XIII.2.

2. El lugar de nacimiento y la microbiota materna

El lugar y el entorno materno en el que nacemos fijan los primeros encuentros microbianos que ponen en marcha el desarrollo de la comunidad intestinal del lactante.

El factor oculto de su identidad microbiana intestinal

El lugar en el que nace una persona es más que un punto en un mapa: es el escenario en el que comienzan las relaciones microbianas del organismo [39].

Anécdota

En 1968, los epidemiólogos William Haenszel y Minoru Kurihara publicaron un análisis de la mortalidad por cáncer en los migrantes japoneses a Estados Unidos que se convertiría en un hito del debate entre las causas genéticas y las ambientales de la enfermedad. En Japón, las tasas de cáncer de estómago estaban entre las más altas del mundo; las de cáncer colorrectal eran bajas. En Estados Unidos, el patrón era el inverso. Haenszel y Kurihara hallaron que los migrantes japoneses de primera generación en Estados Unidos conservaban algo cercano al perfil oncológico japonés. Sus hijos —nacidos en Estados Unidos, criados con comida estadounidense, viviendo vidas estadounidenses— mostraban tasas de cáncer que se habían desplazado sustancialmente hacia el patrón estadounidense. En la segunda generación, la herencia genética japonesa no había cambiado. El patrón de enfermedad, sí. El hallazgo se interpretó como prueba de que era el entorno, y no la herencia, lo que impulsaba la diferencia. Lo que las herramientas de 1968 no podían evaluar era la dimensión del microbioma: la microbiota materna que siembra el intestino del lactante en el parto, los alimentos fermentados y los sustratos dietéticos tradicionales que mantienen comunidades microbianas concretas a lo largo de las generaciones, y la occidentalización microbiana progresiva que acompaña al cambio dietético. El genoma cruzó el Pacífico sin cambios. El microbioma ancestral, no, y los datos de enfermedad registraron la diferencia.

La importancia decisiva del lugar de nacimiento y de la microbiota materna para la microbiota intestinal del lactante fue establecida por el trabajo fundacional de Maria Gloria Dominguez-Bello y colaboradores, sobre la base de estudios descriptivos previos de Palmer, Yatsunenko y otros. Un artículo clave publicado en PNAS en 2010 mostró que los lactantes nacidos por vía vaginal albergan una microbiota muy semejante a la microbiota vaginal de su madre —dominada por Lactobacillus, Prevotella y Sneathia—, mientras que los nacidos por cesárea albergan comunidades más semejantes a las de la piel: Staphylococcus, Corynebacterium, Propionibacterium. [238] El componente geográfico del lugar de nacimiento quedó establecido por el estudio de Yatsunenko y colaboradores publicado en Science en 2012, que comparó la microbiota intestinal de niños y adultos de Estados Unidos, de Malaui y de comunidades amerindias de Venezuela. La microbiota de los lactantes en el primer año de vida reflejaba su entorno de nacimiento —los organismos presentes en el suelo y en el agua locales y en la microbiota materna— más que cualquier otro factor. A los 3 años, la microbiota había empezado a converger hacia los patrones dietéticos culturales, pero la firma del entorno de nacimiento persistía en los niños mayores. [301] La propia microbiota materna está modelada por todos los factores dietéticos, de estilo de vida y ambientales que se comentan a lo largo de esta guía. Las madres con una mayor ingesta de fibra alimentaria, con una mayor diversidad microbiana en su propio intestino y con una menor exposición a antibióticos transfieren una microbiota más rica a sus hijos a través del parto, de la lactancia y del contacto ambiental temprano. La optimización preconcepcional y prenatal de la microbiota materna —mediante la dieta, la fibra, los alimentos fermentados y la minimización de los medicamentos que alteran la microbiota— es, por tanto, una de las intervenciones sobre la microbiota con mayor capacidad de palanca de las que disponemos, con efectos que se extienden al menos a los primeros años de vida del lactante. [24] La ventana de transmisión se prolonga más allá del parto: la lactancia aporta oligosacáridos de la leche humana (HMO) que alimentan de forma selectiva a las especies de Bifidobacterium adquiridas durante el parto, y el contacto físico entre madre e hijo a lo largo de los primeros meses sigue sembrando la microbiota del lactante a partir de la microbiota cutánea y oral materna.

