1. ¿Qué es el FMT? – La ciencia de la terapia
El FMT no es el trasplante de una sola bacteria, sino la reconstrucción de todo un ecosistema microbiano, del mismo modo que una ciudad no puede funcionar solo con ingenieros importados.
Más que un trasplante: reconstruir un ecosistema microbiano entero
Piense en el microbioma intestinal como en una ciudad. En un municipio que funciona, distintos oficios son imprescindibles: ingenieros, personal de limpieza, docentes, proveedores, personal de seguridad. La ciudad no funciona solo con ingenieros, por muy competentes que sean. Lo que importa no es tener el mayor número de profesionales de un solo oficio, sino disponer de la mezcla adecuada, en las proporciones adecuadas, haciendo el trabajo adecuado en el momento adecuado. El mismo principio rige el intestino. Cada especie microbiana ocupa un papel funcional: unas descomponen la fibra alimentaria, otras convierten esos productos de degradación en ácidos grasos de cadena corta, otras utilizan esos ácidos grasos como su propio sustrato y otras aún regulan la inflamación, modulan las respuestas inmunitarias o compiten entre sí y con las especies oportunistas. La salud del sistema no depende de la presencia de ninguna bacteria "beneficiosa" concreta, sino de la integridad de toda la red.
Esta metáfora ayuda a explicar varias cosas que importan en la clínica. Primera: por qué un probiótico multicomponente tomado sin conocer la ecología existente puede resultar inútil o contraproducente; una ciudad no se reconstruye importando cientos de especialistas si faltan las carreteras, el suministro de agua y la infraestructura energética. Segunda: por qué el FMT tarda semanas y no días; trasplantar una comunidad nueva exige reconstruir la infraestructura metabólica, no solo repoblar el espacio. Tercera: por qué la alimentación, el sueño y el estrés influyen todos en los resultados; son el suministro de energía, el calendario de mantenimiento y el orden cívico de la ciudad. Alterar cualquiera de ellos cambia las condiciones en las que la ciudad microbiana puede funcionar.
No fue hasta la publicación en 2013 de un ensayo controlado aleatorizado de referencia, obra de van Nood y colaboradores en The New England Journal of Medicine —que informaba de una tasa de curación del 81–94 % para la infección recurrente por C. difficile mediante FMT por colonoscopia, frente al 31 % de la vancomicina—, cuando el FMT irrumpió en la medicina clínica convencional. El ensayo se interrumpió antes de tiempo porque la superioridad del FMT era tan marcada que se consideró poco ético seguir privando de él al grupo control.
La era moderna del FMT comenzó formalmente en 1958, cuando el cirujano de Colorado Ben Eiseman y sus colaboradores publicaron en la revista Surgery una serie de casos que describía a cuatro pacientes con colitis seudomembranosa grave —una afección que hoy sabemos causada por Clostridioides difficile— tratados con enemas fecales. Los cuatro se recuperaron con rapidez. El artículo apenas llamó la atención en su momento.
Los veterinarios de la Europa moderna temprana llegaron a conclusiones parecidas sin saberlo. Registros de los siglos XVI y XVII describen la transfaunación del contenido intestinal entre animales de granja: transferir material vegetal fermentado de rumiantes sanos a rumiantes enfermos para restablecer la función digestiva. El mecanismo se desconocía; el resultado era lo bastante constante como para convertirse en práctica habitual.
El relato documentado más antiguo procede de la China del siglo IV. El médico Ge Hong, en su compendio de medicina de urgencias Zhou Hou Bei Ji Fang (Terapias prácticas para urgencias), describió el tratamiento de intoxicaciones alimentarias graves y de la diarrea con una suspensión de materia fecal humana administrada por vía oral. La llamó "sopa amarilla". Sus pacientes se recuperaban. No sabía por qué —el concepto de microorganismo no existiría hasta catorce siglos después—, pero la observación empírica era correcta.
Mucho antes de que existiera la palabra "microbioma[G]", sanadores de muy distintas culturas tropezaron con una verdad contraintuitiva: que el contenido del intestino de una criatura podía devolver la vitalidad a otra. Lo que hoy llamamos trasplante de microbiota[G] fecal tiene raíces que se extienden mucho más allá del laboratorio moderno.
Una historia escrita en el intestino: el FMT a lo largo del tiempo
El trasplante de microbiota fecal (FMT) es la transferencia de un preparado de heces cuidadosamente procesado y diluido —procedente de un donante sano y exhaustivamente cribado— al tracto gastrointestinal de un receptor, en una forma definida (p. ej., enema o cápsula), con el objetivo de restaurar un ecosistema microbiano alterado. La terapia de transferencia de microbiota (MTT), en cambio, se refiere al marco terapéutico más amplio en el que el entorno y el estilo de vida del paciente se alinean de forma sistemática con los requisitos ecológicos de la matriz microbiana trasplantada, y así extienden el FMT hasta convertirlo en un protocolo de tratamiento integral.
El FMT no es un fármaco en el sentido convencional. No administra una única molécula activa, sino toda una comunidad ecológica: cientos de especies bacterianas, bacteriófagos[G], hongos, arqueas y sus metabolitos asociados. Esta complejidad es precisamente su fuerza terapéutica. Allí donde los antibióticos o los probióticos actúan sobre componentes individuales del ecosistema microbiano, el FMT intenta restaurar el ecosistema en su conjunto, y reintroduce simultáneamente la resistencia a la colonización[G], la diversidad funcional y la estabilidad metabólica.
