21. Edulcorantes artificiales
Los edulcorantes artificiales ahorran calorías, pero en algunas personas remodelan las bacterias intestinales y deterioran el manejo del azúcar en sangre, de modo que el precio no siempre es cero.
La ilusión dulce: lo que las cero calorías pueden costarle a su intestino
Los edulcorantes artificiales pueden ahorrar calorías, pero tienen un precio microbiano.
En 1879, un químico llamado Constantin Fahlberg trabajaba hasta tarde en su laboratorio de la Universidad Johns Hopkins cuando, mientras cenaba sin haberse lavado las manos, notó que todo lo que tocaba sabía extraordinariamente dulce. Al rastrear el origen hasta su mesa de trabajo, identificó un compuesto que había derramado accidentalmente durante un experimento con derivados del alquitrán de hulla. Lo llamó sacarina. Era entre trescientas y quinientas veces más dulce que el azúcar, no tenía valor calórico y atravesaba el organismo sin modificarse. Durante más de un siglo, esta última propiedad se consideró su ventaja clave: al no metabolizarse, era inerte. En 2015, un equipo dirigido por Eran Segal y Eran Elinav en el Instituto Weizmann publicó en Nature un artículo que mostraba que la sacarina, la sucralosa y el aspartamo podían alterar la composición de la microbiota intestinal en ratones y, en un subgrupo de sujetos humanos, inducir intolerancia a la glucosa, mediante cambios microbianos y no por una acción metabólica directa. El compuesto, en efecto, no era metabolizado por el huésped. Lo metabolizaba la microbiota. El hallazgo accidental de Fahlberg llevaba 136 años atravesando intestinos humanos antes de que alguien se preguntara qué le ocurría por el camino.
Durante años, tras los experimentos en ratones de Suez de 2015, la limitación central de la investigación sobre edulcorantes fue la ausencia de un ensayo aleatorizado en humanos con potencia estadística suficiente. Esa laguna se cerró en buena medida en 2022, cuando Jotham Suez, Eran Elinav y sus colaboradores del Instituto Weizmann publicaron en Cell un estudio con 120 adultos sanos que no habían consumido antes edulcorantes artificiales de forma regular. Los participantes fueron aleatorizados a consumir uno de cuatro edulcorantes —sacarina, sucralosa, aspartamo o estevia— a dosis inferiores a la ingesta diaria admisible, o a uno de dos grupos control. La microbiota intestinal y las respuestas de glucosa se midieron al inicio, durante la intervención de dos semanas y tras un periodo de seguimiento. [162] Los hallazgos confirmaron que las respuestas individuales de la microbiota eran muy variables, pero no eran aleatorias. La sacarina y la sucralosa produjeron los desplazamientos de composición de la microbiota más significativos y se asociaron además a un deterioro de la tolerancia a la glucosa en un subgrupo de participantes. La estevia y el aspartamo mostraron efectos sobre la microbiota menores y menos consistentes, aunque los cambios seguían siendo detectables. De forma decisiva, el perfil basal de la microbiota, antes de cualquier intervención, predecía con una exactitud razonable qué personas mostrarían una respuesta glucémica a un edulcorante determinado. La microbiota no se limitaba a reaccionar a los edulcorantes: estaba preconfigurada por la historia dietética previa para responder de forma distinta en cada persona. [163] Un avance metodológico clave de este estudio fue el uso de un perfilado personalizado de la microbiota para predecir los resultados del huésped, lo que validó el concepto surgido del trabajo en ratones de 2015. También demostró que las evaluaciones regulatorias de seguridad basadas en la toxicología tradicional —que examinan la carcinogenicidad, la toxicidad orgánica y los efectos metabólicos directos— no se diseñaron para detectar efectos mediados por la microbiota sobre el metabolismo de la glucosa. El estudio no defendía que los edulcorantes deban prohibirse. Estableció que sus consecuencias metabólicas dependen de quién los consume y que la composición de la microbiota intestinal es una variable relevante que la práctica clínica aún no había incorporado a las recomendaciones sobre edulcorantes. [164]
Los edulcorantes artificiales se eligen a menudo para reducir la ingesta de azúcar y controlar las calorías. Para muchas personas esto resulta útil. Sin embargo, la comida hace algo más que aportar energía. La microbiota intestinal también responde a las señales de la dieta, y algunos edulcorantes artificiales pueden interactuar con este ecosistema. La sacarina, la sucralosa, el aspartamo y el acesulfamo potásico son de uso amplio, y sus efectos sobre la microbiota se han estudiado en animales y en pequeños ensayos en humanos [164].