En las primeras horas y días tras el nacimiento, el intestino del lactante se convierte en un ecosistema colonizado con rapidez. Los organismos que llegan pronto no “lo deciden todo”, pero pueden influir en cómo se desarrolla la comunidad con el tiempo, incluido lo eficazmente que digiere la leche, cómo produce metabolitos clave y cómo interactúa con el sistema inmunitario en desarrollo [24].

Una influencia importante es el modo de parto, porque cambia el patrón de contacto microbiano temprano. Durante el parto vaginal, los lactantes se exponen a los microbios maternos con los que se encuentran al pasar por el canal del parto y por el contacto estrecho inmediatamente posterior. Tras una cesárea, la exposición temprana refleja con más frecuencia microbios asociados a la piel y el contexto médico que rodea a la cirugía. Estas diferencias se observan habitualmente en las primeras semanas de vida y pueden afectar al ritmo con el que se establecen ciertos grupos beneficiosos adaptados al intestino.

También es importante ser preciso sobre de dónde proceden los microbios. La microbiota temprana de un recién nacido está modelada por microbios maternos de múltiples localizaciones corporales, especialmente del intestino y de la piel de la madre, y más tarde por la alimentación y por el contacto doméstico. El canal del parto puede contribuir, pero no es la única fuente y puede no ser siempre la dominante. Lo que importa clínicamente es la “mezcla de partida” global y la rapidez con la que el intestino transita hacia una comunidad estable y adaptada al lactante.

El entorno de nacimiento en sentido amplio añade otra capa. Los hogares rurales y los entornos vinculados a granjas tienden a ofrecer más contacto con microbios del exterior, con animales y con un polvo doméstico diverso, mientras que los partos hospitalarios urbanos implican un perfil de exposición distinto. Esto no significa que los hospitales sean “demasiado estériles” en un sentido simplista: más bien, el lactante experimenta un paisaje microbiano diferente, junto con los factores médicos que suelen acompañar al parto hospitalario.

Tras el nacimiento, la alimentación se convierte en un motor central. La leche materna aporta a la vez nutrientes y un soporte selectivo para los microbios beneficiosos, especialmente a través de los oligosacáridos de la leche humana, azúcares especiales que los lactantes no digieren bien, pero que ciertas bacterias intestinales pueden aprovechar de forma eficiente. Esto ayuda a orientar la microbiota hacia patrones asociados con frecuencia a un desarrollo temprano saludable. La alimentación con fórmula puede cubrir las necesidades nutricionales, pero no reproduce todas las funciones biológicas de la leche humana, en particular la configuración microbiana selectiva.

Cuando conectamos estos patrones tempranos con la salud posterior, la precisión en la formulación importa. Muchos estudios vinculan rasgos microbianos de las primeras etapas de la vida con el riesgo de enfermedad alérgica y de asma, y algunos exploran también asociaciones con desenlaces metabólicos posteriores. Estos vínculos son significativos, pero no garantizan una relación de causa y efecto en ningún niño concreto. La genética, las infecciones, los antibióticos, la dieta y las condiciones de vida contribuyen todos, y a menudo interactúan con la microbiota en lugar de actuar por separado.

El mensaje alentador es que las primeras etapas de la vida son un periodo de alta adaptabilidad. La microbiota del lactante cambia con rapidez en respuesta a la alimentación, a los medicamentos, al contacto familiar y al entorno del hogar. El lugar de nacimiento y el modo de parto pueden influir en la trayectoria inicial, pero no encierran a una persona en un desenlace fijo. Las decisiones favorables —como un uso prudente de los antibióticos y unas estrategias de alimentación que se ajusten a la familia y a la situación clínica— pueden ayudar a que el ecosistema intestinal madure hacia la estabilidad.