El principio terapéutico que subyace al FMT se apoya en la competencia ecológica. Un microbioma[G] disbiótico o empobrecido carece de la estructura comunitaria necesaria para resistir a los patógenos oportunistas y sostener una función metabólica normal. Cuando se introduce una comunidad de donante diversa en cantidad suficiente, esta puede desplazar por competencia a las especies patógenas residuales, reocupar los nichos ecológicos y restablecer las relaciones funcionales entre los taxones microbianos y la fisiología del huésped que caracterizan a un intestino sano. Este proceso es análogo a la restauración de un hábitat degradado: el éxito no depende solo de qué especies se introducen, sino de cuántas, en qué secuencia y bajo qué condiciones ambientales.
La evidencia clínica actual sobre la eficacia del FMT es más sólida en la infección recurrente por Clostridioides difficile (rCDI), donde se han descrito tasas de curación del 80–92 % en múltiples ensayos controlados aleatorizados [7], [29]. En esta afección, la alteración inducida por los antibióticos ha eliminado la resistencia a la colonización que normalmente mantiene a raya a C. difficile. Un único FMT a dosis alta, administrado por colonoscopia, suele bastar para restablecer el equilibrio competitivo e impedir la recurrencia. El mismo principio —restaurar la resistencia a la colonización mediante la transferencia de una comunidad microbiana— se está aplicando a un abanico creciente de afecciones, entre ellas la enfermedad inflamatoria intestinal (Inflammatory Bowel Disease: enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa), el síndrome metabólico, la enfermedad injerto contra huésped y las infecciones urinarias recurrentes, aunque la evidencia en estas áreas se encuentra en fases más tempranas.
No todos los pacientes ni todas las afecciones responden a una única sesión de FMT. La diversidad y la estabilidad del entorno intestinal del receptor, el grado de exposición previa a antibióticos, el diagnóstico de base y la vía y la dosis de administración influyen todos en los resultados. Esto ha impulsado el desarrollo de distintos formatos de administración y pautas de dosificación del FMT, cada uno con propiedades farmacológicas y ecológicas diferenciadas.
Vías de administración y formulaciones: no todos los FMT son iguales
El FMT puede administrarse por varias vías, cada una de las cuales aporta volúmenes, densidades microbianas y distribuciones espaciales distintas dentro del tracto gastrointestinal. La elección de la vía de administración es una decisión clínica que depende de la indicación, del estado del paciente, de la infraestructura disponible y de la duración de tratamiento deseada.
| Modo de administración | Carga bacteriana | Alcance anatómico | Repetibilidad | Características clínicas |
|---|---|---|---|---|
| Colonoscopia | Alta (10¹¹–10¹² CFU/mL) | Ciego / válvula ileocecal | Procedimiento único; puede repetirse | Estándar de referencia en la CDI; exige preparación intestinal; entorno hospitalario; máxima probabilidad de injerto |
| Sigmoidoscopia | Moderada-alta | Sigma / colon descendente | Única; rara vez se repite | Más sencilla que la colonoscopia; alcance limitado; se usa en presentaciones de IBD del lado izquierdo |
| Sonda nasoyeyunal | Moderada (10⁹–10¹⁰) | Intestino delgado proximal | Posibilidad de varias dosis | Entorno hospitalario; incomodidad para el paciente; indicada cuando hay afectación del tramo digestivo alto |
| Cápsula oral | Variable (liofilizada / líquida) | Colon (tras la disolución de la cápsula) | Fácil de repetir; administración domiciliaria | El formato más cómodo; vía principal en las fases de consolidación y mantenimiento; modo de administración principal en el protocolo de MicroBiome Bank |
| Enema | Baja-moderada | Recto / rectosigma | Repetible en el domicilio | La más sencilla de administrar; el alcance más limitado; se usa como complemento o en presentaciones agudas |
Tabla 2 – Panorámica de las vías de administración del FMT y sus características clínicas # La carga bacteriana, el alcance y la repetibilidad varían sustancialmente entre formatos, lo que influye directamente en el diseño del protocolo.
La relación dosis-respuesta: por qué importan tanto la densidad como la duración
El planteamiento moderno del FMT se apoya en el enfoque del holobionte[G]: el huésped y su microbioma se entienden como una única unidad funcional, de modo que la modificación dirigida de la comunidad microbiana produce un efecto clínico a nivel de sistema [413]. Una idea central de la investigación en FMT es que la supresión de los síntomas y la colonización microbiana duradera se rigen por mecanismos biológicos distintos y exigen, por tanto, estrategias de dosificación distintas. Entender esta diferencia es esencial para diseñar protocolos de tratamiento que logren a la vez respuesta clínica a corto plazo y estabilidad del ecosistema a largo plazo.
FMT a dosis alta y supresión de los síntomas Cuando se introduce un inóculo microbiano grande y concentrado en un intestino alterado, este modifica con rapidez el paisaje ecológico. En el caso de la infección por C. difficile, esto funciona mediante varios mecanismos simultáneos: la exclusión competitiva de C. difficile de los sitios de adhesión mucosa, el restablecimiento de la resistencia a la colonización por la reintroducción de bacterias metabolizadoras de ácidos biliares que convierten los ácidos biliares primarios en secundarios (ácidos biliares modificados por las bacterias intestinales que refuerzan la resistencia a la colonización), lo que inhibe la germinación de C. difficile), la restauración rápida de la producción de SCFA[G] y la normalización de la señalización inmunitaria. La elevada densidad microbiana del FMT por colonoscopia maximiza la probabilidad de que al menos un subconjunto crítico de especies del donante se afiance antes de que el sistema inmunitario y la comunidad patógena residual puedan montar una contrarrespuesta. El FMT colonoscópico único a dosis alta logra la curación clínica en aproximadamente el 80–92 % de los casos de C. difficile recurrente en ensayos controlados, a menudo en 48–72 horas [7].