Los estudios experimentales muestran que ciertos edulcorantes, sobre todo la sacarina, pueden cambiar la composición y la actividad metabólica de la microbiota. En algunas personas, estos cambios se asociaron a una menor tolerancia a la glucosa. No obstante, otros estudios encontraron poco o ningún efecto, y muchos participantes muestran una microbiota estable pese a la exposición. Las respuestas parecen depender de la microbiota de partida, de la calidad de la dieta y de la dosis, lo que explica los resultados inconsistentes entre estudios [162] [164].
Los edulcorantes artificiales también pueden influir en el metabolismo microbiano más que simplemente en el número de microbios. En contextos experimentales se han descrito cambios en la producción de ácidos grasos de cadena corta o en las vías de procesamiento de hidratos de carbono. Estos productos microbianos ayudan a regular las respuestas inmunitarias, la integridad de la barrera intestinal y la señalización entre el intestino y el sistema nervioso. La importancia clínica de estos desplazamientos aún se está aclarando [39].
Es importante distinguir la toxicología de la investigación sobre la microbiota. Los edulcorantes autorizados se consideran seguros a los niveles de ingesta recomendados. La preocupación actual se refiere a los efectos metabólicos y microbianos a largo plazo, difíciles de estudiar y que pueden diferir entre individuos. Los ensayos humanos amplios y bien controlados siguen siendo escasos.
Los edulcorantes de origen natural, como los extractos de estevia y los polialcoholes, se perciben a menudo como neutros. La evidencia disponible sugiere que algunos tienen efectos sobre la microbiota menores que la sacarina en estudios experimentales, pero los datos son limitados y dependen de la dosis. Los polialcoholes pueden fermentarse en el colon y causar hinchazón en personas sensibles, lo que refleja actividad microbiana y no toxicidad.
En la práctica clínica, los edulcorantes artificiales pueden ayudar a reducir la ingesta de azúcar, especialmente en el manejo de la diabetes. Los problemas son más probables cuando se consumen con frecuencia en lugar de agua o de alimentos integrales. La calidad de la dieta —la ingesta de fibra, la diversidad vegetal y el grado global de procesamiento— tiene una influencia más fuerte y mejor demostrada sobre la composición de la microbiota que los edulcorantes por sí solos.
Un uso ocasional de edulcorantes artificiales es poco probable que perjudique a la mayoría de las personas. Aun así, apoyarse en ellos como fuente diaria de dulzor puede no ser neutro para todo el mundo. La moderación y la diversidad dietética siguen siendo el enfoque más seguro y favorecen tanto la salud metabólica como la estabilidad del ecosistema intestinal.
Estrategias prácticas para un dulzor más seguro
- En la observación clínica, los pacientes que tratan el sabor dulce como un componente ocasional y no como un hábito diario tienden a mantener patrones alimentarios y un equilibrio de la microbiota más estables. Los refrescos light y los tentempiés «sin azúcar» se toleran en general mejor cuando siguen siendo ocasionales y no rutinarios.
- Entender dónde aparecen los edulcorantes en la dieta revela a menudo una exposición oculta. Son frecuentes no solo en los refrescos light, sino también en yogures, proteínas en polvo, chicles, salsas y tentempiés bajos en calorías, de modo que la ingesta acumulada puede ser mayor de lo esperado.
- Los alimentos integrales que aportan dulzor natural —fruta, lácteos fermentados, frutos secos o especias como la canela— encajan más fácilmente en una dieta favorable a la microbiota. Aportan fibra y polifenoles que las bacterias beneficiosas pueden metabolizar.
- Endulzar las bebidas de forma habitual puede mantener la preferencia por un dulzor intenso. Cuando el dulzor se reduce de forma gradual, la percepción del gusto suele adaptarse y la dependencia tanto del azúcar como de los edulcorantes artificiales suele disminuir.
- Cuando los edulcorantes son médicamente útiles —por ejemplo, en el manejo de la diabetes—, usar cantidades pequeñas e ir variando de producto tiende a limitar la exposición continua a un mismo compuesto. Este enfoque refleja la variabilidad observada en las respuestas de la microbiota.
- La calidad global de la dieta sigue siendo el factor dominante. Una ingesta adecuada de fibra, la diversidad vegetal, los alimentos fermentados, un sueño regular y la actividad física tienen efectos más fuertes y más consistentes sobre la composición de la microbiota que los edulcorantes por sí solos.
