de los factores más modificables.

Algunos organismos que se detectan con más frecuencia en poblaciones no industrializadas —como Prevotella o, en ciertos grupos, espiroquetas como Treponema— deben interpretarse como marcadores de aportes ecológicos sostenidos, en especial de una ingesta elevada de fibra, y no como dianas terapéuticas. Su presencia refleja a menudo con qué se está alimentando el ecosistema, no una única especie protectora.

Una de las razones por las que las dietas modernas cambian la microbiota con tanta eficacia es la velocidad. Los experimentos dietéticos a corto plazo muestran que la composición microbiana y la expresión génica pueden desplazarse en cuestión de días cuando cambian los patrones de macronutrientes. Esa capacidad de respuesta resulta útil desde el punto de vista clínico, pero también significa que la "herencia" no es un destino: la microbiota sigue siendo adaptable a lo largo de toda la vida.

Reconectar con elementos de una estructura dietética tradicional puede entenderse, por tanto, como restituir sustratos microbianos, no como recrear la historia. Cuando los pacientes aumentan la variedad vegetal, las legumbres, los cereales integrales y los alimentos fermentados —dentro de lo que toleran—, la microbiota suele desplazarse hacia un perfil metabólico más fermentativo. Los cambios más consistentes son funcionales primero (metabolitos y actividad), mientras que los cambios estables de composición pueden tardar más.

En la práctica, el objetivo no es un menú ancestral rígido. Es reconstruir la complejidad dietética que los sistemas alimentarios modernos suelen eliminar: más alimentos mínimamente procesados, más diversidad vegetal y una exposición más regular a fibras fermentables. Este enfoque favorece la resiliencia ecológica del intestino, algo que importa cuando la vida se vuelve estresante, los viajes alteran las rutinas o una enfermedad reduce el apetito.

Así pues, el "plato de los antepasados" se entiende mejor como un marco de referencia. Nos recuerda que la microbiota prospera con aportes constantes y complejos. Cuando las dietas modernas se simplifican en exceso, los ecosistemas microbianos se estrechan. Cuando la complejidad regresa —de forma sostenible y realista—, el entorno intestinal se vuelve más estable y la microbiota dispone de mejores condiciones para funcionar bien.

Cómo integrar los patrones dietéticos tradicionales en la vida moderna

Reintroducir elementos de la cocina tradicional resulta más práctico si se aborda de forma gradual, centrándose en platos familiares construidos en torno a cereales, legumbres, verduras y alimentos fermentados mínimamente procesados.

La inclusión habitual de alimentos vegetales diversos aporta sustratos fermentables que sostienen la actividad metabólica microbiana, en lugar de dirigirse a especies bacterianas concretas.

Las técnicas de preparación tradicionales —como el remojo, la fermentación o la cocción lenta— pueden mejorar la digestibilidad y la disponibilidad de nutrientes sin exigir una adhesión estricta a las recetas históricas.

Limitar los alimentos ultraprocesados y las bebidas azucaradas reduce la exposición a aditivos y a hidratos de carbono refinados que pueden alterar las vías metabólicas microbianas.

Los productos de temporada y de disponibilidad local pueden ayudar a aumentar la variedad dietética con el tiempo, algo que parece más importante para la función microbiana que cualquier ingrediente aislado.

Las comidas preparadas y tomadas con rutinas constantes suelen favorecer una mejor digestión a través de mecanismos conductuales, como comer más despacio y mantener horarios más regulares.

Las grasas alimentarias tradicionales, usadas dentro de comidas equilibradas ricas en fibra y en diversidad vegetal, contribuyen a la saciedad y pueden influir en la absorción de compuestos liposolubles sin necesidad de prescripciones concretas de grasa.

Las prácticas de cocina familiares o comunitarias pueden ayudar a mantener la constancia dietética, que es uno de los factores más potentes de la adaptación microbiana a largo plazo.

El objetivo clínico no es recrear un menú histórico, sino restituir una complejidad dietética que sostenga el metabolismo microbiano de forma sostenible.