La limitación del FMT único a dosis alta Pese a su eficacia en la supresión aguda, un único FMT a dosis alta no garantiza una colonización estable a largo plazo, en particular fuera de la infección por C. difficile. Varios factores limitan el injerto[G] sostenido. En primer lugar, el sistema inmunitario del huésped muestrea de forma activa la comunidad microbiana entrante y responde a ella; un bolo único y grande puede desencadenar una contrarregulación inmunitaria más intensa que dosis menores repetidas. En segundo lugar, la sucesión ecológica[G] en el intestino es un proceso: las especies del donante no solo deben llegar, sino competir, adaptarse, formar relaciones mutualistas con la mucosa del huésped y sobrevivir a las fluctuaciones dietéticas y fisiológicas a lo largo de semanas o meses. En tercer lugar, sin refuerzo continuado, la firma microbiana residual del receptor —moldeada por años de alimentación, genética y disbiosis[G] previa— puede reafirmarse de forma gradual a medida que decae la comunidad del donante, inicialmente dominante.
FMT prolongado y repetido para una colonización duradera El FMT en cápsulas orales permite lo que la colonoscopia no puede: dosis repetidas durante semanas o meses con una densidad microbiana menor por sesión. Este enfoque de exposición repetida imita el proceso natural de sucesión microbiana más de cerca que un bolo único. Cada dosis aporta un inóculo renovado, lo que impide el rebote competitivo de las especies disbióticas y permite al mismo tiempo que los taxones del donante establezcan de forma progresiva relaciones ecológicas más profundas con la mucosa, el sistema inmunitario y el entorno de sustratos dietéticos del huésped. Los estudios en IBD (enfermedad inflamatoria intestinal: enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa) y en afecciones metabólicas muestran de forma constante que varias sesiones de FMT, administradas a lo largo de 6–8 semanas o más, producen cambios del microbioma más duraderos que los enfoques de sesión única. El mecanismo parece implicar una tolerancia inmunitaria progresiva a la microbiota del donante, un llenado escalonado de los nichos ecológicos y desplazamientos acumulativos en las interacciones metabólicas entre huésped y microbiota.
La dinámica de los fagos como variable oculta Más allá de las bacterias, los preparados de FMT contienen bacteriófagos: virus que infectan específicamente a bacterias. Los fagos influyen en qué especies bacterianas pueden establecerse en el intestino del receptor al lisar de forma selectiva a las cepas competidoras, y la evidencia emergente sugiere que los patrones de injerto de los fagos difieren entre la administración por colonoscopia y la administración en cápsulas [30]. El FMT único a dosis alta aporta un gran inóculo de fagos simultáneamente con las bacterias, lo que puede remodelar con rapidez la dinámica de la comunidad bacteriana. La administración repetida a dosis bajas permite una coevolución fago-bacteria más gradual en el nuevo entorno, lo que podría favorecer resultados más estables a largo plazo. Es un área de investigación activa, y la evidencia actual todavía no permite recomendaciones precisas de protocolo basadas solo en la dinámica de los fagos.
Intensidad de la dosis y gravedad en las infecciones por C. difficile: el modelo de tratamiento hiperbólico
No toda disbiosis exige la misma intensidad de FMT. La respuesta clínica al FMT guarda estrecha relación con la profundidad de la alteración microbiana existente: una microbiota levemente empobrecida requiere un enfoque distinto del que necesita otra gravemente dañada por meses o años de uso de antibióticos, hospitalización o infección recurrente.
El protocolo clínico de MicroBiome Bank se apoya en una evaluación compuesta de la gravedad basada en cuatro escalas para guiar la intensidad de la dosis. Las escalas que la componen —la escala de Zar, el modelo ATLAS, la escala VA Hines y el sistema CARDS (Clostridioides difficile Associated Risk of Death Score)— captan cada una dimensiones distintas de la gravedad: carga sintomática, parámetros de laboratorio, fracaso terapéutico previo y riesgo sistémico. Al sintetizarlas en una puntuación compuesta, el equipo clínico puede determinar no solo si el FMT está indicado, sino con qué intensidad debe administrarse.
El modelo de dosificación resultante se describe como un protocolo de tratamiento hiperbólico: la curva de tratamiento parte de valores altos y desciende a medida que los síntomas ceden. En la fase inicial de inducción, la densidad y la frecuencia de las cápsulas están en su máximo, lo suficiente para vencer la resistencia a la colonización de un entorno gravemente disbiótico. A medida que el injerto se estabiliza y los marcadores clínicos mejoran, la dosis se reduce de forma progresiva. La reducción escalonada sigue la trayectoria biológica del paciente, no un calendario fijo.
Este enfoque importa porque una dosis estándar aplicada a un intestino gravemente empobrecido suele producir solo efectos transitorios. La comunidad de donante entrante encuentra una infraestructura ecológica insuficiente —sin nicho mucoso, sin cadena de sustratos, sin socios cooperativos— y es desplazada por competencia antes de poder establecerse. El enfoque de inundación (inoculación sostenida a alta densidad) mantiene una presión de colonización continua hasta que las condiciones ecológicas cambian a favor de la comunidad trasplantada.
En los pacientes con disbiosis leve o en fase inicial es apropiada una dosis de partida más baja: la microbiota existente, aunque alterada, sigue ofreciendo un andamiaje a la comunidad entrante. En los casos moderados con fracaso terapéutico previo o recaída persistente se aplica un protocolo intermedio. Los casos graves —caracterizados por una diversidad microbiana muy baja, dominio activo de patobiontes o barrera mucosa comprometida— exigen la fase inicial más intensiva, seguida de un descenso cuidadosamente controlado.
Este modelo guiado por la gravedad y calibrado de forma individual es una de las diferencias centrales entre el FMT entendido como estrategia de restauración ecológica y el FMT entendido como procedimiento de un solo acto. El objetivo no es administrar microbios una vez: es crear y sostener las condiciones bajo las cuales una comunidad microbiana nueva y estable pueda arraigar.