Visto así, el lugar de nacimiento no es un simple dato demográfico. Marca el comienzo de una relación larga y dinámica entre un cuerpo humano y sus socios microbianos, una relación que se modela pronto, se ajusta repetidamente y se entiende mejor como un sistema en desarrollo que como un acontecimiento único e irreversible.

Construir un entorno microbiano temprano favorable

En las primeras horas tras el nacimiento, el contacto piel con piel permite la transferencia natural de microbios maternos y favorece la adaptación fisiológica del recién nacido.

El entorno de un recién nacido no necesita ser estéril; más bien debe estar limpio, pero no microbiológicamente vacío, y reflejar las condiciones domésticas normales.

El contacto con la vida familiar ordinaria —padres, hermanos y superficies cotidianas del hogar— aporta las señales microbianas típicas con las que ha evolucionado la fisiología humana.

El parto hospitalario es a menudo necesario y seguro, pero mantener la proximidad materna temprana puede ayudar a compensar un entorno más medicalizado.

Procedimientos como la “siembra vaginal” siguen siendo científicamente controvertidos y no se recomiendan de forma rutinaria, ya que sus posibles riesgos no se han aclarado del todo.

La lactancia materna ofrece a la vez nutrición y orientación microbiana, y favorece el establecimiento gradual de comunidades intestinales adaptadas al lactante.

Una exposición suave al entorno exterior —aire fresco, tierra en la ropa, variación estacional— introduce diversidad microbiana natural sin necesidad de intervenciones especiales.

El uso excesivo de productos de limpieza antibacterianos en el hogar puede reducir el contacto microbiano significativo, mientras que la higiene habitual suele ser suficiente.

El cuidado de la piel del lactante conviene mantenerlo sencillo, evitando los productos con ingredientes antimicrobianos fuertes o irritantes que puedan perturbar la microbiota cutánea en desarrollo.

Las mascotas del hogar, cuando se manejan con seguridad, pueden representar una fuente normal de variedad microbiana, en línea con patrones comunes a lo largo de la historia humana.

Efectos sobre la microbiota

  • La exposición microbiana temprana modela la estructura y la función del ecosistema intestinal en desarrollo [238].
  • Los lactantes en entornos con exposición a la naturaleza muestran a menudo una mayor riqueza y equitatividad bacterianas, con una presencia más temprana de Bifidobacterium y Bacteroides [301].
  • Estos taxones utilizan de forma eficiente los oligosacáridos de la leche humana y producen metabolitos esenciales para el desarrollo mucoso.
  • Las señales microbianas interactúan con el sistema inmunitario y sostienen las vías de los linfocitos T reguladores (células inmunitarias que suprimen la inflamación y promueven la tolerancia) y una maduración Th1/Th2 equilibrada.
  • Una exposición restringida se asocia con más frecuencia a una sucesión dominada por Pseudomonadota (antes Proteobacteria) y a una menor representación de bifidobacterias.
  • Estos patrones indican una trayectoria inmunológica distinta, más que una enfermedad establecida.
  • Los ácidos grasos de cadena corta[G] (SCFA) producidos por Faecalibacterium y Roseburia refuerzan las uniones estrechas[G] epiteliales y modulan la inflamación.
  • La maduración de la barrera intestinal se produce en diálogo con el metabolismo microbiano, y no solo por la genética.
  • El modo de parto influye en los colonizadores tempranos: tras una cesárea, Lactobacillus, Bifidobacterium y Bacteroides pueden establecerse más lentamente.
  • Los Staphylococcus asociados a la piel y las cepas adaptadas al hospital pueden estar temporalmente enriquecidos en estos lactantes.
  • La microbiota incluye virus, hongos y arqueas junto con las bacterias.
  • Los bacteriófagos[G] regulan las poblaciones bacterianas, mientras que las especies de Candida pueden aparecer de forma transitoria en la lactancia.
  • Las arqueas metanogénicas como Methanobrevibacter suelen emerger más adelante en la infancia.
  • Estos dominios contribuyen en conjunto a la resistencia a la colonización[G], y limitan a los oportunistas como las Enterobacteriaceae.
  • Los metabolitos microbianos participan en la red de comunicación intestino-cerebro a través de la señalización vagal y de las vías del triptófano[G].
  • Estas interacciones pueden influir en la regulación del estrés y en el neurodesarrollo, aunque los mecanismos causales siguen en estudio.
  • Los patrones microbianos tempranos orientan la producción de SCFA[G], la maduración de la IgA y la homeostasis inmunitaria.
  • El lugar de nacimiento fija la narrativa microbiana inicial, pero la dieta y el entorno pueden modificarla de forma sustancial.