Efectos sobre la microbiota

  • Las dietas prolongadas ricas en fibras vegetales diversas se asocian a una mayor diversidad funcional microbiana, con un aumento de la capacidad de fermentar hidratos de carbono complejos y de producir ácidos grasos de cadena corta[G] [334].
  • Los patrones dietéticos ricos en fibra se correlacionan a menudo con una mayor abundancia relativa de taxones que aprovechan la fibra, como Prevotella en algunas poblaciones, y de organismos productores de butirato (un ácido graso de cadena corta que es la principal fuente de energía de los colonocitos) (un ácido graso de cadena corta que nutre las células del colon y reduce la inflamación) como Faecalibacterium prausnitzii[G] en otras; estos taxones son marcadores de los sustratos dietéticos más que indicadores universales de salud [24].
  • Los alimentos fermentados pueden introducir microorganismos vivos y metabolitos derivados de la fermentación; la mayoría de las cepas no colonizan el intestino de forma permanente, pero pueden influir transitoriamente en la actividad microbiana y en la señalización inmunitaria.
  • Las dietas ricas en alimentos ultraprocesados y pobres en fibra fermentable se asocian a una menor diversidad metabólica microbiana y a vías alteradas de los ácidos biliares y de los ácidos grasos de cadena corta, más que a una única "especie perjudicial" identificable.
  • Un mayor aporte de polisacáridos vegetales y de almidón resistente puede potenciar la producción de metabolitos como el butirato, el acetato y el propionato, que interaccionan con la integridad epitelial, la inmunidad mucosa y la señalización intestino-cerebro.
  • Ciertos taxones observados habitualmente en poblaciones con dietas ricas en fibra —como Prevotella o, en algunas comunidades tradicionales, espiroquetas como Treponema— deben interpretarse ante todo como marcadores ecológicos de la estructura dietética, y no como dianas terapéuticas.
  • Los alimentos fermentados y la diversidad dietética tradicional pueden influir no solo en las bacterias, sino también en los hongos intestinales y en los bacteriófagos[G], aunque estos efectos están peor caracterizados en humanos.
  • Los patrones dietéticos de las primeras etapas de la vida modelan el desarrollo de la microbiota y el entrenamiento inmunitario; la continuidad de los patrones dietéticos en las familias y comunidades contribuye a perfiles microbianos compartidos, tanto por la exposición ambiental como por los alimentos compartidos.
  • Una menor exposición a emulsionantes alimentarios y a ciertos aditivos puede influir en la integridad del moco y en la localización microbiana en modelos experimentales, aunque la evidencia en humanos sigue siendo limitada.
  • En conjunto, las estructuras dietéticas tradicionales ricas en fibra parecen sostener la resiliencia metabólica microbiana, más que garantizar desenlaces concretos de composición.

Orientación para el paciente

  • Elija comidas basadas en cereales integrales, legumbres, verduras y alimentos mínimamente procesados.
  • Incluya cada semana una variedad de alimentos vegetales para aumentar la ingesta de fibra fermentable.
  • Añada alimentos fermentados que tolere bien, como yogur, kéfir o chucrut.
  • Sustituya los tentempiés ultraprocesados por opciones sencillas ricas en fibra, como frutos secos, legumbres o cereales cocidos.
  • Mantenga horarios regulares de comida y coma despacio para favorecer la digestión.
  • Pruebe métodos de preparación tradicionales, como remojar las legumbres o cocinar los cereales a fuego lento, cuando le resulte práctico.
  • Use hierbas y especias para dar sabor en lugar de recurrir a salsas envasadas.
  • Introduzca los cambios de forma gradual para que el intestino pueda adaptarse.
  • Mantenga la constancia durante varias semanas antes de juzgar el efecto.
Perla clínica

Los patrones dietéticos tradicionales (mediterráneo, japonés, okinawense, nórdico) se asocian de forma consistente a una mayor abundancia de Akkermansia muciniphila y Faecalibacterium prausnitzii y a marcadores inflamatorios más bajos que los patrones dietéticos occidentales. Estos patrones comparten rasgos comunes: alta diversidad vegetal, integración de alimentos fermentados, ultraprocesamiento mínimo y prácticas culinarias que preservan el contenido de prebióticos y polifenoles. La herencia dietética cultural puede representar la "fórmula prebiótica" ecológicamente más madura de la que disponemos para favorecer el injerto tras el FMT.

Referencias

[24] Sonnenburg JL, Bäckhed F. Diet–microbiota interactions as moderators of human metabolism. Nature. 2016. Link

[39] Koh A, De Vadder F, Kovatcheva-Datchary P, Bäckhed F. From Dietary Fiber to Host Physiology: Short-Chain Fatty Acids as Key Bacterial Metabolites. Cell. 2016. Link

[257] Rook, G. A. Regulation of the immune system by biodiversity from the natural environment. Proc Natl Acad Sci USA. 2013. Link

[334] Schnorr SL, Candela M, Rampelli S et al. Gut microbiome of the Hadza hunter-gatherers. Nat Commun. 2014. Link

PG
Guía de la Microbiota · Autores: Dr. Patay Gábor — médico, especialista en microbiota · Dr. Bezzegh Attila — director médico, microbiólogo clínico · Dra. Anna Munar — médica, especialista en exposoma
MicroBiome Bank — contenido profesional revisado médicamente. Última actualización: 2026.