La evaluación de compatibilidad del FMT: una sonda biológica para el emparejamiento donante-receptor
No todas las combinaciones de donante y receptor producen resultados equivalentes en el FMT. En las afecciones crónicas distintas de la CDI —incluidas la enfermedad inflamatoria intestinal, el síndrome metabólico y los trastornos gastrointestinales funcionales— se integra una fase previa de evaluación de compatibilidad antes de la inducción completa, lo que transforma el protocolo en una arquitectura de cuatro fases. La microbiota es un ecosistema inmunológicamente activo: el sistema inmunitario mucoso del receptor, su comunidad microbiana existente y su fondo genético influyen todos en cómo se recibe un preparado de donante concreto. En un subgrupo de pacientes, un preparado de donante dado puede desencadenar una exacerbación de los síntomas, una respuesta inflamatoria inadecuada o, sencillamente, no injertar, incluso cuando el material del donante cumple todos los criterios de calidad habituales. Esta incompatibilidad donante-receptor es una de las variables clínicamente más importantes en los resultados del FMT en afecciones crónicas y, sin embargo, no puede predecirse de forma fiable solo a partir de los parámetros de laboratorio previos al tratamiento.
Para abordarlo, MicroBiome Bank emplea un procedimiento de evaluación de compatibilidad conceptualmente análogo a la sonda biológica utilizada en la medicina transfusional. En la práctica transfusional, se administra lentamente un pequeño volumen de sangre a pie de cama antes de proceder con la transfusión completa, lo que permite al equipo clínico detectar en tiempo real reacciones hemolíticas agudas o de hipersensibilidad, por lo general en cuestión de minutos. La evaluación de compatibilidad del FMT sigue la misma lógica, pero opera en otra escala temporal y a través de otros mecanismos: en lugar de detectar hemólisis mediada por anticuerpos en minutos, detecta interacciones adversas entre microbios y sistema inmunitario a lo largo de días.
La evaluación de compatibilidad de MicroBiome Bank sigue un protocolo estructurado y repetible que consta de cuatro ciclos consecutivos de 8 días. En cada ciclo, el paciente recibe un único preparado de donante en forma de cápsulas a dosis baja durante cinco días consecutivos, seguidos de un periodo de lavado de tres días en el que no se administra ninguna cápsula de FMT. Esta estructura de 5+3 días está diseñada para permitir una exposición microbiana suficiente como para que se desarrolle una respuesta sintomática y funcional, a la vez que ofrece un intervalo de lavado adecuado para que el preparado a dosis baja se elimine del tracto gastrointestinal antes de introducir el siguiente LOT. Con las dosis estándar de cápsulas empleadas en esta fase, el tránsito luminal del contenido microbiano suele completarse en 24–72 horas en pacientes con motilidad intestinal normal. En pacientes con un tránsito gastrointestinal significativamente enlentecido —por ejemplo, por consumo de opioides, neuropatía autonómica o complicaciones obstructivas de la IBD—, el equipo clínico puede ampliar el periodo de lavado más allá de los tres días a su criterio.
Nota: este protocolo de evaluación de compatibilidad es un método piloto propio desarrollado en MicroBiome Bank y no ha sido validado de forma independiente mediante un ensayo controlado aleatorizado externo.
A lo largo de cuatro ciclos pueden evaluarse de forma sistemática hasta cuatro preparados de donante distintos. Cada preparado se selecciona de la biblioteca de donantes disponible de MicroBiome Bank a partir de los datos previos de resultados de injerto y de los perfiles de acontecimientos adversos acumulados en receptores anteriores. Los preparados de donante con tasas de injerto altas y constantes en perfiles de receptor diversos —que reflejan el fenómeno del "superdonante[G]" documentado en la literatura sobre FMT [31], [565], [8]— se priorizan como candidatos de primera línea.
La principal herramienta de análisis durante toda la evaluación de compatibilidad es el Diario estructurado de Alimentación y Síntomas. Los pacientes registran a diario la frecuencia y la consistencia de las heces (escala de Bristol), los síntomas abdominales (hinchazón, dolor, retortijones en una escala de 0–10), el nivel de energía, el estado de ánimo y la calidad del sueño. La ingesta de alimentos se registra para que el equipo clínico pueda distinguir los cambios sintomáticos relacionados con el preparado de donante de las fluctuaciones dietéticas u otras variables de confusión. Al final de la fase de prueba de 32 días, el equipo clínico revisa los datos del diario para valorar si un preparado produjo una señal favorable significativa, una respuesta neutra o una respuesta adversa. Esta evaluación notificada por el paciente es coherente con los enfoques habitualmente empleados en la investigación clínica sobre FMT, donde se utilizan diarios estructurados de síntomas y resultados notificados por el paciente [32], [33], y aporta la base principal de evidencia para las decisiones de selección de donante.
Al concluir la evaluación, y antes de pasar a la fase de inducción, los pacientes completan un Cuestionario estructurado de Evaluación del Exposoma[G]. El concepto de exposoma —que abarca la totalidad de las exposiciones ambientales a lo largo de la vida de una persona, incluidas la alimentación, los medicamentos, los factores laborales, el estrés, los patrones de sueño, la actividad física y las exposiciones químicas— ha ganado una tracción científica sustancial como marco para entender la variación individual en los resultados de salud [10], [11]. En el contexto del FMT, el perfilado del exposoma cumple una función específica de apoyo a la decisión clínica: cartografía de forma sistemática los factores ambientales presentes en la vida del paciente que con probabilidad facilitarán o dificultarán el injerto del FMT y la estabilidad de la microbiota a largo plazo. Los factores identificados como barreras —como el uso continuado de antibióticos a dosis altas, una alteración grave del sueño, una dieta muy procesada y pobre en fibra o el estrés psicológico crónico— pueden abordarse antes de la inducción o simultáneamente a ella, lo que mejora sustancialmente las condiciones ecológicas en las que se introducirá la comunidad microbiana del donante. Los factores identificados como facilitadores —como la actividad física regular, una ingesta adecuada de fibra alimentaria o unos patrones circadianos estables— se refuerzan y se optimizan. La evaluación del exposoma, por tanto, no retrasa el tratamiento: garantiza que la fase de inducción posterior se desarrolle en las condiciones del huésped más favorables que sea posible alcanzar.