Orientación para el paciente

  • Intente asegurar el contacto piel con piel con su bebé lo antes posible tras el parto, siempre que las condiciones médicas lo permitan.
  • Mantenga el hogar limpio, pero no excesivamente desinfectado: la higiene doméstica normal basta en la mayoría de las situaciones.
  • Pase tiempo al aire libre con su bebé; el aire fresco, la luz del día y el contacto ordinario con la naturaleza son señales útiles para la microbiota en desarrollo.
  • Si tiene mascotas, permita un contacto suave y supervisado en lugar de una separación estricta.
  • Si el bebé nació por cesárea, no intente la siembra vaginal por su cuenta: comente cualquier idea de ese tipo primero con su equipo sanitario.
  • Dé el pecho siempre que sea posible, ya que aporta tanto nutrición como orientación microbiana para el intestino.
  • Limite el uso rutinario de jabones, toallitas y espráis antibacterianos alrededor del bebé salvo que exista un motivo médico claro.
  • Elija productos de cuidado de la piel sencillos y suaves para el lactante; evite los que lleven aditivos antimicrobianos fuertes.
  • Recuerde que los primeros meses importan, pero el lugar de nacimiento no es un destino: la vida cotidiana todavía puede modelar la microbiota de forma positiva.
  • Busque una variedad segura y natural, y no la esterilidad, en el entorno de su bebé.
Perla clínica

La exposición a antibióticos durante los 3 primeros años de vida aumenta el riesgo de obesidad, de asma y de IBD entre un 10 y un 40 % (Arrieta et al., 2015). El lugar del nacimiento y la microbiota materna en el parto determinan de forma fundamental las comunidades microbianas fundadoras del intestino neonatal, comunidades que establecen puntos de ajuste inmunológicos que persisten hasta la edad adulta. La diversidad de la microbiota materna durante el tercer trimestre es el predictor único más potente de la diversidad de la microbiota intestinal neonatal al mes de vida.

Referencias

[24] Sonnenburg JL, Bäckhed F. Diet–microbiota interactions as moderators of human metabolism. Nature. 2016. Link

[39] Koh A, De Vadder F, Kovatcheva-Datchary P, Bäckhed F. From Dietary Fiber to Host Physiology: Short-Chain Fatty Acids as Key Bacterial Metabolites. Cell. 2016. Link

[238] Dominguez-Bello MG, Costello EK, Contreras M et al. Delivery mode shapes the acquisition and structure of the initial microbiota across multiple body habitats in newborns. Proc Natl Acad Sci USA. 2010. Link

[301] Yatsunenko T, Rey FE, Manary MJ et al. Human gut microbiome viewed across age and geography. Nature. 2012. Link

PG
Guía de la Microbiota · Autores: Dr. Patay Gábor — médico, especialista en microbiota · Dr. Bezzegh Attila — director médico, microbiólogo clínico · Dra. Anna Munar — médica, especialista en exposoma
MicroBiome Bank — contenido profesional revisado médicamente. Última actualización: 2026.