Efectos sobre la microbiota
- Se ha demostrado que ciertos edulcorantes artificiales (especialmente la sacarina en estudios experimentales) modifican la composición y la actividad metabólica de la microbiota en animales y en algunos sujetos humanos, pero los efectos son inconsistentes y dependen mucho de la microbiota de partida, de la dosis y de la dieta global [162] [164].
- Los desplazamientos observados de la microbiota pueden incluir cambios en las bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta (p. ej., Faecalibacterium prausnitzii, Roseburia spp.) y una expansión ocasional de taxones de Pseudomonadota (antes Proteobacteria) en contextos experimentales; estos hallazgos reflejan patrones de disbiosis, pero no son marcadores específicos de enfermedad [164].
- Los edulcorantes artificiales pueden influir en las vías metabólicas microbianas más que simplemente en el número de bacterias, y alterar los patrones de fermentación, el metabolismo de los ácidos biliares o los metabolitos derivados del triptófano que participan en la regulación inmunitaria, en la función de barrera intestinal y en la señalización intestino-cerebro [39].
- En un subgrupo de personas, los cambios mediados por la microbiota se han asociado a una tolerancia a la glucosa alterada, pero muchos ensayos humanos controlados muestran un efecto mínimo o nulo, lo que indica una fuerte variabilidad interindividual [162].
- La evidencia actual no muestra de forma constante una reducción de la diversidad microbiana en humanos, aunque pequeños estudios describen desplazamientos de composición tras una exposición a dosis altas.
- Los edulcorantes pueden influir indirectamente en la señalización inmunitaria de la mucosa a través de metabolitos derivados de la microbiota y de interacciones epiteliales; no obstante, no está establecida una causación directa de inflamación crónica en humanos.
- Los componentes no bacterianos de la microbiota también pueden responder a los patrones dietéticos: las poblaciones fúngicas (Candida, Saccharomyces), los bacteriófagos o las arqueas metanógenas (Methanobrevibacter smithii) pueden desplazarse con la disbiosis relacionada con la dieta, aunque los vínculos específicos con los edulcorantes siguen sin estar claros.
- Los cambios de la microbiota relacionados con la ingesta de edulcorantes parecen reversibles con una mejor calidad de la dieta, una mayor ingesta de fibra y una menor exposición a alimentos ultraprocesados [24].
Orientación para el paciente
- Limite los refrescos light y los tentempiés «sin azúcar» a un uso ocasional.
- Revise las etiquetas; fíjese en el uso repetido de aspartamo, sucralosa, sacarina o acesulfamo-K.
- Use fruta entera para endulzar los alimentos siempre que sea posible.
- Reduzca el dulzor de forma gradual en el café, el té y los postres.
- Elija agua, agua mineral o té sin azúcar para las bebidas del día a día.
- Mantenga alta la ingesta de fibra (verduras, legumbres, cereales integrales) para favorecer la estabilidad de la microbiota.
- Incluya alimentos fermentados con regularidad (yogur, kéfir, chucrut).
- Registre su ingesta de edulcorantes durante una semana para detectar patrones.
- Si necesita edulcorantes para el control de la diabetes, use cantidades pequeñas y vaya variando de producto.
- Revise sus progresos en la próxima visita y ajústelos conjuntamente.
La sacarina, la sucralosa y el aspartamo alteran la composición microbiana intestinal y deterioran la tolerancia a la glucosa en ensayos humanos controlados (Suez et al., 2022, Cell). Estos efectos dependen de la microbiota y varían de una persona a otra. El rebaudiósido A derivado de la estevia presenta el perfil de microbioma más neutro en los estudios humanos disponibles y es el edulcorante alternativo recomendado de forma preferente para los pacientes sometidos a FMT.
Referencias
[24] Sonnenburg JL, Bäckhed F. Diet–microbiota interactions as moderators of human metabolism. Nature. 2016. Link
[39] Koh A, De Vadder F, Kovatcheva-Datchary P, Bäckhed F. From Dietary Fiber to Host Physiology: Short-Chain Fatty Acids as Key Bacterial Metabolites. Cell. 2016. Link
[162] Suez J, Cohen Y, Valdés-Mas R et al. Personalized microbiome-driven effects of non-nutritive sweeteners on human glucose tolerance. Cell. 2022. Link
[163] Zmora N, Suez J, Elinav E. You are what you eat: diet, health and the gut microbiota. Nat Rev Gastroenterol Hepatol. 2019. Link
[164] Ruiz-Ojeda FJ, Plaza-Díaz J, Sáez-Lara MJ, Gil A. Effects of Sweeteners on the Gut Microbiota: A Review of Experimental Studies and Clinical Trials. Adv Nutr. 2019. Link