Conviene ser precisos sobre la analogía mecanicista con las pruebas de compatibilidad transfusional. En medicina transfusional, la incompatibilidad es primordialmente inmunológica y estructurada: las incompatibilidades de grupo sanguíneo ABO y Rh desencadenan una hemólisis aguda mediada por complemento y predecible. En el FMT, la incompatibilidad es ecológica e inmunológica a la vez, y resulta menos predecible. Las reacciones adversas pueden reflejar el rechazo inmunitario del huésped a determinados taxones microbianos del donante, la interferencia competitiva entre las especies del donante y las residuales del receptor, la exacerbación de la inflamación mucosa por perfiles concretos de metabolitos microbianos, o una discordancia entre la capacidad de producción de SCFA del donante y los requerimientos de sustrato de la mucosa del receptor. La evaluación de compatibilidad, por tanto, no funciona como una prueba binaria de apto/no apto —como sí hacen las pruebas cruzadas sanguíneas—, sino como una ventana calibrada de observación clínica que reduce la probabilidad de avanzar hacia la inducción completa con un preparado de donante inadecuado.
En los pacientes con infección por C. difficile, la fase de evaluación de compatibilidad se omite por lo general. La urgencia clínica de una CDI activa —en particular de la CDI recurrente, en la que cada episodio aumenta la morbilidad, el riesgo de complicaciones y el daño al ecosistema intestinal— justifica pasar directamente a la inducción a dosis alta. En este contexto, la eficacia establecida del FMT colonoscópico en la CDI (tasas de curación del 80–92 % en ensayos controlados) es evidencia suficiente de que la alteración ecológica causada por la propia CDI prevalece sobre la compatibilidad específica del donante como determinante principal del resultado. En las afecciones crónicas no CDI, donde la urgencia terapéutica es menor y el microbioma residual del receptor es ecológicamente más estable, la evaluación de compatibilidad añade información clínicamente relevante a un coste aceptable en tiempo y recursos.
| Fase | Nombre | Duración | Modo de administración | Objetivo principal | Criterios de transición |
|---|---|---|---|---|---|
| Fase 0 (solo pacientes no CDI) | Evaluación de compatibilidad | 4 ciclos × 8 días (máx. 32 días) | Cápsula a dosis baja (5 días/ciclo), con lavado de 3 días | Evaluar la compatibilidad donante-receptor; completar el Cuestionario del Exposoma; seleccionar donante según los datos del Diario de Alimentación y Síntomas | Los cuatro ciclos completados; datos del diario revisados por el equipo clínico; respuesta favorable o neutra al donante seleccionado |
| Fase 1 | Inducción | Mín. 30 días (CDI); mín. 60 días (no CDI), contados desde el inicio de la inducción | FMT colonoscópico y/o carga intensiva de cápsulas | Maximizar el injerto inicial de los taxones del donante mediante un inóculo microbiano a dosis alta, aprovechando el principio ecológico de los efectos de prioridad | Estabilización o mejoría sintomática; normalización de las heces (Bristol 3–4); ausencia de signos de alarma (capítulo II.6); valoración médica |
| Fase 2 | Consolidación | 2–6+ semanas (según la indicación y la respuesta clínica) | FMT en cápsulas a dosis moderada, repetido | Reforzar el injerto de la comunidad del donante; facilitar la tolerancia inmunitaria; construir progresivamente asociaciones metabólicas | Mejoría sintomática sostenida; estabilidad de la consistencia de las heces; progreso clínico continuado confirmado por el Diario de Alimentación y Síntomas; valoración médica |
| Fase 3 | Reducción escalonada / mantenimiento autónomo | Determinada individualmente; reducción gradual de la dosis de cápsulas | FMT en cápsulas con frecuencia progresivamente reducida | Retirar de forma gradual el apoyo microbiano externo; favorecer el desarrollo de un ecosistema autosostenible; estabilidad de la microbiota a largo plazo | Perfil de síntomas estable con dosis reducidas; integración de las modificaciones de estilo de vida (alimentación, sueño, estrés); aprobación del equipo clínico |
Tabla 3 – Arquitectura del tratamiento con FMT por fases # La fase 0 (evaluación de compatibilidad, 4 ciclos × 8 días) se aplica solo a los pacientes no CDI; en la infección recurrente por C. difficile, el tratamiento comienza directamente en la inducción de la fase 1. Duración mínima de la transferencia: 60 días en las afecciones no CDI, 30 días en la CDI, contados desde el inicio de la inducción. Las transiciones entre fases se guían por la respuesta clínica, la normalización del patrón de las heces (escala de Bristol), la revisión del Diario de Alimentación y Síntomas y la valoración médica.
La fase de inducción aprovecha el principio ecológico de los efectos de prioridad: la primera comunidad que ocupa un nicho alterado con densidad suficiente obtiene una ventaja competitiva sobre las que llegan después [34]. Al administrar un inóculo de donante grande y diverso al principio del tratamiento, la fase de inducción maximiza la probabilidad de que los taxones del donante se establezcan antes de que la comunidad disbiótica residual del receptor pueda reorganizarse. Aquí es donde el FMT colonoscópico o la carga intensiva de cápsulas resultan clínicamente más pertinentes.
Entender la cadena metabólica microbiana ayuda a explicar por qué el injerto lleva tiempo y por qué la estabilidad puede ser frágil en las primeras semanas. Cada especie del intestino opera dentro de un relevo metabólico: capta sustratos, los transforma y libera productos que sirven de insumo a la siguiente especie de la cadena. La velocidad a la que cada especie completa esa transformación —su tiempo operativo— determina si la cadena fluye con suavidad o acumula cuellos de botella. Si una especie clave es demasiado lenta, o su población se colapsa, los metabolitos que debía producir desaparecen; las especies situadas aguas abajo que dependen de ellos pierden su sustrato y también declinan. Lo que parece la ausencia de una sola bacteria suele ser una cascada: un hueco en el relevo altera toda la secuencia.
Esto tiene una implicación práctica directa para el FMT. Cuando las bacterias del donante se introducen en un intestino gravemente disbiótico, no encajan de inmediato en un relevo existente. Pueden tener la capacidad funcional —el "saber hacer" genético—, pero es posible que los socios de relevo que necesitan, los sustratos que requieren y los nichos espaciales que deben ocupar todavía no existan. Reconstruir la cadena lleva un tiempo proporcional a la profundidad de la alteración. Esta es una de las razones por las que la duración mínima eficaz en las afecciones no CDI es de al menos 60 días: las primeras semanas establecen la colonización inicial; las semanas siguientes permiten que se formen las asociaciones metabólicas y que la cadena empiece a operar a capacidad funcional. Es también la razón por la que la fibra alimentaria, el horario de las comidas y la calidad del sueño ejercen efectos tan medibles: suministran o retiran directamente los sustratos que mantienen el relevo en marcha.
La fase de consolidación desplaza el objetivo del desplazamiento a la integración. El FMT repetido en cápsulas a dosis moderada sostiene la presencia de las especies del donante mientras el sistema inmunitario del huésped se adapta de forma progresiva. El sistema inmunitario de la mucosa intestinal —en particular las células dendríticas de la lámina propia (la capa de tejido conjuntivo situada bajo el epitelio intestinal) y los linfocitos T reguladores (células inmunitarias que suprimen la inflamación y promueven la tolerancia)— debe desarrollar tolerancia a la comunidad microbiana entrante. Este proceso se despliega a lo largo de semanas, no de días, lo que explica por qué el FMT de sesión única produce a menudo un injerto incompleto en afecciones con desregulación inmunitaria mucosa activa, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa.
La duración mínima de transferencia de 60 días en las afecciones no CDI, y de 30 días en la infección recurrente por C. difficile, refleja la escala temporal biológica de una remodelación estable de la microbiota. No se trata de una convención clínica arbitraria. Un ensayo controlado aleatorizado de 2017 demostró que ocho semanas de FMT intensivo en la colitis ulcerosa producían tasas de remisión significativamente más altas que dos semanas, y estableció así de forma directa una relación dosis-duración en una afección inflamatoria crónica [35]. Un ensayo controlado aleatorizado de 2015 halló de manera parecida que un mayor número de administraciones de FMT se asociaba a mayores tasas de respuesta en la UC [31]. En la CDI, la rapidez de la alteración ecológica causada por el propio patógeno acelera la respuesta al FMT, y la curación clínica suele observarse en un plazo de días a semanas desde la inducción; no obstante, una fase de consolidación mínima de 30 días reduce el riesgo de recurrencia tardía impulsada por la carga residual de esporas o por una restauración incompleta de la resistencia a la colonización. Ambas duraciones mínimas representan suelos, no techos: los pacientes con afecciones complejas, refractarias o con inmunodepresión pueden requerir fases de transferencia sustancialmente más largas, determinadas por el seguimiento de la respuesta clínica y no por plazos fijos.
La fase de reducción escalonada refleja el principio de la maduración ecológica. A medida que la comunidad del donante se integra más profundamente en el ecosistema intestinal del huésped —con el apoyo de una ingesta sostenida de fibra alimentaria, patrones estables de sueño y ritmo circadiano, una carga inflamatoria reducida y ajustes favorables de la medicación—, el refuerzo externo puede disminuir. El objetivo no es administrar FMT de forma indefinida, sino que emerja una comunidad microbiana autónoma y autosostenible que ya no necesite apoyo externo continuo. Los calendarios de reducción escalonada se individualizan: los pacientes con inmunodepresión grave de base, exposición continuada a antibióticos o afecciones inflamatorias refractarias pueden necesitar fases de mantenimiento más largas.
Esta guía acompaña al lector a lo largo de las tres fases. Los capítulos que siguen abordan los pasos de preparación, lo que cabe esperar del procedimiento, los parámetros de seguimiento y las intervenciones de estilo de vida que apoyan cada fase del tratamiento. Las modificaciones de estilo de vida descritas en capítulos posteriores no son añadidos opcionales al FMT: son el andamiaje ambiental que determina si la comunidad trasplantada prosperará o se apagará.
Efectos sobre la microbiota
- El FMT introduce una comunidad microbiana de donante completa en el intestino del receptor; el grado de injerto —la proporción de taxones del donante que se establecen de forma duradera— es variable y depende de la composición de la microbiota del receptor, de su estado inmunitario, de la indicación y del protocolo de dosificación [8], [34].
- El FMT único a dosis alta (colonoscopia) produce desplazamientos rápidos y de gran magnitud en la estructura de la comunidad microbiana, detectables en 24–72 horas, con convergencia parcial hacia la composición de la matriz del donante en la mayoría de los receptores; el injerto del donante a largo plazo a nivel de especie varía aproximadamente entre el 20–80 % según la afección y el individuo.
- La compatibilidad donante-receptor —el grado en que la comunidad microbiana de un donante concreto injerta y es tolerada en un receptor concreto— es una variable clínicamente significativa que no puede predecirse por completo a partir de los parámetros de laboratorio previos al tratamiento; está influida por el perfil inmunitario del receptor, el estado de su mucosa intestinal, la composición de su microbiota residual y las propiedades metabólicas e inmunogénicas específicas del preparado del donante.
- El fenómeno del "superdonante" —por el cual determinados preparados de donante producen de forma constante tasas de injerto más altas y mejores resultados clínicos en receptores diversos— está documentado en múltiples ensayos de FMT en enfermedad inflamatoria intestinal e infección por C. difficile [31], [35], [8]; su base mecanicista incluye la diversidad de la microbiota del donante, la abundancia de determinadas especies clave, la composición de la comunidad de bacteriófagos[G] y el perfil de metabolitos de la matriz.
- El FMT repetido a dosis baja (protocolos de cápsulas durante semanas) se asocia a desplazamientos de la microbiota más progresivos pero potencialmente más estables, y algunos estudios describen un injerto proporcional del donante mayor tras 6–8 semanas en comparación con las sesiones colonoscópicas únicas, en particular en la enfermedad inflamatoria intestinal.
- El FMT restaura la resistencia a la colonización —la capacidad de la microbiota para impedir el sobrecrecimiento de patógenos— principalmente al reintroducir taxones que producen bacteriocinas, compiten por nutrientes y por sitios de adhesión y restablecen el metabolismo de los ácidos biliares secundarios (ácidos biliares modificados químicamente por las bacterias intestinales, importantes para la resistencia a la colonización), inhibidor de C. difficile y de otros patógenos oportunistas.
- El injerto de los bacteriófagos del donante ocurre en paralelo a la transferencia bacteriana y puede persistir más tiempo que los taxones bacterianos del donante en algunas personas; los desplazamientos de la comunidad de fagos contribuyen a la reestructuración de la comunidad bacteriana del receptor con independencia de la siembra bacteriana directa.
- El FMT desplaza los perfiles de producción de SCFA y suele aumentar el butirato (un ácido graso de cadena corta que sirve como fuente principal de energía para los colonocitos y ayuda a reducir la inflamación) y el propionato (un ácido graso de cadena corta implicado en el metabolismo hepático, la gluconeogénesis y la regulación del apetito) respecto a los niveles previos al tratamiento, aunque la magnitud y la duración de estos cambios dependen de la ingesta simultánea de fibra alimentaria y de la comunidad concreta del donante transferida.
- Tras el FMT se ha observado normalización inmunitaria mucosa —incluidos un aumento de la abundancia de linfocitos T reguladores (células inmunitarias que suprimen las respuestas inmunitarias excesivas y mantienen la tolerancia), una reducción de la señalización de citocinas proinflamatorias (IL-6, TNF-α, IL-17) y la restauración de la IgA secretora— en la IBD y en la infección por C. difficile [7], [31], [35]; estos cambios se producen a lo largo de semanas o meses, y no inmediatamente después de la transferencia.
- El eje intestino-cerebro[G] se modula de forma secundaria: la normalización del metabolismo microbiano del triptófano[G], la producción de precursores de GABA y la señalización aferente vagal pueden contribuir a las mejorías del estado de ánimo, la tolerancia al estrés y la función autonómica observadas en algunos receptores de FMT, aunque la evidencia causal en humanos sigue siendo limitada.
- La compatibilidad individual entre donante y receptor influye en el injerto y en los resultados clínicos; algunos donantes producen de forma constante tasas de injerto más altas en distintos receptores ("superdonantes"), un fenómeno actualmente en investigación como base para algoritmos de emparejamiento de donantes en la práctica clínica.
- El FMT no sobrescribe de forma permanente el microbioma del receptor; sin un apoyo ambiental continuado (alimentación, estilo de vida, menor carga inflamatoria), puede producirse una reversión parcial hacia la estructura comunitaria previa al FMT a lo largo de 12–24 meses, lo que subraya la importancia de las modificaciones de estilo de vida descritas en esta guía.
Orientación para el paciente
- Hable con su médico de su diagnóstico y de los objetivos del tratamiento antes del FMT: entienda en qué fase del protocolo entra y cuál es el plazo previsto.
- Si se encuentra en la fase de evaluación de compatibilidad (fase 0): la fase completa consta de cuatro ciclos de 8 días. En cada ciclo tomará cápsulas de un preparado de donante durante cinco días, seguidos de tres días sin cápsulas. Esto no es un retraso de su tratamiento: es parte integral de él. Los datos recogidos en esta fase determinan directamente qué preparado de donante se utilizará en sus fases de inducción y de consolidación, y mejoran de forma significativa la probabilidad de un resultado positivo duradero.
- Lleve su Diario de Alimentación y Síntomas con la mayor precisión posible durante la fase 0. Registre cada día la frecuencia y la consistencia de sus heces con la escala de Bristol, puntúe sus síntomas abdominales (hinchazón, dolor, retortijones) en una escala de 0–10 y anote su nivel de energía, su estado de ánimo y la calidad de su sueño. Registre todo lo que coma y beba. Este diario no es un trámite: es la principal herramienta clínica que su médico utiliza para valorar la compatibilidad del preparado de donante y tomar la decisión de selección.
- Cuando su médico se lo pida, complete el cuestionario de Evaluación del Exposoma (D•E•M•I) de forma exhaustiva y sincera. El cuestionario abarca su alimentación, sus patrones de sueño, su actividad física, sus niveles de estrés, el uso de medicamentos, las exposiciones laborales y otros factores de estilo de vida. Su finalidad es identificar las condiciones ambientales de su vida que pueden ayudar o dificultar el éxito del FMT. Su equipo clínico usa esta información para optimizar las condiciones en torno a su fase de inducción; los factores identificados como barreras pueden a menudo abordarse en parte antes de que comience el tratamiento.
- Comprenda que la selección de donante en las afecciones no CDI se apoya en datos previos de resultados: su equipo clínico utiliza los registros acumulados de injerto y de respuesta clínica de receptores anteriores para identificar los preparados de donante con más probabilidades de ser compatibles con su perfil. Se trata de un emparejamiento clínico informado por la evidencia, no de una conjetura.
- Si tiene programado un FMT por colonoscopia (inducción de la fase 1): siga con exactitud las instrucciones de preparación intestinal que le facilite su equipo clínico; un colon mal preparado reduce la probabilidad de injerto.
- Durante la fase de inducción, priorice el descanso y una alimentación fácil de digerir y de baja fermentación (véase III.1, Fibra alimentaria – Versión B); su entorno intestinal se está reestructurando y conviene minimizar el estrés fermentativo adicional.
- No interrumpa los medicamentos prescritos sin consultar a su médico, aunque note una mejoría marcada tras la primera sesión de FMT; el rebote disbiótico puede producirse en cuestión de días si a la fase de inducción no le sigue la consolidación.
- Durante la fase de consolidación (FMT en cápsulas), tome las cápsulas en el momento y con la frecuencia prescritos; el FMT en cápsulas es más eficaz cuando el entorno intestinal le da un apoyo constante: horarios de comida estables, fibra suficiente y sueño suficiente refuerzan todos a la comunidad microbiana entrante.
- Comunique de inmediato cualquier fiebre superior a 38 °C, sangre en las heces, dolor abdominal intenso o síntomas sistémicos; pueden indicar reacciones adversas que requieren valoración clínica.
- No compare su calendario de respuesta con el de otros pacientes; las tasas de injerto, la velocidad de resolución de los síntomas y la duración de las fases son muy individuales y dependen de su diagnóstico, su perfil inmunitario y su microbioma de partida.
- Entienda la fase de reducción escalonada como una señal de progreso, no de retirada; la menor frecuencia de cápsulas en la fase 3 refleja una autonomía creciente del ecosistema microbiano, no una menor eficacia del tratamiento.
- Las modificaciones de estilo de vida descritas en los capítulos siguientes de esta guía —fibra alimentaria, horario de las comidas, sueño, actividad física y manejo del estrés— no son complementarias: son las condiciones ambientales que determinan el éxito del FMT a largo plazo. Trabájelas de forma activa desde el día 1 del tratamiento.
La infección recurrente por Clostridioides difficile (rCDI) alcanza tasas de curación del 80–92 % con FMT, frente al 20–30 % con ciclos repetidos de vancomicina (van Nood et al., 2013; Hvas et al., 2019). El FMT actúa restaurando la resistencia a la colonización, una propiedad del conjunto de la comunidad que permite a la microbiota reconstituida desplazar por competencia la germinación de las esporas de C. difficile mediante la conversión de ácidos biliares, la exclusión de nichos y una señalización inmunitaria tónica.
Referencias
[7] van Nood E, Vrieze A, Nieuwdorp M et al. Duodenal infusion of donor feces for recurrent Clostridium difficile. N Engl J Med. 2013. Link
[8] Ianiro G, Punčochář M, Karcher N et al. Variability of strain engraftment and predictability of microbiome composition after fecal microbiota transplantation across different diseases. Nat Med. 2022. Link
[10] Wild, C. P. Complementing the Genome with an 'Exposome': The Outstanding Challenge of Environmental Exposure Measurement in Molecular Epidemiology. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2005. Link
[11] Rappaport SM, Smith MT. Epidemiology. Environment and Disease Risks. Science. 2010. Link
[29] Peery AF, Kelly CR, Kao D et al. AGA Clinical Practice Guideline on Fecal Microbiota-Based Therapies for Select Gastrointestinal Diseases. Gastroenterology. 2024. Link
[30] Zuo T, Wong SH, Lam K et al. Bacteriophage transfer during faecal microbiota transplantation in Clostridium difficile infection is associated with treatment outcome. Gut. 2018. Link
[31] Moayyedi P, Surette MG, Kim PT et al. Fecal Microbiota Transplantation Induces Remission in Patients With Active Ulcerative Colitis in a Randomized Controlled Trial. Gastroenterology. 2015. Link
[32] Paramsothy S, Nielsen S, Kamm MA et al. Specific Bacteria and Metabolites Associated With Response to Fecal Microbiota Transplantation in Patients With Ulcerative Colitis. Gastroenterology. 2019. Link
[33] Porcari S, Benech N, Valles-Colomer M et al. Key determinants of success in fecal microbiota transplantation: from microbiome to clinic. Cell Host Microbe. 2023. Link
[34] Smillie CS, Sauk J, Gevers D et al. Strain tracking reveals the determinants of bacterial engraftment in the human gut following fecal microbiota transplantation. Cell Host Microbe. 2018. Link
[35] Paramsothy S, Kamm MA, Kaakoush NO et al. Multidonor intensive faecal microbiota transplantation for active ulcerative colitis: a randomised placebo-controlled trial. Lancet. 2017. Link
[413] Cammarota G, Ianiro G, Bibbò S et al. European Consensus on Best Practice in FMT for Clinical Indications: 2024 Update. Gut. 2024. Link
[565] Wilson BC, Vatanen T, Cutfield WS, O'Sullivan JM. The Super-Donor Phenomenon in Fecal Microbiota Transplantation. Front Cell Infect Microbiol. 2019. Link

